El gran salto al abismo (libro)

11 noviembre 2019

El gran salto al abismo. La extraordinaria historia de un técnico español de la NASA en la exploración del espacio. Por Jesús Sáez Carreras. Edita: Next Door Publishers (Colección El Café Cajal). Año: 2019. 243 páginas. ISBN: 978-84-949245-6-9.

Hace miles y miles de años hubo un instante en el que un homínido bípedo fue capaz de fabricar las primeras herramientas de piedra de la historia. Ese instante es considerado como el momento en el que surgió el ser humano por primera vez. Fue el primer gran salto de nuestra especie… Hasta que hace aproximadamente sesenta años, un 12 de abril de 1961, otro miembro de esa misma especie, Yuri Gagarin, llegó al espacio por primera vez… Ese fue el segundo y gran salto al abismo del Homo sapiens. Comenzaba la carrera espacial.

Carlos González, un joven español, participó desde casi el inicio de la confrontación mundial por ver quién de los dos bloques políticos más importantes de aquella época dominaba el espacio; o el conocido como “mundo libre” o el comunismo soviético.

Mientras trabajaba para NASA en las dos estaciones de seguimiento de la sierra de Madrid (Fresnedillas de la Oliva y Robledo de Chavela), Carlos fue testigo de primera mano de todos los momentos históricos en la conquista inicial del espacio. Desde su puesto de trabajo controló, en 1968, a la primera misión tripulada del Programa Apolo, la del Apolo 7, hasta el lanzamiento de la misión Juno, en 2011, justo el día que comenzaba su jubilación. Ni que decir tiene que trabajó en misiones míticas como la del Apolo 11 o la del Apolo 13 o que vivió – y sufrió – las dos tragedias del transbordador espacial (Challenger y Columbia) entre otros hechos. Incluso, en marzo de 1974, llegó a conocer en persona al mismísimo Werhner von Braun, el diseñador del lanzador Saturno V que mandaría a 12 hombres a pisar la Luna. Por todo ello, la NASA le concedió la Medalla al Servicio Público Distinguido reconociendo su profesionalidad, buen hacer y esfuerzo contribuyendo a que el ser humano, a través de la Agencia espacial norteamericana, pudiera conseguir tantos y tantos sueños.

Aunque Carlos, aparte de ser un experto en su campo, es también un hombre excepcional con una calidad y generosidad humana de las que dejan huella en los demás. No se me olvidará cuando le conocí por primera vez: fue en una visita a la estación de Robledo, poco antes de jubilarse, y siempre le estaré agradecido de que me enseñara y explicara las distintas estancias de la mítica estación de Robledo de Chavela (MDSCC). Guardo como oro en paño una reproducción en papel que me dio, y dedicó, del certificado de agradecimiento que la NASA le había entregado por su participación en el Apolo 11.

Pero volvamos al libro. Básicamente es la historia personal de Carlos contada dentro de la historia general de la conquista espacial. Y ahí su autor realiza una labor exquisita al juntar las dos grandes historias. Jesús Sáez te va llevando en volandas, tejiendo unos nudos ya irrompibles; el de la vida de Carlos y la exploración espacial. Tuve el gusto de conocer a Jesús cuando compartí con él el escenario del “Hay vida en martes” en Espacio Fundación Telefónica sobre los 50 años de la llegada a la Luna y, aunque suene a peloteo, he de decir que escribe muy bien. Su redacción es elegante, cercana, natural, divulgativa y muy efectiva ya que consigue que el lector devore las páginas de su obra rápidamente.

Hay vida en Martes: 50 años en la Luna. 2-julio-2019. Cortesía de Fundación Telefónica. Fotografía de Irene Medina

Si lo reseñado hasta ahora no fuera suficiente para comprar y leer este libro, voy a explicar más motivos para hacerlo.

Por un lado, el libro está prologado por Miguel López-Alegría, el primer astronauta de origen español que llegó al espacio. Pero aún hay más ¡y es que el epílogo lo ha escrito nada más y nada menos que Charles Duke! El décimo hombre que pisó la Luna con el Apolo 16. Charlie Duke es amigo de Carlos y ambos comparten el gusto por la divulgación del Programa Apolo como pude constatar personalmente en las visitas que hizo Duke a Madrid con motivo de la exposición sobre la historia de la carrera espacial que hubo en Madrid en el año 2011.

Otro punto importante que quiero destacar sobre esta obra es la gran labor editorial de Nuria y Oihan, de Next Door Publishers. La gran calidad y el cariño con que se han currado este proyecto se percibe desde el mismo momento en que coges y ojeas un ejemplar del libro. La maquetación, las ilustraciones, las fotografías… Sin olvidar la bibliografía final y las sugerencias de blogs y documentales relacionados con este tema. Por cierto, muchas gracias por incluir a Mr.Gorsky  entre ellas. Sin duda no lo merecemos, pero gracias.

Carlos, ese hombre extraordinario con la voz ronca que trasmite confianza y cercanía, ejemplo de una generación de españoles que, con su esfuerzo (y el de sus padres), fueron capaces de destacar en un campo y en un momento histórico gracias a su talento, habilidad y trabajo con el fin de poner un granazo de arena en la conquista del espacio y en ampliar el conocimiento que el ser humano tiene sobre el Universo. Aquel chaval que en 1957 vio pasar al Sputnik cruzando el cielo de Madrid la lado de su padre desde la azotea de la casa donde vivían, aquel que con 17 años se marchó a estudiar a Estados Unidos gracias a una beca, aquel que hizo la mili durante 18 meses, aquel que volvía a Madrid todos los días haciendo autostop desde su puesto de trabajo en Pinto, aquel chaval, aquel hombre, se sentó la noche del 20 de julio de 1969 enfrente de una de las consolas que controlaban el descenso a la Luna del Apolo 11. Gracias Carlos y a todos los de tu generación por tu ejemplo. Y gracias, de nuevo, a Jesús Sáez y a Next Door Publisher por recoger esta gran historia y guardarla ya para la posteridad.

Sin duda alguna, todo astro trastornado debería tener un ejemplar de este libro en su estantería.

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El regalo del Apolo, por Carl Sagan

9 noviembre 2019

Hoy, 9 de noviembre de 2019, Carl Sagan hubiera cumplido 85 años y por ese motivo queremos recordar el texto (El regalo del Apolo) que escribió sobre la importancia y significación que tuvo el Programa Apolo para la humanidad.

El artículo se publicó originariamente en la revista Parade pero luego, en 1994, se añadió como un capítulo del libro de Sagan “Un punto azul pálido: Una visión del futuro humano en el espacio”. El texto combina el optimismo de Carl Sagan por la tecnología (como se evidenció en las misiones Apolo) con la amenaza para el futuro de la humanidad por un mal uso de esta.

En la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos se puede ver el documento original, corregido a mano por el propio Sagan.

Sea cual fuera la razón que puso en marcha el Programa Apolo y con independencia de lo comprometido que se hallara con el nacionalismo de la Guerra Fría y con los instrumentos de la muerte, el ineludible reconocimiento de la unidad y fragilidad de la Tierra constituye su claro y luminoso dividendo, el inesperado regalo final del Apolo.

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Maspalomas, un lugar histórico en la exploración del espacio exterior. Memorias (libro)

16 octubre 2019

Maspalomas, un lugar histórico en la exploración del espacio exterior. Memorias. Autor: Antonio-Román Rodríguez del Pino. Edita: Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana. 191 páginas. ISBN: 13978-84-09-08937-6.

Es complicado conseguir este libro, pero gracias a Valeriano Claros tengo un ejemplar. Llegué a hablar con el autor, incluso, que me sugirió que me pusiera en contacto con el Ayuntamiento para ver si me podían enviar una copia dado que, en ese momento, no se podía comprar por Internet (no se si ahora se puede o tampoco). Hice dos gestiones con el consistorio que no llegaron a ningún sitio. Bueno, el caso es que, como digo, Valeriano Claros me consiguió uno y me lo regaló.

Tenía mucho interés en leerlo después de conocer quién lo ha escrito y es que Don Antonio-Román fue el secretario del director norteamericano de la Estación (STADIR) de NASA en Canarias (CYI) el Sr. Charles “Chuck” Rouiller, desde el año 1963 hasta 1969.  Estamos, por tanto, ante un protagonista en primera persona de lo que ocurrió allí. Y es que, al contrario de las otras estaciones españolas de NASA (Fresnedillas de la Oliva y Robledo de Chavela) no hay mucha información sobre cómo se vivió toda la carrera espacial desde Gran Canaria. Y eso que la “Canary Station” fue protagonista, desde el primer momento, del hecho histórico conocido como la Carrera espacial: si el Sputnik, el primer satélite artificial enviado al espacio por el ser humano, se lanzó en octubre de 1957, la NASA, el 4 de agosto de 1959, informaba al Gobierno español de que requería instalar una estación de seguimiento en las Islas Canarias.

Dcha. a izq: David Wilkins (BFEC), José Joaquín Mendizábal Solano (INTA), H. William Wood (Director de la División de Operaciones de NASA-GSFC), Charles A. Rouiller, Jr. (director de la estación NASA-CYI) y Antonio-Román Rodríguez Del Pino. Foto: ARRDP.

Pues bien, una vez leído, el libro me ha parecido una joya rara. Joya porque da luz a muchos aspectos que estaban olvidados y raro porque tiene una estructura que no es habitual. No sigue el relato temporal, sin embargo, esto no es una crítica puesto que la historia se cuenta y comprende, evitando el previsible lío al lector con tanto ir y volver.

El estilo es claro, directo y conciso, como corresponde a un autor que desde su juventud colaboró tanto con medios de prensa nacionales como con medios locales canarios (El Eco de Canarias y el Diario de Las Palmas). Además, se ilustra con muchas fotografías – algunas inéditas puesto que son de la colección particular de Don Antonio-Román -.

Creo que es necesario contar en detalle lo que ocurrió en Maspalomas y, sin duda, este libro va a ser una gran fuente para cuando se realice esa empresa. Agradecemos a Don Antonio-Román haber compartido estas memorias que todo “astrotrastornado” debería leer.

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Las mil caras de la Luna

22 agosto 2019

Las mil caras de la Luna. Autora: Eva Villaver. Edición: Miguel A. Delgado. Editorial: HarperCollins. Año: 2019. 205 páginas. ISBN: 978-84-9139-368-9.

Tengo que reconocer que leyendo este libro de la simpática astrofísica palentina Eva Villaver, me ha sacado un poco del “monotema Apolo 11” de estas últimas semanas en las que se cumplían 50 años de aquella gesta humana. Y es que, aunque no me he ido de la Luna, si me ha ayudado a poner el foco en otros aspectos distintos a los puramente históricos o técnicos en los que suelo moverme cuando miro hacía ella.

Eva, a la que tuve el gusto de conocer cuando compartimos el “Hay vida en martes” que organizó Fundación Telefónica sobre la llegada del ser humano a la Luna por primera vez, es capaz de mostrarnos la cara oculta de la Luna, lo que ha estado muchas veces escondido, o al menos, esas pequeñas historias (y no tan pequeñas) que pasan desapercibidas pero que, en realidad, siempre han estado ahí, porque como dice el subtítulo de esta obra; no tenemos que regresar a la Luna, porque siempre hemos estado allí.

De todas las historias que me ha descubierto Eva, algunas de las que marqué con un lápiz en el lateral del libro son: de donde viene el bello nombre del mar de la Tranquilidad, su crítica al esoterismo pseudocientífico y al método Velikovski de hoy en día, la explicación del viento haciendo uso del reguetón y la música clásica y la alergia, o más bien rinitis, que puede provocar la Luna, la cual tiene una ligera atmósfera que podría caber casi toda ella en un camión de 24 toneladas…

La Luna siempre ha estado presente para el ser humano y hasta que pudimos llegar a visitarla, hace ahora 50 años, nos hemos dedicado a contemplarla, a imaginarla, a escribirla, a fotografiarla, a quererla y a temerla, a soñarla, a amarla, a odiarla… La Luna es parte de nosotros, la Luna somos nosotros porque sin su presencia, probablemente, la vida no hubiera sido posible en la Tierra.

Tú lunático, si quieres una lectura refrescante para las noches calurosas de verano, aderezada con un ligero toque canallita e irónico, tienes que hacerte ya con un ejemplar de este libro.

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Dos horas y media en la Luna, el artículo en el suplemento “Fuera de Serie”

13 julio 2019

Fuera de Serie (6 y 7 de julio 2019). Expansión y El Mundo.

“A las 9:32 a.m. del 16 de julio de 1969, los cinco motores F-1 del Saturno V rugían enérgicamente para emprender su vuelo hacia la Luna. Capaces de bombear más de 12.000 litros por segundo, eran los más potentes construidos hasta la fecha. Los cañaverales de la costa de Florida estaban atestados de gente que no quería perderse el momento histórico profetizado por Kennedy ocho años antes.

En lo alto del cohete, dentro del módulo de mando de la nave Apolo, iban tres astronautas: el comandante Neil Armstrong, el piloto del módulo lunar Edwin “Buzz” Aldrin y el piloto del módulo de mando Michael Collins. Solo los dos primeros intentarían bajar a la superficie de la Luna, dentro del módulo lunar, cuatro días más tarde. Sería la primera vez en la Historia. Era la misión número 11 del Programa Apolo.

A los 2 minutos y 42 segundos, la primera fase del cohete se separaba, caía al Atlántico, 66 kilómetros más abajo, y se encendía la segunda, que permitiría llegar a los 187 kilómetros de altitud. Los alcanzó solo nueve minutos después del lanzamiento. No quedaba más que un último empujón de tres minutos, pero antes el cohete tenía que desprenderse de la segunda fase, que también caería al Atlántico, encendiéndose la tercera y última. Doce minutos después del lanzamiento, el Saturno V alcanzó la órbita terrestre a unos 190 kilómetros de altitud. Esta fase se controlaba y confirmaba desde la estación terrestre que NASA, en colaboración con el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), había instalado en las Islas Canarias. Comprobado que la nave y sus tripulantes se encontraban bien, la tercera fase se volvía a encender proporcionando la velocidad necesaria para salir de la influencia de la gravedad terrestre y recorrer los 384.000 kilómetros que les separaban de la Luna.

Tres días después, separada ya de la tercera fase (que, a diferencia de las de la mayoría de otras misiones lunares, que se estrellaban sobre la superficie de la Luna, acabó en órbita heliocéntrica, dando vueltas al Sol), la nave Apolo entró en órbita lunar. Estaban ya a solo 120 kilómetros de la superficie. Mientras Collins permanecía en el módulo de mando Columbia, Armstrong y Aldrin ocupaban sus puestos en el módulo lunar Águila. Cerraron la escotilla que comunicaba los dos módulos y las dos naves se separaron. “¡El Águila tiene alas!”, dijo Armstrong. Comenzaba el momento crucial, pero antes había que comprobar que las varillas que pendían de las patas del módulo lunar estaban bien desplegadas para que pudieran detectar el primer contacto con la Luna. Todo estaba perfectamente, por lo que se inició el descenso. Era el 20 de julio de 1969.

Para bajar a la Luna, lo que tenía que hacer el módulo lunar, básicamente, era frenar y así disminuir su velocidad orbital. Si en la maniobra algún problema hiciera tomar la decisión de cancelar la misión, los astronautas del módulo lunar podían volver a encontrarse con Collins, situado unos kilómetros por encima.

Cuando el Águila se encontraba a unos 10 kilómetros de la superficie sonaron dos alarmas (la 1202 y la 1201) que avisaban de que el ordenador estaba saturado con múltiples operaciones y tenía que priorizarlas. Pasaron unos largos segundos hasta que se comprobó que no eran motivo de cancelación y el descenso podía continuar. Cuando quedaban solo 10 metros, los astronautas pudieron ver por las ventanillas cómo los gases del motor de la etapa de descenso del módulo lunar formaban una nube de polvo. A poco más de metro y medio las sondas de las patas tocaron el suelo y se encendió la luz de contacto. “Contact light”, anunció Buzz Aldrin. El módulo lunar se había posado. Después de unos segundos eternos, Armstrong dijo: “Houston, aquí Base Tranquilidad, el Águila ha aterrizado”. Fue en la estación de NASA de Fresnedillas de la Oliva, en la sierra de Madrid, donde se pudieron escuchar esas palabras por primera vez en la Tierra, y de allí, gracias a un enlace de comunicaciones proporcionado por la Compañía Telefónica Nacional de España, al centro de control de misión en Houston.

Solo quedaba poner la guinda al pastel: salir del módulo lunar y caminar sobre la superficie. 109 horas, 24 minutos y 23 segundos después del lanzamiento del Saturno V, y cuando Neil Armstrong presionaba el polvo lunar con una de sus botas, se pudo escuchar la famosa frase que quedaría grabada en la Historia del Homo sapiens: “Este es un pequeño paso para un hombre, un gigantesco salto para la humanidad.” A los pocos minutos, Aldrin salió a la superficie lunar calificando el paisaje que veía como de una “magnífica desolación”. Después vinieron las fotografías, la recolección de rocas, la instalación de diversos experimentos científicos, la colocación de la bandera y una conversación telefónica con el presidente Nixon. Todo ello en dos horas y media: 2 horas, 31 minutos y 40 segundos, exactamente.

El retorno a la órbita lunar, donde les esperaba Collins, y el regreso a la Tierra transcurrieron de forma rutinaria. Todo lo rutinario que podía ser un regreso así. El 24 de julio el Columbia amerizó en el Pacífico con los tres insignes pasajeros y 20 kg de rocas lunares. Ya en tierra, para asegurarse de que los astronautas no traían patógenos peligrosos, fueron puestos en cuarentena tres semanas.

En noviembre de ese año, otros dos astronautas, Charles Conrad y Alan Bean, volvieron a pisar la Luna con el Apolo 12. La última misión lunar fue la del Apolo 17, en diciembre de 1972. En total 12 hombres han caminado sobre la Luna. El tiempo conjunto que permanecieron suma 300 horas, poco más de 12 días.

Ninguna otra persona ha vuelto. Aparte de ser una aventura muy peligrosa, no existen los condicionantes políticos ni se dispone del dinero para financiar otra gesta similar. Pero mereció la pena. Nuestra civilización había probado, por primera vez, que era capaz de realizar viajes interplanetarios.”.

NOTA: Artículo publicado en el suplemento “Fuera de Serie” del fin de semana del 6 al 7 de julio de 2019. Este suplemento se entrega junto con el diario Expansión y el diario El Mundo.

Agradezco, desde aquí, a “Fuera de Serie” y, en especial, a Víctor Rodríguez su generosa invitación.

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Novedades editoriales sobre el Programa Apolo: tres libros más y un cómic

11 julio 2019

Esto es un no parar. Ya lo decía aquí hace casi dos meses; surge material nuevo casi a diario, con esto de celebrar los cincuenta años del Apolo 11.

OBJETIVO LA LUNA: Testimonios de la carrera espacial. De National Geographic. RBA libros. Recopila una serie de artículos de la época del Programa Apolo, desde 1959 hasta 1969, con una selección de fotografías y gráficos de altísima calidad.

VIAJE A LA LUNA: Curiosidades y hechos fascinantes que aún no conoces. De Montero, Mosquera y Reyero. Editorial Lid. El libro se presenta el próximo día 18 de julio en la Librería Pangea de Madrid. Por tanto, a día de hoy, aún no lo he podido tener entre mis manos, pero parece que no tiene mala pinta a priori.

EN LA MAGNÍFICA DESOLACIÓN: La odisea del Apolo 11 y los misterios de la Luna. De Daniel Valverde. Editorial Guante Blanco.  Otro libro que estoy a la espera de recibir. A priori parece que lucha contra los “conspiranoicos”.

APOLO. De Fitch, Baker y Collins. Norma Editorial. Comic sobre la misión del Apolo 11. Muy bien editado y bastante preciso con relación a los hechos ocurridos, pero sin dejar de ser un cómic.

Por cierto, las editoriales parece que se han puesto de acuerdo con la elección de la fotografía de las portadas…

No descartéis que siga habiendo más novedades. Hay que aprovechar, que luego estaremos meses (o años) de sequía otra vez. 😉

¡Ah! Y gracias a Carlos, Alfonso y Juan por los “chivatazos”.

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Cómo viví el “Hay Vida en martes” sobre la Luna, en el Espacio Fundación Telefónica

5 julio 2019

Ya está colgado el video de la nueva edición de “Hay Vida en martes” sobre los cincuenta años de la llegada del hombre a la Luna por primera vez.

El evento, como sabéis si sois habituales a este blog, está organizado por Espacio Fundación Telefónica en el marco de la exposición “De Madrid a la Luna”, y tuve el honor de participar dado que ejerzo de “comisario” de la exposición.

Mi primer comentario ha de ser para mis compañeros de comida, camerino y escenario: la palentina Eva Villaver que ha escrito un libro maravilloso sobre la Luna y que reseñaremos aquí más adelante. Mi admirado Carlos González Pintado del que tanto he aprendido sobre el Programa Apolo y la Carrera espacial. Jesús Sáez, un auténtico crack, que ha sabido contarnos la vida de Carlos en “El gran salto al abismo” y del que también hablaremos aquí. Y, por último, la directora de orquesta, la simpática y profesional América Valenzuela. Para todos ellos mi gratitud y admiración.

Hay vida en Martes: 50 años en la Luna. 2-julio-2019. Cortesía de Fundación Telefónica. Fotografía de Irene Medina

El segundo comentario ha de ser para toda la gente de Telefónica involucrada para que el evento fuera todo un éxito. Cuidan hasta el último de los detalles y eso es lo que marca la diferencia. Las cosas no son excelentes si no tienes detrás a gente con talento e ilusión por hacer las cosas bien; mi queridísima Reyes, la gran Sara, pero también Andrés, Elena, Silvia, Laura… Gracias.

El otro día también tuve la suerte de conocer a Miguel Ángel, editor del libro de Eva, y comisario de otras exposiciones, del que tengo que aprender tanto. Y de la gente de Next Door Publishers, Nuria y Ohian, que han editado el libro de Jesús y Carlos con un gusto increíble.

No quiero olvidarme de los #martianos. El interés y la ilusión (y la inocencia también, en algún caso astrológica) mostrados son un camino seguro al futuro que tenéis por delante. Un placer haberos conocido y estoy a vuestra disposición.

Hay vida en Martes: 50 años en la Luna. 2-julio-2019. Cortesía de Fundación Telefónica. Dibujo de Enrique Flores.

Otro comentario a parte es para mi tocayo Enrique Flores, el cuadernista, que nos metió a todos en un cómic perfectamente ilustrado y para Irene Medina, la fotógrafa que retrató el evento. Sus fotografías hablan por sí solas.

Finalmente, a todos los que asististeis, tanto presencial como digitalmente. Me han dicho que vinisteis casi 300 personas y se conectaron 69 (Chus, gracias). Espero que os lo pasarais bien y mereciera la pena. Me gustó saludar a mucha gente conocida como Carlos, Juan, el pajarito y a otros a los que conocí allí por primera vez; Rafael, Elena, Pablo, Carlos, Joaquín… El agradecimiento a la familia presente: Iria, Javier y virtual: mis padres, mi hermana, mi cuñado, mis sobrinos

Hay vida en Martes: 50 años en la Luna. 2-julio-2019. Fotografía de Carlos Herranz.

Algunos me habéis dicho que hablé poco o que fui prudente… Bueno, en este tipo de actos, siempre hay alguien que habla más y alguien que habla menos. Lo importante es que lo que se dijera resultara interesante y valioso para los que pudisteis ver el evento. Además, lo bueno si breve, dos veces bueno. 😉

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