Apolo, ¿una nueva estación para el Metro de Madrid?

22 julio 2019

Composición de cómo quedaría el nombre en una boca de Metro. Foto: http://www.comunidad.madrid

¿Por qué no? Estos días se cumplen 50 años de la llegada del ser humano a la Luna por primera vez. España tuvo un papel relevante ayudando a los norteamericanos con las estaciones de NASA de la Red de Vuelos Tripulados (MSFN, en sus siglas en inglés) y con las estaciones de Telefónica en la red NASCOM (NASA Communications). Se ha estimado que cerca de 400 españoles trabajaron y dieron lo mejor de sí para ayudar a lograr ese objetivo que, aunque lo realizaron los norteamericanos, trascendió a los Estados Unidos y se situó como uno de los hitos conseguidos por el Homo sapiens: nuestra civilización podía realizar viajes interplanetarios.

NASA: Antenas españolas (Fresnedillas, Robledo y Maspalomas)

El nombre de Apolo, para una estación de alguna línea nueva del Metro de Madrid, es perfecto porque, aunque era como se conocía a la estación “prime” de NASA, la de Fresnedillas de la Oliva, también era el nombre del Programa espacial que logró aquella gesta, dentro del cual se engloban al resto de estaciones española de las dos redes mencionadas antes.

Histórico catálogo de la estación espacial de Fresnedillas de la época de las misiones Apolo.

Pienso que nombrar una estación del Metro de Madrid como Apolo, también tendría otras ventajas:

  • Ayudaría a generar Marca España “de la buena”, porque se asocia a un evento histórico y tecnológico relevante a nivel mundial.
  • Ayudaría a cohesionar a distintas regiones de España: Madrid, Canarias y Ávila (por la estación de Cebreros).

Telefónica: Antenas Intelsat – NASCOM para el Programa Apolo. Fotos: cortesía de Telefónica.

Las líneas del Metro de Madrid constan de estaciones, por lo que el nombre de “Estación Apolo” es perfecto. Además, la estación se podría decorar con paneles informativos y fotografías de todas las estaciones de seguimiento.

Hoy sale en las noticias que Madrid va a empezar el nuevo proyecto urbanístico en la zona norte.  Según parece, está pensado que se construyan nuevas líneas de Metro a lo mejor es buena idea nombrar una de esas nuevas estaciones como “Estación Apolo”. ¿Por qué no?

Si te gusta la iniciativa, te invito a que firmes una petición en Change.org.

 

Muchas gracias por adelantado.

ANOTACIONES RELACIONADAS:
Anuncios

Mr. Gorsky cumple 10 años

21 julio 2019

Hace diez años y algunos días, aprovechando la cercanía del cuarenta aniversario del Apolo 11, me estuvo rondando por la cabeza el montar un blog. Enseguida compartí aquella idea con mi gran amigo Luisma que no tardó en unirse al proyecto. Todo era muy simple: escribir sobre lo que nos gustaba, sobre lo que nos gusta, para pasarlo bien y seguir aprendiendo por el camino. Fueron pasando los días, las semanas, los meses y hasta los años y aunque Luisma dejó de escribir (se está tomando un descanso largo ;-)) el blog no dejó de faltar a la cita con vosotros, con los que nos leéis, al menos una vez cada mes.

Aquel contenido inicial, más o menos genérico, acabó derivando en lo que es hoy: una especialización sobre el Programa Apolo y la Carrera espacial en general.

¿Por qué Mr. Gorsky? Buscamos algo divertido y relacionado con el Programa Apolo, aunque se tratara de una leyenda urbana. Como tampoco teníamos muy claro si esto del blog iba a durar mucho tiempo, tampoco le dimos mayor importancia. Hoy sería distinto y buscaríamos un nombre más fácil de pronunciar y de escribir, pero bueno las cosas fueron así y ahora no lo vamos a cambiar.

En los recientes eventos en los que participado (la exposición “De Madrid a la Luna” de la Fundación Telefónica, la conferencia en el Ateneo de Santander sobre la participación española en el Programa Apolo, el “Hay vida en Martes”) he podido comprobar cuanta gente sigue el blog. Algo que me sigue sorprendiendo todavía hoy. Así que muchísimas, muchísimas, muchísimas gracias.

Espero que podamos seguir otros diez años más y que tanto vosotros como nosotros sigamos divirtiéndonos con este contenido.

Hace 50 años el Hombre pisó la Luna por primera vez, hace 10 se fundó este blog y si Dios quiere, como se suele decir, dentro de poco nacerá alguien muy especial para mí. Espero que dentro de 10 años podamos volver a repasar cómo nos ha ido en los próximos 10 años.

¡Gracias a todos de corazón y Godspeed!


Poco se habla del papel de Collins en el Apolo 11

20 julio 2019

El asturiano Joaquín Pajarón hace hincapié en el papelón que tuvo que soportar Michael Collins en la misión del Apolo 11, la primera que llegó a la superficie lunar.

Sin duda tenía que haber bajado a la Luna y haber hecho un ángel… ;-P

ANOTACIONES RELACIONADAS:

No lo quería ver ni en pintura…

19 julio 2019

Detalle del Guernica (Picasso). Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.

Para mí no significa nada, no tengo opinión y no me importa.

Picasso sobre el Apolo 11 (visto en la revista Historia y Vida).


50 años del Apolo 11: un gigantesco salto para la humanidad

16 julio 2019

Y llegó el momento de la verdad. El Apolo 10, la misión previa, había sido un éxito total. Ya no había vuelta atrás. La humanidad, encarnada en tres hombres, intentaría pisar la Luna por primera vez. Si no lo conseguían por cualquier motivo, pero, sobre todo, si lo lograban, sus nombres quedarían grabados para siempre en el listado de protagonistas de los hitos conseguidos por el Homo sapiens: Neil Armstrong, Edwin Buzz Aldrin y Michael Collins.

Tripulación del Apolo 11: Armstrong (izq.), Collins (centro) y Aldrin (dcha.).

El Apolo 11 comenzó el 16 de julio de 1969 con el lanzamiento del Saturno V a las 9:32 am, hora local de Florida. Cuatro días después, durante la noche del 20 de julio, el módulo lunar tocó la superficie de nuestro satélite. Enseguida los dos astronautas, Armstrong y Aldrin, salieron a la superficie metidos, eso sí, dentro de sus trajes espaciales. Permanecieron allí fuera dos horas y media, regresando a la Tierra el día 24 de julio (para conocer un poco mejor sobre los pormenores de la misión, os enlazo el artículo que publiqué en el suplemento “Fuera de Serie” de los diarios Expansión y El Mundo el fin de semana del 6 y 7 de julio de 2019).

Lanzamiento del Apolo 11 por un cohete Saturno V (16 julio 1969).

El indicativo de llamada elegido para el módulo de mando fue “Columbia” y para el módulo lunar “Águila” (Eagle en inglés). Michael Collins afirmó en su momento que le gustaba el nombre de Columbia por su relación con el nombre de Colón, el descubridor de América.  Otros, sin embargo, quisieron relacionarlo con el “Columbiad”, el cañón imaginado por Julio Verne para lanzar a unos astronautas hacia la Luna en su novela “De la Tierra a la Luna”. El nombre del Águila vino por el emblema de la misión. Ahí se quiso representar al ave nacional de los Estados Unidos. El Columbia, la única parte de la nave que regresó a la Tierra, se puede admirar desde entonces en el grandioso Museo Nacional del Aire y el Espacio de Estados Unidos situado en la ciudad de Washington D.C.

El Columbia en el Museo del Aire y del Espacio (EE.UU.). Foto cortesía: Smithsonian Institution, National Air and Space Museum.

Actualmente, solo Buzz Aldrin y Michael Collins siguen vivos. Desgraciadamente el primer hombre que puso el pie en la Luna falleció hace ya casi siete años.

Cuentas de Aldrin y Collins en Twitter.

La red de seguimiento de naves espaciales tripuladas (MSFN en sus siglas en inglés), apoyada por la red del espacio profundo (DSN, también en sus siglas en inglés), se preparó a su máxima capacidad. El lanzamiento y las operaciones en órbita terrestre eran soportadas por las estaciones con las antenas de 30 pies (9 metros) de diámetro. En España, la estación de NASA en Maspalomas (Gran Canaria) era la encargada de confirmar que el lanzamiento del Saturno V había transcurrido bien. Cuando la nave Apolo se encontraba, aproximadamente, a una altitud de 16.000 kilómetros, las tres antenas principales de 26 metros de diámetro, separadas 120 º unas de otras, tomarían el control del seguimiento. La antena “prime” en Fresnedillas de la Oliva (Madrid) era la encargada de realizar esta función desde suelo español. Pero no estaría sola, a pocos kilómetros de Fresnedillas se encontraba la estación de NASA para el espacio profundo, en Robledo de Chavela, cuya antena actuaba de reserva de la “prime” en caso de emergencia, pero también, seguiría al módulo de mando y de servicio, con Collins dentro, cuando se separase del módulo lunar Eagle en la Luna y hasta el regreso de éste desde la superficie de nuestro satélite. Según el informe de NASA “Network Controller’s Mission Report for Apolo 11”, se puede comprobar que Fresnedillas (MAD) estuvo soportando la misión durante 87 horas y 2 minutos, Robledo (MADX) 85 horas y 56 minutos y Maspalomas (CYI) 76 horas y 75 minutos. Además, Fresnedillas estuvo controlando el descenso a la superficie lunar, recibiéndose allí, por primer vez en la Tierra, la famosa frase de Neil Armstrong: “El Águila ha aterrizado” (The Eagle has landed, en inglés).

NASA: Antenas españolas (Fresnedillas, Robledo y Maspalomas)

Todos los datos, la voz y las imágenes de televisión que se enviaban desde la nave y los astronautas y que se recogían en las estaciones de la red MSFN, se reenviaban al centro de control de misión de Houston (EE. UU.) mediante la red NASCOM (NASA Communications). Para las estaciones españolas de Canarias y Madrid, era Telefónica (CTNE en aquel entonces) la encargada de suministrar ese enlace. El enlace principal se realizaba a través de dos estaciones de comunicaciones vía satélite situadas en Maspalomas (para dar soporte a la estación de NASA allí) y Buitrago del Lozoya (para dar soporte a las estaciones de NASA en la sierra de Madrid). Ambas estaciones se conectaban con Andover, en Estados Unidos, a través de un satélite INTELSAT situado sobre el Océano Atlántico. Además, las dos estaciones de Telefónica estaban, a su vez, interconectadas (gracias a un cable submarino entre las Islas Canarias y la Península) con el fin de reconducir los tráficos en caso de ocurrir alguna incidencia.

Detalle de las conexiones de la red NASCOM entre España y EE.UU para el Apolo 11

Pero ¿qué pasaba si las estaciones funcionaban bien pero el satélite de comunicaciones sobre el Atlántico era el que fallaba? Pues eso es lo que ocurrió el 29 de junio, diecisiete días antes del lanzamiento del Apolo 11. El satélite INTELSAT III-F2 falló y quedó inutilizado. Había que buscar, por tanto, otras rutas secundarias para redireccionar todo el tráfico de datos, voz y televisión que se recibiría en Fresnedillas. Las reglas de la misión eran claras (Sección 4 – Ground Instrumentation Requirements): si no se conseguían asegurar las comunicaciones de la red, el lanzamiento se tenía que suspender y la oportunidad de ir a la Luna, antes de que acabara la década de los años 60 como había profetizado el presidente Kennedy, se perdería probablemente. En aquella época se necesitaba una señal digital multiplexada de 48 kilobits para poder trasmitir a la vez los distintos canales de voz y datos. Se propuso como solución utilizar de nuevo el primer satélite comercial de comunicaciones del Mundo (llamado Early Bird o Pájaro del Alba ó INTELSAT I), lanzado en 1965. El problema era que no se confiaba en que la estación de Telefónica de Buitrago fuera capaz de comunicarse con él dado que las baterías del satélite estaban ya muy debilitadas y solo era capaz de emitir una débil señal. De hecho, eso fue lo que ocurrió: el enlace entre Buitrago y el corresponsal al otro lado del Atlántico, a través del Early Bird, tenía mucho ruido y por tanto poca calidad. La otra solución posible era negociar, a toda prisa, enlaces con otras compañías telefónicas para buscar una ruta alternativa a través de otros circuitos. Se movilizó a personal de Telefónica y de ITT puesto que este tipo de trámites y conexiones requerían de su tiempo. Cuando quedaban 2 horas y 7 minutos para el lanzamiento del Apolo 11 en Cabo Cañaveral, Guenter Wendt, el jefe de la plataforma de lanzamiento, daba la orden para cerrar la escotilla del Columbia con los tres astronautas ya preparados en su interior. Dos minutos después, cuando quedaban 2 horas y 5 minutos, se consiguió juntar todos los circuitos secundarios (y una docena de cables submarinos bajo el Atlántico) que garantizaban los 48 kilobits de señal. El jefe de la red trasmitió el GO inmediatamente a Control de Misión. La histórica misión podía continuar, muy pocos, sin embargo, conocían lo que había estado pasando en esos días previos.

Telefónica: Antenas Intelsat – NASCOM para el Programa Apolo. Fotos: cortesía de Telefónica.

Dando un repaso a las hemerotecas de algunos periódicos de entonces, vemos que diez días antes del lanzamiento ya se empezaban a redactar informaciones, comentarios y noticias. La agencia EFE, la agencia Cifra, Europa Press, Pyresa, con sus enviados especiales a Houston, Cabo Cañaveral, Washington, Nueva York, Fresnedillas, Maspalomas, no paraban de enviar sus crónicas.  En los días previos al alunizaje, muchos de los medios trasmitían la preocupación sobre la coincidencia del Apolo 11 con la sonda soviética Luna 15 y las posibles interferencias que pudieran dar al traste con la histórica misión norteamericana. El lunes 21 de julio no hubo periódicos en España, por lo que se tuvo que esperar al martes 22 para leer todas las noticias relacionadas con el alunizaje. La apoteosis de aquellos días se trasladó a los medios escritos. Podemos ver, incluso, artículos profetizando ya la llegada del hombre a Marte en los siguientes años sin olvidar tampoco cómo se resaltó la participación española a través de las estaciones de NASA y de la red de Telefónica. Dos curiosidades más reflejadas en los periódicos: la cantidad de municipios que pusieron los nombres de los tres astronautas a alguna de sus calles y los anuncios de multitud de empresas aprovechando el tirón lunar.

Fotografía de Buzz Aldrin tomada en la Luna por su Neil Armstrong (Apolo 11).

Pero volviendo a la misión: el Apolo 11 había hecho historia. El reto lanzado por John F. Kennedy, ocho años antes, se había cumplido: los norteamericanos eran justos ganadores de la carrera espacial. Pero lo más importante: se acababa de demostrar que nuestra civilización podía realizar viajes interplanetarios. Además, aquellos días del verano de 1969, toda la humanidad pareció ser un único género humano con un espíritu común.

La tripulacion del Apolo 11 en Nueva York (Agosto 1969).

La aventura no acabó ahí. De hecho, quizás, empezaba de verdad. Otros tres hombres; Charles Conrad, Alan Bean y Richard Gordon se preparaban ya con el Apolo 12 para repetir la gesta de Armstrong, Aldrin y Collins en el mes de noviembre.

Godspeed, Apollo 11!


Dos horas y media en la Luna, el artículo en el suplemento “Fuera de Serie”

13 julio 2019

Fuera de Serie (6 y 7 de julio 2019). Expansión y El Mundo.

“A las 9:32 a.m. del 16 de julio de 1969, los cinco motores F-1 del Saturno V rugían enérgicamente para emprender su vuelo hacia la Luna. Capaces de bombear más de 12.000 litros por segundo, eran los más potentes construidos hasta la fecha. Los cañaverales de la costa de Florida estaban atestados de gente que no quería perderse el momento histórico profetizado por Kennedy ocho años antes.

En lo alto del cohete, dentro del módulo de mando de la nave Apolo, iban tres astronautas: el comandante Neil Armstrong, el piloto del módulo lunar Edwin “Buzz” Aldrin y el piloto del módulo de mando Michael Collins. Solo los dos primeros intentarían bajar a la superficie de la Luna, dentro del módulo lunar, cuatro días más tarde. Sería la primera vez en la Historia. Era la misión número 11 del Programa Apolo.

A los 2 minutos y 42 segundos, la primera fase del cohete se separaba, caía al Atlántico, 66 kilómetros más abajo, y se encendía la segunda, que permitiría llegar a los 187 kilómetros de altitud. Los alcanzó solo nueve minutos después del lanzamiento. No quedaba más que un último empujón de tres minutos, pero antes el cohete tenía que desprenderse de la segunda fase, que también caería al Atlántico, encendiéndose la tercera y última. Doce minutos después del lanzamiento, el Saturno V alcanzó la órbita terrestre a unos 190 kilómetros de altitud. Esta fase se controlaba y confirmaba desde la estación terrestre que NASA, en colaboración con el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), había instalado en las Islas Canarias. Comprobado que la nave y sus tripulantes se encontraban bien, la tercera fase se volvía a encender proporcionando la velocidad necesaria para salir de la influencia de la gravedad terrestre y recorrer los 384.000 kilómetros que les separaban de la Luna.

Tres días después, separada ya de la tercera fase (que, a diferencia de las de la mayoría de otras misiones lunares, que se estrellaban sobre la superficie de la Luna, acabó en órbita heliocéntrica, dando vueltas al Sol), la nave Apolo entró en órbita lunar. Estaban ya a solo 120 kilómetros de la superficie. Mientras Collins permanecía en el módulo de mando Columbia, Armstrong y Aldrin ocupaban sus puestos en el módulo lunar Águila. Cerraron la escotilla que comunicaba los dos módulos y las dos naves se separaron. “¡El Águila tiene alas!”, dijo Armstrong. Comenzaba el momento crucial, pero antes había que comprobar que las varillas que pendían de las patas del módulo lunar estaban bien desplegadas para que pudieran detectar el primer contacto con la Luna. Todo estaba perfectamente, por lo que se inició el descenso. Era el 20 de julio de 1969.

Para bajar a la Luna, lo que tenía que hacer el módulo lunar, básicamente, era frenar y así disminuir su velocidad orbital. Si en la maniobra algún problema hiciera tomar la decisión de cancelar la misión, los astronautas del módulo lunar podían volver a encontrarse con Collins, situado unos kilómetros por encima.

Cuando el Águila se encontraba a unos 10 kilómetros de la superficie sonaron dos alarmas (la 1202 y la 1201) que avisaban de que el ordenador estaba saturado con múltiples operaciones y tenía que priorizarlas. Pasaron unos largos segundos hasta que se comprobó que no eran motivo de cancelación y el descenso podía continuar. Cuando quedaban solo 10 metros, los astronautas pudieron ver por las ventanillas cómo los gases del motor de la etapa de descenso del módulo lunar formaban una nube de polvo. A poco más de metro y medio las sondas de las patas tocaron el suelo y se encendió la luz de contacto. “Contact light”, anunció Buzz Aldrin. El módulo lunar se había posado. Después de unos segundos eternos, Armstrong dijo: “Houston, aquí Base Tranquilidad, el Águila ha aterrizado”. Fue en la estación de NASA de Fresnedillas de la Oliva, en la sierra de Madrid, donde se pudieron escuchar esas palabras por primera vez en la Tierra, y de allí, gracias a un enlace de comunicaciones proporcionado por la Compañía Telefónica Nacional de España, al centro de control de misión en Houston.

Solo quedaba poner la guinda al pastel: salir del módulo lunar y caminar sobre la superficie. 109 horas, 24 minutos y 23 segundos después del lanzamiento del Saturno V, y cuando Neil Armstrong presionaba el polvo lunar con una de sus botas, se pudo escuchar la famosa frase que quedaría grabada en la Historia del Homo sapiens: “Este es un pequeño paso para un hombre, un gigantesco salto para la humanidad.” A los pocos minutos, Aldrin salió a la superficie lunar calificando el paisaje que veía como de una “magnífica desolación”. Después vinieron las fotografías, la recolección de rocas, la instalación de diversos experimentos científicos, la colocación de la bandera y una conversación telefónica con el presidente Nixon. Todo ello en dos horas y media: 2 horas, 31 minutos y 40 segundos, exactamente.

El retorno a la órbita lunar, donde les esperaba Collins, y el regreso a la Tierra transcurrieron de forma rutinaria. Todo lo rutinario que podía ser un regreso así. El 24 de julio el Columbia amerizó en el Pacífico con los tres insignes pasajeros y 20 kg de rocas lunares. Ya en tierra, para asegurarse de que los astronautas no traían patógenos peligrosos, fueron puestos en cuarentena tres semanas.

En noviembre de ese año, otros dos astronautas, Charles Conrad y Alan Bean, volvieron a pisar la Luna con el Apolo 12. La última misión lunar fue la del Apolo 17, en diciembre de 1972. En total 12 hombres han caminado sobre la Luna. El tiempo conjunto que permanecieron suma 300 horas, poco más de 12 días.

Ninguna otra persona ha vuelto. Aparte de ser una aventura muy peligrosa, no existen los condicionantes políticos ni se dispone del dinero para financiar otra gesta similar. Pero mereció la pena. Nuestra civilización había probado, por primera vez, que era capaz de realizar viajes interplanetarios.”.

NOTA: Artículo publicado en el suplemento “Fuera de Serie” del fin de semana del 6 al 7 de julio de 2019. Este suplemento se entrega junto con el diario Expansión y el diario El Mundo.

Agradezco, desde aquí, a “Fuera de Serie” y, en especial, a Víctor Rodríguez su generosa invitación.

ANOTACIONES RELACIONADAS:

Novedades editoriales sobre el Programa Apolo: tres libros más y un cómic

11 julio 2019

Esto es un no parar. Ya lo decía aquí hace casi dos meses; surge material nuevo casi a diario, con esto de celebrar los cincuenta años del Apolo 11.

OBJETIVO LA LUNA: Testimonios de la carrera espacial. De National Geographic. RBA libros. Recopila una serie de artículos de la época del Programa Apolo, desde 1959 hasta 1969, con una selección de fotografías y gráficos de altísima calidad.

VIAJE A LA LUNA: Curiosidades y hechos fascinantes que aún no conoces. De Montero, Mosquera y Reyero. Editorial Lid. El libro se presenta el próximo día 18 de julio en la Librería Pangea de Madrid. Por tanto, a día de hoy, aún no lo he podido tener entre mis manos, pero parece que no tiene mala pinta a priori.

EN LA MAGNÍFICA DESOLACIÓN: La odisea del Apolo 11 y los misterios de la Luna. De Daniel Valverde. Editorial Guante Blanco.  Otro libro que estoy a la espera de recibir. A priori parece que lucha contra los “conspiranoicos”.

APOLO. De Fitch, Baker y Collins. Norma Editorial. Comic sobre la misión del Apolo 11. Muy bien editado y bastante preciso con relación a los hechos ocurridos, pero sin dejar de ser un cómic.

Por cierto, las editoriales parece que se han puesto de acuerdo con la elección de la fotografía de las portadas…

No descartéis que siga habiendo más novedades. Hay que aprovechar, que luego estaremos meses (o años) de sequía otra vez. 😉

¡Ah! Y gracias a Carlos, Alfonso y Juan por los “chivatazos”.

ANOTACIONES RELACIONADAS: