Mi visita a la primera Estación de seguimiento de NASA en Canarias (2 de 4)

10 diciembre 2019

De Maspalomas a la Luna (1969-2019)

Este es el segundo artículo relacionado con mi viaje a Maspalomas con motivo de la inauguración de la exposición titulada “De Maspalomas a la Luna”, en donde se explica la participación de esa localidad y de sus habitantes en los programas espaciales tripulados norteamericanos que tenían por objeto llegar a la Luna.

UNA BREVE INTRODUCCIÓN

El 4 de octubre de 1957 la URSS lanzaba al espacio el Sputnik 1. Fue el primer satélite artificial que orbitaba la Tierra. Comenzaba en ese momento lo que se denomina como “la carrera espacial”. Los norteamericanos, por su parte, reaccionaron lanzando sus propios cohetes con muy poco éxito al principio. Sin embargo, sí hicieron una cosa bien: fundar la NASA al año siguiente. Esta agencia federal civil, se creó por la unión de varias instituciones y organismos que operaban por su cuenta, pero que todos se dedicaban al estudio y desarrollo de la astronáutica. Entre los programas en desarrollo que aportaron esas agencias, había uno, liderado por la Fuerza Aérea Norteamericana (USAF), para poner astronautas a orbitar la Tierra dentro de una nave o cápsula espacial. Es lo que se conoció posteriormente como Programa Mercury: si los soviéticos habían lanzado al espacio el primer satélite artificial, ellos, los norteamericanos, serían los primeros en mandar astronautas al espacio.

Los siete astronautas del Programa Mercury norteamericano.

Para mantener el contacto permanente con la nave y el astronauta hacían falta instalar una serie de estaciones de seguimiento, equipadas con antenas y radares, a lo largo de la órbita que seguiría la nave. Como es conocido, los norteamericanos lanzaban (y lanzan) sus cohetes desde Cabo Cañaveral (Florida) hacia el Atlántico, con el fin de aprovechar la rotación de la Tierra. Así, el primer territorio con el que se encuentra la nave después de cruzar el océano son las Islas Canarias. La solución, por tanto, era fácil: el 4 de agosto de 1959 el Gobierno norteamericano contacta, a través de NASA, con el Gobierno español para instalar una de esas estaciones en Canarias. Para, unos meses después, el 18 de marzo de 1960, firmar el acuerdo entre ambos países. El lugar escogido para colocar la estación fueron tres parcelas cedidas por el VIII Conde de la Vega Grande de Guadalupe, Don Alejandro del Castillo y del Castillo, situadas muy cerca del Faro de Maspalomas.  En aquellos días, el sur de la isla de Gran Canaria era una zona agrícola alejada de posibles interferencias. Nada que ver con lo que es hoy.

Estación Mercury (CYI). Localización de las tres parcelas. Autor de la fotografía: se ruega confirmación.

LA ESTACIÓN MERCURY o CYI

Las funciones concretas de una estación de seguimiento de vuelos tripulados en aquella época eran básicamente tres: seguimiento de la nave (es decir, determinar su posición y su velocidad), telemetría (es decir, conseguir los datos acerca del estado de la nave y del astronauta) y, finalmente, comunicarse por voz con el astronauta.

Radar de muy largo alcance (Verlort) en Banda S. Estación de Muchea (arriba) y Bermuda (abajo). El radar de Canarias era similar a estos. NASA SP-45 y carnarvonspace.com

Para la primera función, el seguimiento, se necesitaba instalar un radar de largo alcance. En este caso, para Canarias, se usó uno que operaba en Banda S (entre 2.700 y 2.900 MHz) que se instaló en una parcela a pocos metros al oeste del Faro de Maspalomas, junto a la playa.

Edificio de Telemetría y Control (T&C) con las dos antenas “Acquisition Aid”. Foto escaneada por Tony Pelling (Archivos de Tidbinbilla). Fuente: honeysucklecreek.net. La estación de Maspalomas era similar a esta.

Para obtener la telemetría y poder comunicarse con el astronauta se instalaron una serie de antenas en VHF y HF en dos parcelas distintas, pero cercanas, y al norte del Faro. Justo al lado de la carretera. Las antenas de VHF operaban entre 225 y 300 MHz y la de HF entre 15 y 20 MHz.

Red de seguimiento para el Programa Mercury. La estación de Maspalomas es la conocida como CYI. NASA SP-45.

Todo este complejo era conocido en la red de NASA con las siglas CYI, del inglés Grand CanarY Island. Aunque también se conocía como Canary Station (Estación Canaria) o, en Maspalomas, como Estación Mercury, por el nombre del programa espacial.

Camino que seguían las comunicaciones, desde la Estación Mercury de NASA hasta el centro de control de misión. Nótese la participación de Telefónica. Fuente: Histories of the Space Tracking and Data Acquisition Network (STADAN), the Manned Space Flight Network (MSFN), and the NASA Communications Network (NASCOM).

Aparte de la propia estación, se necesitaba el apoyo de Telefónica, en aquellos días conocida como Compañía Telefónica Nacional de España o por sus siglas CTNE. Su función era trasmitir hacia Estados Unidos todo lo que captaba la Estación Mercury de NASA. Por esta razón, al lado de la estación norteamericana, se colocó una pequeña instalación de Telefónica que reenviaba todas las señales de la Canary Station hacia la central de Telefónica en la ciudad de Las Palmas y, desde allí, vía radio a Londres desde donde cruzarían el Océano Atlántico, camino de Estados Unidos, a través de un cable submarino. El sentido inverso también funcionaba, es decir, desde el centro de control de misión, en Cabo Cañaveral, hacia la nave.

John Glenn se dispone a iniciar su vuelo orbital el 20 de febrero de 1962.

La Estación Mercury operó desde el primer vuelo orbital tripulado del Programa Mercury, el de John Glenn con su nave Amistad-7 (Friendship-7 en inglés) el 20 de febrero de 1962, hasta la última misión del Programa Géminis, la del Géminis 12, en noviembre de 1966. Para el Programa Géminis la Canary Station fue ampliada con el fin de poder dar mejor cobertura a las nuevas misiones, pero para el Programa Apolo, las instalaciones y equipamientos eran insuficientes por lo que se decidió desmantelarla y construir una nueva estación a unos kilómetros de allí, en la zona de Montaña Blanca, al año siguiente. Amén de que la presión turística de la zona, con sus consecuentes interferencias radioeléctricas, recomendaban también su traslado a otro lugar.

Estación Apolo de NASA en Canarias (CYI). Montaña Blanca. Año 1971. Fotografía: Joseph William Hirman.

La nueva estación siguió siendo conocida en la red espacial de vuelos tripulados (MSFN en sus siglas en inglés) como Grand Canary Island Station, CYI, pero en la zona pasó a ser denominada como Estación Apolo hasta que se cerró en 1975.  Cuatro años después se volvió a abrir, siendo gestionada ya por el INTA hasta el día de hoy. Actualmente las instalaciones reciben el nombre de Centro Espacial de Canarias o Estación especializada en Satélites de Observación de la Tierra de Maspalomas. La visita que pude realizar a este mítico lugar, gracias a la ayuda de mi amigo Juan, la contaré en el próximo artículo de esta serie.

EL BAR EL CHARCO Y EL RESTAURANTE MERCURIO

Como he dicho al principio, el lugar escogido para instalar la Estación Mercury era un sitio inhóspito y muy poco transitado. El turismo aún no se había desarrollado, como ocurrió pocos años después. Allí sólo estaba el famoso Faro de Maspalomas desde que se construyera a finales del siglo XIX, las dunas, terrenos de cultivo como tomateras y un bar.

Norteamericanos e isleños jugando al futbolín en el Restaurante Mercurio. Fotografía: Paul Schutzer para Life (1965).

El bar era propiedad de la familia Vega Vega y estaba al lado de la carretera que iba al Faro, justo enfrente de la parcela principal de la Estación, la situada más al norte de las tres.  Posteriormente, a este bar se le renombró como Restaurante Mercurio, por razones obvias, siendo muy conocido por servir langostas. También he podido ver, en otras fuentes, que al bar se le conocía como Bar Vega. En cualquier caso, aquel lugar se llenaba de técnicos de la estación que, al terminar sus turnos de trabajo, bebían cerveza (dicen que de la marca Heineken) y jugaban al futbolín. Otra de las anécdotas que circulan por ahí es que el bar se benefició de la presencia norteamericana dado que pudo tener suministro de electricidad, cosa muy difícil en aquel lugar y en aquella época, gracias a un cable tendido desde la Estación al otro lado de la carretera.

Postal del interior del Restaurante Mercurio (Maspalomas). Fecha y autor desconocidos.

PERO ¿QUÉ QUEDA DE TODO AQUELLO?

En mi reciente viaje a Maspalomas, me propuse buscar los posibles restos de la estación. El primer lugar al que me dirigí fue la parcela donde se situó el radar Verlort, en Banda S, que se localizaba a unos 500 metros al oeste del Faro de Maspalomas, siguiendo la línea de playa y justo al lado del yacimiento arqueológico de Punta Mujeres. El lugar exacto, como pude comprobar, lo ocupa hoy en día, la tienda circular Varadero de la cadena Fund Grube. El progreso es lo que tiene.

Cartel del Yacimiento Punta Mujeres en el que se hace referencia al radar de la Estación Mercury de NASA en Maspalomas.

Posteriormente, decidí volver al Faro y caminar, por la actual Avenida Cristóbal Colón, para buscar las otras dos parcelas. A unos 800 metros al norte del Faro se encontraba la parcela en donde se situaba el edificio con los generadores, el depósito diésel y la antena trasmisora tierra-aire. Ese lugar lo ocupa hoy la enorme piscina del Hotel Lopesan Baobab Resort. En concreto, de las dos que tiene el complejo, la que está más cerca de la rotonda en donde se cruzan la Avenida de Cristóbal Colón con el Paseo Príncipe de Asturias. Más progreso.

Antigua localización, en Maspalomas, de una de las parcelas que conformaban la Estación Mercury o Canary Station (CYI) durante los Programas Mercury y Geminis.

Y por fin llegué a la última parcela, en donde se encontraban la nave principal con el edificio de control y telemetría y las dos antenas de adquisición y recepción montadas en sendas torres. Esta parcela es la que se encuentra enfrente del Restaurante Mercurio y de la centralita de Telefónica. Y estas tres cosas son lo único que queda hoy de todo aquello. Es muy fácil dar con el lugar dado que está en el kilómetro uno de la carretera GC-510.

Localización exacta de la parcela principal de la Estación Mercury (Canary Station) en Maspalomas. Aún está en pie el poste telefónico que unía la CYI con la centralita de Telefónica, más allá del Restaurante Mercurio.

Aunque la parcela está vallada, se puede acceder por un lateral que no lo está. Por primera vez realicé “arqueología espacial”, como me dijo un amigo. Allí pude observar perfectamente la losa de cimentación del edificio. Que es realmente el único resto que queda. Aparte de unos hierros oxidados, un tornillo, una arandela y poco más.  No me puedo olvidar tampoco del poste telefónico, de madera, que aún se mantiene en pie en la esquina norte, pegado a la carretera. El cable permanece ahí, como se puede ver en las fotografías, y cruza la GC-510 en dirección a la centralita de Telefónica, que también sigue operando y que tiene adosada una gran torre para los usos modernos. De ahí, repito, salía una línea de teléfonos hacia Las Palmas. Esta línea es la que se construyó en el año 1960 y se refleja en el Libro de Actas del Consejo de Administración de Telefónica del 15 de junio de ese año. Acta que está expuesta, por cierto, en la exposición “De Madrid a la Luna” en Espacio Fundación Telefónica hasta el día 2 de febrero de 2020.

Lugar exacto donde se encontrada el Edificio de Telemetría y Control y las dos antenas de la Canary Station (CYI) durante los Programas Mercury y Géminis. Se observa perfectamente la losa de cimentación, y al fondo el Restaurante Mercurio.

Losa de cimentación y restos del Edificio de Telemetría y Control de la Canary Station (CYI) durante los Programas Mercury y Géminis. Al fondo antenas de la centralita de Telefónica.

El otro gran resto que actualmente permanece en pie es el Restaurante Mercurio. El de la cerveza y las partidas de futbolín entre guiris e isleños. Ahora mismo permanece cerrado y viendo el actual estado del edificio, se hace difícil imaginar que ese local, en su día, fuera famoso por las langostas que se servían en él.

Restaurante Mercurio en 2019. Observese la langosta del cartel y la central de Telefónica detrás. El cable telefónico es el que procede de la parcela principal donde estaba la Canary Station (CYI).

Y ya está. No queda más de toda aquella aventura ocurrida durante los primeros años de la carrera espacial.

Es cierto que, afortunadamente, la Estación Apolo, actual Centro Espacial de Canarias, ahí sigue. Pero eso lo contaré en el próximo artículo.

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Mi visita a la exposición “De Maspalomas a la Luna” (1 de 4)

8 diciembre 2019

Ha pasado una semana desde que regresé a la península desde Gran Canaria. Fueron cuatro días muy intensos, productivos y, sobre todo, inolvidables. Tanto por todas las actividades y visitas en las que participé, como por las personas que conocí. Debido a esta intensidad y productividad, voy a escribir varios artículos para compartir las vivencias y aprendizajes que adquirí.

Exposición “De Maspalomas a la Luna” (sala principal). Fotografía: Laura Morales.

El primero de esos artículos es este mismo. En él hablaré sobre la exposición que relata, espléndidamente, la participación canaria en la carrera espacial y los eventos que tuvieron lugar relacionados con su inauguración. En otro artículo tengo previsto comentar mis primeros “pinitos” en arqueología espacial y lo que descubrí cuando visité las tres parcelas en donde se ubicaban las naves y las antenas de la primitiva Estación Mercury (CYI) a principios de los años 60. Un artículo aparte irá dedicado a mi visita a la mítica Estación Apolo de Montaña Blanca, hoy conocida como Centro Espacial de Canarias, y a la conferencia que impartí antes, junto con el gran Valeriano Claros. Finalmente, en el último artículo de esta serie, comentaré mis visitas a las estaciones de Telefónica (Maspalomas y Agüimes) que dieron soporte a la Estación Apolo de NASA durante las misiones Apolo.

LA EXPOSICIÓN

Aterricé en Gran Canaria el jueves 28 de noviembre a primera hora. Prácticamente después de salir con el coche de alquiler en dirección a Maspalomas en donde se presentaba la exposición a los medios locales de comunicación, me llamó Mercy García, de Radio Dunas, para hacerme una pequeña entrevista telefónica que comparto aquí: podcast ivoox.

Entrada a la exposición “De Maspalomas a la Luna”.

Y llegamos a la exposición. El lugar escogido para exhibirla es todo un acierto. Estamos hablando del Faro de Maspalomas. Un lugar realmente emblemático y conocido. Referencia del lugar desde su construcción a finales del siglo XIX. La sala principal se encuentra en el primer piso, pero nada más acceder al edificio desde la calle, se entra en un patio en donde te recibe una fotografía enorme de los tres famosos astronautas del Apolo 11 cuando visitaron Maspalomas hace cincuenta años.

La exposición cuenta con dos salas, la principal, como digo, y una secundaria en donde se puede ver el video de 15 minutos cedido por Fundación Telefónica que se produjo con motivo de la exposición “De Madrid a la Luna”.

Exposición “De Maspalomas a la Luna”. Izq: Teletipo. Dcha: Reloj atómico.

Pero volvamos a la sala principal, en donde se pueden admirar una serie de paneles, con fotografías y textos explicativos (en español e inglés), una serie de videos y unas vitrinas con objetos varios (manuales originales de NASA, libros, diplomas, revistas, medallas e incluso una pequeñísima roca lunar). Entre los objetos que quizás más llamen la atención, se puede ver una maqueta cedida por el INTA de la nave Géminis, un teletipo original de la época de la Estación Apolo y un rack o bastidor, también de esa época, que controlada el reloj atómico (necesario para mantener la estabilidad y continuidad de la escala de tiempo durante las misiones espaciales). Tampoco podían faltar unas cuantas fotografías firmadas y dedicadas por los famosos astronautas del Apolo 11.

Exposición “De Maspalomas a la Luna”. Maqueta cedida por el INTA de la nave Géminis.

Aunque ya lo resalté en el anterior artículo, la comisaria de la exposición la ha planteado desde un punto de vista transversal, es decir, no solo se cuentan los hechos históricos que ocurrieron sino también se revelan las implicaciones indirectas que supuso, para los habitantes y trabajadores de la zona, el establecimiento a principio de los años 60, de una estación de seguimiento espacial norteamericana. Es fácil adivinar el choque cultural que ocurrió.

Panel de la exposición “De Maspalomas a la Luna”. Fotografía: Laura Morales.

Llegados a este punto, y una vez vista la exposición con mis propios ojos, he de decir que la comisaria, Laura Morales, ha realizado una excelente labor, tanto en descifrar y exponer la historia ocurrida de forma rigurosa, como en la documentación de esta. Me imagino, viendo los objetos expuestos, cómo ha debido de ser el trabajo para gestionarlos y adquirirlos. Enhorabuena Laura, y muchas felicidades una vez más.

Exposición “De Maspalomas a la Luna”: Presentación a los medios. De izq. a dcha: Laura Morales (Comisaria), Valeriano Claros, Concepción Narváez (Alcaldesa), Elena Espino (Concejala), Enrique Teruel. http://www.maspalomas.com

Aquella mañana estuvimos presentes, para explicar a los medios de comunicación la importancia de esta exposición, la alcaldesa de San Bartolomé de Tirajana, señora Concepción Narváez, la concejala de cultura, señora Elena Espino, la comisaria de la exposición, Valeriano Claros y yo mismo. Una vez atendidos a los medios, por cierto, muchos y muy interesados en el tema según pude comprobar, se terminó el acto de presentación. Pero el día no terminó ahí. Aún nos quedaba el acto oficial de inauguración que ocurriría por la tarde, durante el atardecer y en la calle, bajo los pies del Faro.

EL ACTO OFICIAL DE INAUGURACIÓN

Mientras corría una agradable brisa marina, la periodista Eva Marrero empezó a presentar el acto desde un sencillo atril y con una pantalla detrás que proyectaba muchas de las imágenes que están expuestas en la exhibición. El primer invitado en tomar la palabra fue el también periodista Don Ángel Tristán Pimienta, un lugareño conocido, que vivió y narró lo sucedido en Maspalomas durante aquella época de los inicios de la conquista espacial. Con humor e improvisación, el señor Tristán nos regaló unas cuantas anécdotas de aquellos tiempos.  Durante su discurso, se hizo referencia al artículo que escribió sobre la estación de NASA en Maspalomas publicado en el número 636 (15 de diciembre de 1968) de la Gaceta Ilustrada.

Intervención de Don Ángel Tristán en la inauguración oficial de la exposición “De Maspalomas a la Luna”.

Cuando terminó el turno de Don Ángel, subió al escenario Valeriano Claros. Valeriano estuvo en la Estación de NASA durante todos los vuelos que tocaron la superficie lunar hasta el cierre de esa estación en 1975. En su intervención pudimos escuchar cómo fue vivir y trabajar en aquel lugar tan destacado de la historia de la humanidad. Y cómo permaneció en la estación, al término de su turno, para poder ver en directo las imágenes de Armstrong y Aldrin en la Luna a través de la antena USB de 9 metros de diámetro y de la red NASCOM. Un auténtico lujo.

Intervención de Valeriano Claros en la inauguración oficial de la exposición “De Maspalomas a la Luna”.

Una vez terminada la alocución de Valeriano, la concejala de cultura Elena Espino, tomó la palabra y agradeció a Ángel Tristán y a Valeriano sus palabras. Entregando, a este último, un presente como reconocimiento y agradecimiento por la labor realizada al frente de la Estación Apolo de NASA en Maspalomas.  Al terminar el discurso de la concejala, la banda de música “Maspalomas Sol y Arena” subió al escenario y amenizó el lugar con unas cuantas melodías.

Homenaje a Valeriano Claros en la inauguración oficial de la exposición “De Maspalomas a la Luna”.

Posteriormente, y ya para finalizar los actos de ese día, se procedió a dar por inaugurada oficialmente la exposición, invitándose a todos los presentes que así lo quisieran a acceder al edificio del Faro para contemplarla y admirarla. Allí pude saludar, entre otras personas, a Don Ángel Tristán.

EL HOTEL RIU PALACE OASIS

Después de visitar de nuevo la exposición brevemente, Valeriano, su esposa Carmen y yo, nos retiramos al Hotel Riu Palace Oasis, el famoso Hotel Maspalomas Oasis en donde se hospedaron los astronautas del Apolo 11 y 12, a disfrutar de una exquisita cena. Aprovecho ahora el momento para resaltar la maravillosa reforma que ha sufrido recientemente el hotel y su excelente trato hacia nosotros. Sin duda, recomiendo a todo el mundo que vaya y disfrute unos días de esas magníficas instalaciones con unos excelentes profesionales. Yo desde luego volveré. Tampoco me puedo olvidar de mencionar, y agradecer, a Ángeles y Nieves, de la empresa IMACO 89, por su magnífico trabajo organizando todos los actos y haciéndonoslo muy fácil a los invitados.

Hotel Maspalomas Oasis. Visita de los astronautas del Apolo 12 (Febrero 1970).

Se terminaba aquí la jornada por todo lo alto. Sin embargo, en el artículo no he narrado todo lo que viví aquel día. Me faltó contaros lo que pasó entre la presentación de la exposición a la prensa y la inauguración oficial. Pero eso lo dejaré para el siguiente artículo. No os lo perdáis porque seguro que os gustará.

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De Maspalomas a la Luna (exposición)

27 noviembre 2019

De Maspalomas a la Luna (1969-2019)

Se puede afirmar, sin ningún género de duda, que gracias al acuerdo que firmaron los Gobiernos español y norteamericano el 18 de marzo de 1960 para que se pudiera instalar una estación de seguimiento de las naves tripuladas del Programa Mercury, se sentaron los cimientos de la participación española en el Programa Apolo a la Luna.

Si los norteamericanos no se hubieran fijado en nuestras queridas Islas Canarias para establecer allí una base fundamental para controlar el lanzamiento y las demás fases de los vuelos orbitales del Programa Mercury, la historia hubiera sido muy distinta a como la conocemos hoy y, lo más seguro, es que no existiera siquiera el Complejo de Comunicaciones con el Espacio Profundo de Madrid (en inglés: Madrid Deep Space Communications Complex o MDSCC). Una de las tres estaciones de la red DSN de NASA operada, íntegramente, por personal español. Por tanto, no miento cuando afirmo que todo empezó en Canarias, en la isla de Gran Canaria, en concreto al sur, en Maspalomas, muy cerca de sus dunas y de su esbelto faro.

Faro de Maspalomas desde el interior de la sala de exposiciones. Fotografía cortesía de Laura García Morales.

Pues bien, desde el próximo jueves 28 de noviembre hasta el jueves 30 de enero de 2020, se va a poder disfrutar, en el Faro de Maspalomas, de la exposición titulada “De Maspalomas a la Luna” en horario de lunes a viernes desde las 10:30h a las 17:30h. La comisaria de la muestra, Laura García Morales, ha planteado la exposición desde un punto de vista transversal, en donde no solo se explica la participación histórica de Maspalomas y sus gentes en el programa espacial norteamericano desde el inicio del mismo y que llevaría a que doce hombres pisaran la Luna entre 1969 y 1972, sino también cómo esas instalaciones, y los técnicos norteamericanos que trabajaron en ellas, influyeron, en distintos aspectos, a los canarios en general y a los tirajaneros en particular.

La exposición también recoge la visita de los astronautas del Apolo 11 a Maspalomas, dentro de la gira mundial de buena voluntad, y de la que también se acaba de cumplir 50 años como recogimos en este blog, y de los astronautas del Apolo 12 en febrero de 1970.

Pieza de la Estación regalada al Hotel Oasis Maspalomas. Fotografía cortesía de Laura García Morales.

Entre los objetos que se pueden ver están catálogos y manuales originales de NASA utilizados por los técnicos en las estaciones, fotografías (algunas dedicadas), sellos, insignias y medallas, vídeos con testimonios de trabajadores canarios y una pieza de un repetidor de comunicaciones de la Canary Station de la época de las misiones Apolo que los astronautas dejaron en el Hotel Maspalomas Oasis cuando se hospedaron allí.

El Instituto Nacional de Tecnología Aeroespacial (INTA), a través del Centro Espacial de Canarias, colabora cediendo parte de la maquinaria original de la sala de control de la estación y que, según parece, había estado almacenada en un contenedor durante más de 40 años, además de una maqueta de la cápsula espacial Géminis.

Géminis VI. 15 diciembre 1965.

La Fundación Telefónica participa también con esta muestra, cediendo los videos que se han producido para la exposición “De Madrid a la Luna”, de la cual soy comisario, como bien saben los lectores habituales del blog (😊). Por ese motivo, el Cabildo de Gran Canaria y el Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana han tenido la amabilidad y la generosidad de invitarme a la inauguración de esta exposición.

Los actos comenzarán el jueves 28 a las 11h de la mañana con una presentación a los medios de comunicación. A las 18:30h, en el exterior del Faro de Maspalomas, se producirá el acto principal. En él está previsto que hablen el periodista Ángel Tristán Pimienta – que recordará cómo vivieron los periodistas y la población en general la visita de los astronautas durante los días que permanecieron en Maspalomas – y el mítico Valeriano Claros Guerra, – exdirector de Operaciones del Centro Espacial de la NASA en Maspalomas (1969-1975) -, que explicará la importancia que tuvo el centro espacial de la NASA en Maspalomas en la misión del Apolo 11 así como en el resto de las misiones Apolo. Posteriormente tomarán la palabra los representantes del Cabildo de Gran Canaria y del Gobierno de Canarias, así como también la Alcaldesa de San Bartolomé de Tirajana, Concepción Narváez. Finalmente, y antes de proceder a la visita de la exposición, está previsto que actúe durante unos minutos la banda de música “Maspalomas Sol y Arena”. Además, en el exterior del Faro, se instalará megafonía y una pantalla de 4 x 2 metros en la que se proyectarán, desde las 18h, imágenes de las portadas y páginas del interior de los periódicos y revistas del año 1969, con el seguimiento de la noticia de la visita de los astronautas y fotografías de su estancia.

Interior de la sala de exposiciones (edificio del Faro de Maspalomas). Fotografía cortesía de Laura García Morales.

Al día siguiente, viernes 29, tendré el honor de impartir una charla sobre los inicios de la Canary Station. Esta breve conferencia es un complemento a la charla principal que impartirá después mi admirado Valeriano Claros sobre el crucial papel de la estación INTA-NASA en Gran Canaria durante las misiones Apolo a la Luna. Estas conferencias empezarán a las 9:30h en el Centro Socio Cultural de Mayores de San Fernando de Maspalomas.

El lunes 2 de diciembre se estrenará, a las 19 horas en el Centro Cultural de Maspalomas, el documental “Moon on the Man” del director grancanario Gerardo Carrera. Se trata de un trabajo audiovisual que recoge los testimonios de antiguos trabajadores y otras figuras que vivieron estos acontecimientos. Este documental se exhibirá en una sala del Faro de Maspalomas, mientras dure la exposición.

Documental canario “Moon on the man”.

No quiero olvidarme tampoco de mencionar que, el jueves 19 de diciembre, la canaria Nadjejda Vicente hablará de su experiencia, como periodista especializada en el espacio y de su labor como relaciones públicas y divulgadora científica. Nadjejda ha publicado el magnífico libro “La cuenta atrás. De la carrera espacial al turismo cósmico”. Se trata de un apasionante relato que tengo pendiente de reseñar en el blog pero que os invito a leerlo ya porque está muy bien. Además, Nadjejda, es autora de la tesis doctoral: “Ayer, hoy y mañana de la información espacial: metamorfosis del periodismo especializado en la era espacial”.

Como se puede comprobar, los actos vienen cargados. Si esto no fuera suficiente voy a poder visitar el Centro Espacial de Canarias, la antigua estación que se abrió en Montaña Blanca, para dar servicio a las misiones Apolo con la antena en Banda S Unificada (USB) de 9 metros (¡gracias Juan!). Además, prometo hacer muchas fotografías y recorrer los otros lugares míticos, como las ubicaciones originales de la estación Mercury (aunque algunos ya no existen), la estación de Telefónica de Agüimes e intentaré localizar los terrenos en donde se instaló la primera estación de Telefónica en Maspalomas, la que tenía las dos antenas blancas de 12,6 metros de diámetro. A mi vuelta, intentaré publicar todo en otro artículo.

Estación Intelsat de Telefónica en Maspalomas para el Programa Apolo. Ya no existe. Fotografía cortesía Fundación Telefónica.

¡Vamos!

PAO: This is Apollo Control. The Canary Island station has acquisition of Apollo 11 now. We’ll continue to stand by live for any air-to-ground communication. We’re showing an orbital weight of the combined vehicles of 297,914 pounds.

000:17:38 Comm Tech: Uh, you… Houston Comm Tech. Canary Comm Tech.

000:18:18 McCandless: Apollo 11, this is Houston through Canary. Over.

000:18:23 Armstrong: Roger. Reading you loud and clear. Our insertion checklist is complete, and we have no abnormalities.

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50 años del Apolo 12: se repite la machada

14 noviembre 2019

Cuando Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins regresaron de su viaje a la Luna en julio de 1969, demostraron que el ser humano podía realizar viajes interplanetarios. Esa certeza significaba ya que la aventura era posible. En el fondo, era el pistoletazo de salida para la exploración real de la Luna. Y para seguir haciendo Historia con mayúsculas. Cuatro meses después, en noviembre, llegaba el turno para Charles “Pete” Conrad, Alan Bean y Richard Gordon.

Tripulación del Apolo 12. De izq. a dcha: Charles Conrad, Richard Gordon y Alan Bean. Fotografía: AP12-KSC-69PC-621.

El objetivo principal que debía cumplir la misión del Apolo 12 era aterrizar en la Luna de forma precisa, es decir, en un lugar predeterminado. Algo que el Apolo 11 no pudo conseguir ya que alunizó a casi seis kilómetros del sitio inicialmente previsto. Esta vez se escogió un lugar en el Océano de las Tormentas, concretamente a escasos metros de donde se había posado la sonda Surveyor 3 en abril de 1967.

Momento en el que un rayo golpea la torre de lanzamiento durante el despeque del Apolo 12. Foto: AP12-S69-60068.

El Apolo 12 fue lanzado desde Cabo Cañaveral el 14 de noviembre y se puede afirmar que fue una misión casi perfecta. Aunque estuvo a punto de fracasar desde el mismo inicio de esta puesto que un par de rayos impactaron sobre el Saturno V durante la fase de lanzamiento haciendo que los paneles de navegación del módulo de mando se apagasen. En momentos así es cuando se justifica la elección de ciertos astronautas para llevar a cabo ciertas misiones. Sino hubiera sido por los nervios de acero de Conrad, junto con las tablas de Gordon y Bean, la misión se hubiera abortado provocando un gran perjuicio al Programa Apolo. Aunque, para ser justos también, la ayuda que recibieron desde el Control de misión en Houston para solventar ese momento crítico fue definitiva: John Aaron, el controlador EECOM, sugirió rápidamente “que prueben SCE a Auxiliar” (“Try SCE to Aux” en inglés) orden que arregló el problema “milagrosamente”.

Pete Conrad saliendo del LEM para pisar la superficie lunar. Fotón: AS12-46-6717.

A parte de conseguir el objetivo de aterrizar a unos 200 metros de la Surveyor 3, la misión del Apolo 12 fue la primera en realizar dos actividades extravehiculares (EVA en sus siglas en inglés) de casi cuatro horas cada una. En esas EVAs se instaló, por primera vez, un conjunto de experimentos e instrumentos científicos denominado ALSEP (Apollo Lunar Surface Experiments Package), así como otra bandera los Estados Unidos. En la pata de la etapa de descenso del módulo lunar se dejó una placa sin ninguna frase como si ocurrió en el Apolo 11, solo la fecha y los nombres y las firmas de los astronautas. En la Luna se recolectaron 34,5 Kg de rocas y se cogió la cámara de televisión de la Surveyor 3 para estudiarla posteriormente en la Tierra.  En total Pete Conrad y Alan Bean permaneciendo en la Luna 31 horas y 31 minutos.

Charles Conrad examinando la Surveyor 3 durante la segunda EVA. Foto: AS12-48-7136.

Entre los logros de esta misión, no quiero olvidar tampoco mencionar que el Apolo 12 viajó en una trayectoria híbrida, no de retorno libre. Esto se decidió por varias razones, entre ellas para que la antena de seguimiento de Goldstone (EE. UU) de 64 metros (210 pies) de diámetro pudiera controlar el descenso y aterrizaje en la Luna. A cambio se sacrificaba la seguridad, por lo que, si hubiera habido un problema grave con los motores de la nave, los astronautas no hubieran podido regresar directamente a la Tierra. La importancia de esto se demostró clave en la siguiente misión, la del Apolo 13.

Placa dejada por el Apolo 12 en una de las patas de la etapa de descenso del módulo lunar Intrepid.

Otro dato curioso de esta misión es que, durante el regreso a casa, los astronautas del Apolo 12 tuvieron la suerte de ser los primeros hombres en ver a la Tierra eclipsando al Sol.

También al regreso, los astronautas tuvieron que pasar 21 días de cuarentena.

El indicativo de llamada elegido para el módulo de mando y de servicio fue Yankee Clipper y para el módulo lunar el de Intrepid. Nombres puestos por los trabajadores de las fábricas de esas dos naves. El módulo de mando Yankee Clipper se exhibe actualmente en el Museo del aire y el espacio de Virginia (Virginia Air & Space Center) de Hampton (Virginia).

Módulo de mando Yankee Clipper en el Museo del Aire y el Espacio de Virginia (EE.UU.).

Desgraciadamente, ninguno de los tres astronautas sigue vivo. Conrad, el comandante, falleció en 1999 por una hemorragia interna tras sufrir un accidente de moto. Gordon murió en 2017 y Alan Bean, el piloto del módulo lunar, nos dejó en 2018.

Apolo 12 (Intrepid) en la Luna. A la derecha se observa la antena de Banda-S. Foto: AS12-47-6988.

La configuración de la red de seguimiento de vuelos tripulados (MSFN en sus siglas en inglés) se amplió, no solo con la antena de 64 metros de Goldstone antes mencionada, sino también con otra antena en Parkes (Australia) con el objetivo de mejorar la cobertura de televisión en la Luna. En general la red funcionó perfectamente. Como pequeña anécdota reflejada posteriormente en el informe de la misión, hay que destacar que después de la primera EVA, se detectó un tono de 2 KHz en las comunicaciones aire-tierra recibidas a través del canal de voz de respaldo del módulo lunar. Parece ser que ese tono se generó en algún equipo de la estación de Fresnedillas (Madrid prime) y posteriormente se enviaba hacia el módulo lunar por el enlace uplink que a su vez era retransmitido al transpondedor de tierra.

Configuración de la red NASCOM para el Apolo 12. Se puede ver que sobre el Océano Atlántico había dos satélites INTELSAT operando.

¿Y qué pasó con la red NASCOM? Recordamos que esta red mundial estaba formada por multitud de circuitos telefónicos, cables submarinos, enlaces de microondas, satélites de comunicaciones, etc, que trasmitían los datos recogidos en las estaciones de la red MSFN al control de misión en Houston. Como ya contamos en este blog, unos días antes del lanzamiento del Apolo 11, el enlace principal entre las estaciones de NASA en España (a través de la estación de Telefónica en Buitrago) y Estados Unidos se perdió. La antena del satélite Intelsat III-F2, situado sobre sobre Brasil, falló y quedó inutilizado para dar servicio al Apolo 11. Sin embargo, el satélite se recuperó parcialmente en agosto de ese mismo año, permitiendo trasmitir unos circuitos de voz. Por tanto, para la misión del Apolo 12, se podía volver a contar con él. No obstante, como no era suficiente, también se tuvo que utilizar el otro satélite operativo que había sobre el Océano Atlántico: el Intelsat II-F3 o Canary bird (Canario).

El Intrepid visto desde el Yankee Clipper descendiendo a la superficie lunar. Foto: AS12-51-7507.

Si el Apolo 12 logró un aterrizaje preciso fue gracias, en parte, al excelente comportamiento de la red MSFN y NASCOM la cual permitió trasmitir y recibir instantáneamente los datos entre el módulo lunar y el Centro del control de misión en Houston. Una gran parte de esos datos se procesaron con el nuevo programa informático del LEM (llamado “Lear Processor” en honor a su inventor, el ingeniero William M. Lear) para ir corrigiendo los errores de navegación en el descenso del Intrepid a la Luna. Con el nuevo comando “Noun 69” (Nombre 69), los astronautas podían actualizar las coordenadas del lugar de aterrizaje en base a los datos que recibían de la red MSFN y todo ello en tiempo real.

Apollo experience report – Mission planning for lunar module descent and descent – junio 1972.pdf

Los periódicos españoles de la época ya informaban sobre la misión unos días antes del lanzamiento. El día 13 lo que preocupaba era si la avería detectada en uno de los depósitos de hidrógeno líquido podría hacer que se aplazara el lanzamiento. Al día siguiente, Europa Press reseñaba el papel de la estación de Fresnedillas y su enlace con Houston a través del satélite Intelsat operado por Telefónica desde su estación de Buitrago del Lozoya. El día 15, en el ABC, el enviado especial a Fresnedillas, Antonio Alférez, reflejaba en su crónica que había podido ver el lanzamiento “a través de una pantalla de TV en color”. Alférez también se percató que la segunda misión a la Luna ya no despertaba tanto interés entre el público puesto que “apenas hemos venido unos pocos periodistas en comparación con la legión llegada con el Apolo 11”. La agencia Cifra informaba también de los contactos hechos entre la estación de Maspalomas y los astronautas durante la primera fase de la misión. El 18 de noviembre, el ABC informaba de que los equipos de astrofotografía de la Agrupación Astronómica de Sabadell habían podido fotografiar, con mucha calidad, “el cúmulo de gas desprendido por el Apolo 12 al iniciar su recorrido translunar”. Al parecer esta Agrupación colaboraba con NASA dentro de la red internacional de vigilancia lunar.

Portadas del diario ABC relacionadas con la misión Apolo 12.

Los periódicos canarios, en especial El Eco de Canarias, cubrían también la misión, centrándose muchas veces en contar lo que pasaba desde la estación de Maspalomas. Antonio-Román Rodríguez del Pino enviaba sus crónicas telefónicas, sin embargo, desde la estación de “Robledo de Chavela”. La agencia Pyresa informaba, el día 19, que TVE iba a emitir en directo un par de programas sobre la llegada del Apolo 12 a la Luna.

El Eco de Canarias informando el 20 de noviembre de 1969 sobre la llegada del Apolo 12 a la Luna. (Página 2).

La segunda misión lunar llegaba a su fin. Dos hombres más habían podido pisar de nuevo la superficie de la Luna y traerse con ellos un legado científico de primer orden. Y hacerlo, además, con una gran camaradería, compañerismo y dosis de buen humor. Alan Bean, el cuarto hombre en pisar la Luna, era un gran aficionado a la pintura. En honor a sus compañeros de misión, pintó una serie de cuadros bajo el título de “Buddies forever” (Amigos para siempre) en las que reflejaba su estancia en la Luna. Sin embargo, pintó uno que tituló “The fantasy” (La fantasía) en el que situó a Richard Gordon, el astronauta que se quedó orbitando la Luna dentro del Módulo de mando, sobre la Luna junto con Pete Conrad y el mismo.

Cuadro: Fantasy (Fantasia). Autor: Alan Bean.

Parecía que los Estados Unidos tenía dominadas todas las técnicas y procedimientos para ir y volver a la Luna con astronautas. La ilusión y euforia del Apolo 11 y 12 se empezaban a diluir. En abril de 1970, cinco meses después del Apolo 12, le tocaría el turno al Apolo 13. Pura rutina ya… ¿O quizás no?

Godspeed, Apollo 12!


El gran salto al abismo (libro)

11 noviembre 2019

El gran salto al abismo. La extraordinaria historia de un técnico español de la NASA en la exploración del espacio. Por Jesús Sáez Carreras. Edita: Next Door Publishers (Colección El Café Cajal). Año: 2019. 243 páginas. ISBN: 978-84-949245-6-9.

Hace miles y miles de años hubo un instante en el que un homínido bípedo fue capaz de fabricar las primeras herramientas de piedra de la historia. Ese instante es considerado como el momento en el que surgió el ser humano por primera vez. Fue el primer gran salto de nuestra especie… Hasta que hace aproximadamente sesenta años, un 12 de abril de 1961, otro miembro de esa misma especie, Yuri Gagarin, llegó al espacio por primera vez… Ese fue el segundo y gran salto al abismo del Homo sapiens. Comenzaba la carrera espacial.

Carlos González, un joven español, participó desde casi el inicio de la confrontación mundial por ver quién de los dos bloques políticos más importantes de aquella época dominaba el espacio; o el conocido como “mundo libre” o el comunismo soviético.

Mientras trabajaba para NASA en las dos estaciones de seguimiento de la sierra de Madrid (Fresnedillas de la Oliva y Robledo de Chavela), Carlos fue testigo de primera mano de todos los momentos históricos en la conquista inicial del espacio. Desde su puesto de trabajo controló, en 1968, a la primera misión tripulada del Programa Apolo, la del Apolo 7, hasta el lanzamiento de la misión Juno, en 2011, justo el día que comenzaba su jubilación. Ni que decir tiene que trabajó en misiones míticas como la del Apolo 11 o la del Apolo 13 o que vivió – y sufrió – las dos tragedias del transbordador espacial (Challenger y Columbia) entre otros hechos. Incluso, en marzo de 1974, llegó a conocer en persona al mismísimo Werhner von Braun, el diseñador del lanzador Saturno V que mandaría a 12 hombres a pisar la Luna. Por todo ello, la NASA le concedió la Medalla al Servicio Público Distinguido reconociendo su profesionalidad, buen hacer y esfuerzo contribuyendo a que el ser humano, a través de la Agencia espacial norteamericana, pudiera conseguir tantos y tantos sueños.

Aunque Carlos, aparte de ser un experto en su campo, es también un hombre excepcional con una calidad y generosidad humana de las que dejan huella en los demás. No se me olvidará cuando le conocí por primera vez: fue en una visita a la estación de Robledo, poco antes de jubilarse, y siempre le estaré agradecido de que me enseñara y explicara las distintas estancias de la mítica estación de Robledo de Chavela (MDSCC). Guardo como oro en paño una reproducción en papel que me dio, y dedicó, del certificado de agradecimiento que la NASA le había entregado por su participación en el Apolo 11.

Pero volvamos al libro. Básicamente es la historia personal de Carlos contada dentro de la historia general de la conquista espacial. Y ahí su autor realiza una labor exquisita al juntar las dos grandes historias. Jesús Sáez te va llevando en volandas, tejiendo unos nudos ya irrompibles; el de la vida de Carlos y la exploración espacial. Tuve el gusto de conocer a Jesús cuando compartí con él el escenario del “Hay vida en martes” en Espacio Fundación Telefónica sobre los 50 años de la llegada a la Luna y, aunque suene a peloteo, he de decir que escribe muy bien. Su redacción es elegante, cercana, natural, divulgativa y muy efectiva ya que consigue que el lector devore las páginas de su obra rápidamente.

Hay vida en Martes: 50 años en la Luna. 2-julio-2019. Cortesía de Fundación Telefónica. Fotografía de Irene Medina

Si lo reseñado hasta ahora no fuera suficiente para comprar y leer este libro, voy a explicar más motivos para hacerlo.

Por un lado, el libro está prologado por Miguel López-Alegría, el primer astronauta de origen español que llegó al espacio. Pero aún hay más ¡y es que el epílogo lo ha escrito nada más y nada menos que Charles Duke! El décimo hombre que pisó la Luna con el Apolo 16. Charlie Duke es amigo de Carlos y ambos comparten el gusto por la divulgación del Programa Apolo como pude constatar personalmente en las visitas que hizo Duke a Madrid con motivo de la exposición sobre la historia de la carrera espacial que hubo en Madrid en el año 2011.

Otro punto importante que quiero destacar sobre esta obra es la gran labor editorial de Nuria y Oihan, de Next Door Publishers. La gran calidad y el cariño con que se han currado este proyecto se percibe desde el mismo momento en que coges y ojeas un ejemplar del libro. La maquetación, las ilustraciones, las fotografías… Sin olvidar la bibliografía final y las sugerencias de blogs y documentales relacionados con este tema. Por cierto, muchas gracias por incluir a Mr.Gorsky  entre ellas. Sin duda no lo merecemos, pero gracias.

Carlos, ese hombre extraordinario con la voz ronca que trasmite confianza y cercanía, ejemplo de una generación de españoles que, con su esfuerzo (y el de sus padres), fueron capaces de destacar en un campo y en un momento histórico gracias a su talento, habilidad y trabajo con el fin de poner un granazo de arena en la conquista del espacio y en ampliar el conocimiento que el ser humano tiene sobre el Universo. Aquel chaval que en 1957 vio pasar al Sputnik cruzando el cielo de Madrid la lado de su padre desde la azotea de la casa donde vivían, aquel que con 17 años se marchó a estudiar a Estados Unidos gracias a una beca, aquel que hizo la mili durante 18 meses, aquel que volvía a Madrid todos los días haciendo autostop desde su puesto de trabajo en Pinto, aquel chaval, aquel hombre, se sentó la noche del 20 de julio de 1969 enfrente de una de las consolas que controlaban el descenso a la Luna del Apolo 11. Gracias Carlos y a todos los de tu generación por tu ejemplo. Y gracias, de nuevo, a Jesús Sáez y a Next Door Publisher por recoger esta gran historia y guardarla ya para la posteridad.

Sin duda alguna, todo astro trastornado debería tener un ejemplar de este libro en su estantería.

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El regalo del Apolo, por Carl Sagan

9 noviembre 2019

Hoy, 9 de noviembre de 2019, Carl Sagan hubiera cumplido 85 años y por ese motivo queremos recordar el texto (El regalo del Apolo) que escribió sobre la importancia y significación que tuvo el Programa Apolo para la humanidad.

El artículo se publicó originariamente en la revista Parade pero luego, en 1994, se añadió como un capítulo del libro de Sagan “Un punto azul pálido: Una visión del futuro humano en el espacio”. El texto combina el optimismo de Carl Sagan por la tecnología (como se evidenció en las misiones Apolo) con la amenaza para el futuro de la humanidad por un mal uso de esta.

En la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos se puede ver el documento original, corregido a mano por el propio Sagan.

Sea cual fuera la razón que puso en marcha el Programa Apolo y con independencia de lo comprometido que se hallara con el nacionalismo de la Guerra Fría y con los instrumentos de la muerte, el ineludible reconocimiento de la unidad y fragilidad de la Tierra constituye su claro y luminoso dividendo, el inesperado regalo final del Apolo.

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La exposición “De Madrid a la Luna” en Espacio Fundación Telefónica se prorroga hasta febrero de 2020

5 noviembre 2019

Ya es oficial. La exposición “De Madrid a la Luna” sobre la participación española y, en concreto, de Telefónica en el Programa Apolo que llevó a que doce hombres pisaran la Luna se prorroga hasta el próximo domingo 2 de febrero de 2020.

En principio, esta pequeña exposición iba a durar hasta el domingo 17 de este mes de noviembre, pero la Fundación Telefónica ha decidido alargarla casi tres meses más.

Como comisario de la exposición nada más que puedo agradecer a los responsables de la Fundación el haber decidido ampliarla. Tampoco puedo olvidarme de todas las personas que ya la han visitado a las que también les agradezco que se hayan pasado por allí. Y a los que aún no lo han hecho, invitarles a encontrar un hueco en sus agendas porque estoy convencido de que a muchos les sorprenderá esta curiosa y poco conocida historia sobre el papel de España en la llegada del ser humano a la Luna a finales de los años 60 y principios de los 70.

Recuerdo que la exposición está en la segunda planta del Espacio Fundación Telefónica de la Calle Fuencarral nº 3 de la ciudad de Madrid. El horario de visitas es de martes a domingo (el lunes está cerrado), de 10h de la mañana a 20h de la tarde. El acceso es gratuito.

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