50 años del Apolo 12: se repite la machada

14 noviembre 2019

Cuando Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins regresaron de su viaje a la Luna en julio de 1969, demostraron que el ser humano podía realizar viajes interplanetarios. Esa certeza significaba ya que la aventura era posible. En el fondo, era el pistoletazo de salida para la exploración real de la Luna. Y para seguir haciendo Historia con mayúsculas. Cuatro meses después, en noviembre, llegaba el turno para Charles “Pete” Conrad, Alan Bean y Richard Gordon.

Tripulación del Apolo 12. De izq. a dcha: Charles Conrad, Richard Gordon y Alan Bean. Fotografía: AP12-KSC-69PC-621.

El objetivo principal que debía cumplir la misión del Apolo 12 era aterrizar en la Luna de forma precisa, es decir, en un lugar predeterminado. Algo que el Apolo 11 no pudo conseguir ya que alunizó a casi seis kilómetros del sitio inicialmente previsto. Esta vez se escogió un lugar en el Océano de las Tormentas, concretamente a escasos metros de donde se había posado la sonda Surveyor 3 en abril de 1967.

Momento en el que un rayo golpea la torre de lanzamiento durante el despeque del Apolo 12. Foto: AP12-S69-60068.

El Apolo 12 fue lanzado desde Cabo Cañaveral el 14 de noviembre y se puede afirmar que fue una misión casi perfecta. Aunque estuvo a punto de fracasar desde el mismo inicio de esta puesto que un par de rayos impactaron sobre el Saturno V durante la fase de lanzamiento haciendo que los paneles de navegación del módulo de mando se apagasen. En momentos así es cuando se justifica la elección de ciertos astronautas para llevar a cabo ciertas misiones. Sino hubiera sido por los nervios de acero de Conrad, junto con las tablas de Gordon y Bean, la misión se hubiera abortado provocando un gran perjuicio al Programa Apolo. Aunque, para ser justos también, la ayuda que recibieron desde el Control de misión en Houston para solventar ese momento crítico fue definitiva: John Aaron, el controlador EECOM, sugirió rápidamente “que prueben SCE a Auxiliar” (“Try SCE to Aux” en inglés) orden que arregló el problema “milagrosamente”.

Pete Conrad saliendo del LEM para pisar la superficie lunar. Fotón: AS12-46-6717.

A parte de conseguir el objetivo de aterrizar a unos 200 metros de la Surveyor 3, la misión del Apolo 12 fue la primera en realizar dos actividades extravehiculares (EVA en sus siglas en inglés) de casi cuatro horas cada una. En esas EVAs se instaló, por primera vez, un conjunto de experimentos e instrumentos científicos denominado ALSEP (Apollo Lunar Surface Experiments Package), así como otra bandera los Estados Unidos. En la pata de la etapa de descenso del módulo lunar se dejó una placa sin ninguna frase como si ocurrió en el Apolo 11, solo la fecha y los nombres y las firmas de los astronautas. En la Luna se recolectaron 34,5 Kg de rocas y se cogió la cámara de televisión de la Surveyor 3 para estudiarla posteriormente en la Tierra.  En total Pete Conrad y Alan Bean permaneciendo en la Luna 31 horas y 31 minutos.

Charles Conrad examinando la Surveyor 3 durante la segunda EVA. Foto: AS12-48-7136.

Entre los logros de esta misión, no quiero olvidar tampoco mencionar que el Apolo 12 viajó en una trayectoria híbrida, no de retorno libre. Esto se decidió por varias razones, entre ellas para que la antena de seguimiento de Goldstone (EE. UU) de 64 metros (210 pies) de diámetro pudiera controlar el descenso y aterrizaje en la Luna. A cambio se sacrificaba la seguridad, por lo que, si hubiera habido un problema grave con los motores de la nave, los astronautas no hubieran podido regresar directamente a la Tierra. La importancia de esto se demostró clave en la siguiente misión, la del Apolo 13.

Placa dejada por el Apolo 12 en una de las patas de la etapa de descenso del módulo lunar Intrepid.

Otro dato curioso de esta misión es que, durante el regreso a casa, los astronautas del Apolo 12 tuvieron la suerte de ser los primeros hombres en ver a la Tierra eclipsando al Sol.

También al regreso, los astronautas tuvieron que pasar 21 días de cuarentena.

El indicativo de llamada elegido para el módulo de mando y de servicio fue Yankee Clipper y para el módulo lunar el de Intrepid. Nombres puestos por los trabajadores de las fábricas de esas dos naves. El módulo de mando Yankee Clipper se exhibe actualmente en el Museo del aire y el espacio de Virginia (Virginia Air & Space Center) de Hampton (Virginia).

Módulo de mando Yankee Clipper en el Museo del Aire y el Espacio de Virginia (EE.UU.).

Desgraciadamente, ninguno de los tres astronautas sigue vivo. Conrad, el comandante, falleció en 1999 por una hemorragia interna tras sufrir un accidente de moto. Gordon murió en 2017 y Alan Bean, el piloto del módulo lunar, nos dejó en 2018.

Apolo 12 (Intrepid) en la Luna. A la derecha se observa la antena de Banda-S. Foto: AS12-47-6988.

La configuración de la red de seguimiento de vuelos tripulados (MSFN en sus siglas en inglés) se amplió, no solo con la antena de 64 metros de Goldstone antes mencionada, sino también con otra antena en Parkes (Australia) con el objetivo de mejorar la cobertura de televisión en la Luna. En general la red funcionó perfectamente. Como pequeña anécdota reflejada posteriormente en el informe de la misión, hay que destacar que después de la primera EVA, se detectó un tono de 2 KHz en las comunicaciones aire-tierra recibidas a través del canal de voz de respaldo del módulo lunar. Parece ser que ese tono se generó en algún equipo de la estación de Fresnedillas (Madrid prime) y posteriormente se enviaba hacia el módulo lunar por el enlace uplink que a su vez era retransmitido al transpondedor de tierra.

Configuración de la red NASCOM para el Apolo 12. Se puede ver que sobre el Océano Atlántico había dos satélites INTELSAT operando.

¿Y qué pasó con la red NASCOM? Recordamos que esta red mundial estaba formada por multitud de circuitos telefónicos, cables submarinos, enlaces de microondas, satélites de comunicaciones, etc, que trasmitían los datos recogidos en las estaciones de la red MSFN al control de misión en Houston. Como ya contamos en este blog, unos días antes del lanzamiento del Apolo 11, el enlace principal entre las estaciones de NASA en España (a través de la estación de Telefónica en Buitrago) y Estados Unidos se perdió. La antena del satélite Intelsat III-F2, situado sobre sobre Brasil, falló y quedó inutilizado para dar servicio al Apolo 11. Sin embargo, el satélite se recuperó parcialmente en agosto de ese mismo año, permitiendo trasmitir unos circuitos de voz. Por tanto, para la misión del Apolo 12, se podía volver a contar con él. No obstante, como no era suficiente, también se tuvo que utilizar el otro satélite operativo que había sobre el Océano Atlántico: el Intelsat II-F3 o Canary bird (Canario).

El Intrepid visto desde el Yankee Clipper descendiendo a la superficie lunar. Foto: AS12-51-7507.

Si el Apolo 12 logró un aterrizaje preciso fue gracias, en parte, al excelente comportamiento de la red MSFN y NASCOM la cual permitió trasmitir y recibir instantáneamente los datos entre el módulo lunar y el Centro del control de misión en Houston. Una gran parte de esos datos se procesaron con el nuevo programa informático del LEM (llamado “Lear Processor” en honor a su inventor, el ingeniero William M. Lear) para ir corrigiendo los errores de navegación en el descenso del Intrepid a la Luna. Con el nuevo comando “Noun 69” (Nombre 69), los astronautas podían actualizar las coordenadas del lugar de aterrizaje en base a los datos que recibían de la red MSFN y todo ello en tiempo real.

Apollo experience report – Mission planning for lunar module descent and descent – junio 1972.pdf

Los periódicos españoles de la época ya informaban sobre la misión unos días antes del lanzamiento. El día 13 lo que preocupaba era si la avería detectada en uno de los depósitos de hidrógeno líquido podría hacer que se aplazara el lanzamiento. Al día siguiente, Europa Press reseñaba el papel de la estación de Fresnedillas y su enlace con Houston a través del satélite Intelsat operado por Telefónica desde su estación de Buitrago del Lozoya. El día 15, en el ABC, el enviado especial a Fresnedillas, Antonio Alférez, reflejaba en su crónica que había podido ver el lanzamiento “a través de una pantalla de TV en color”. Alférez también se percató que la segunda misión a la Luna ya no despertaba tanto interés entre el público puesto que “apenas hemos venido unos pocos periodistas en comparación con la legión llegada con el Apolo 11”. La agencia Cifra informaba también de los contactos hechos entre la estación de Maspalomas y los astronautas durante la primera fase de la misión. El 18 de noviembre, el ABC informaba de que los equipos de astrofotografía de la Agrupación Astronómica de Sabadell habían podido fotografiar, con mucha calidad, “el cúmulo de gas desprendido por el Apolo 12 al iniciar su recorrido translunar”. Al parecer esta Agrupación colaboraba con NASA dentro de la red internacional de vigilancia lunar.

Portadas del diario ABC relacionadas con la misión Apolo 12.

Los periódicos canarios, en especial El Eco de Canarias, cubrían también la misión, centrándose muchas veces en contar lo que pasaba desde la estación de Maspalomas. Antonio-Román Rodríguez del Pino enviaba sus crónicas telefónicas, sin embargo, desde la estación de “Robledo de Chavela”. La agencia Pyresa informaba, el día 19, que TVE iba a emitir en directo un par de programas sobre la llegada del Apolo 12 a la Luna.

El Eco de Canarias informando el 20 de noviembre de 1969 sobre la llegada del Apolo 12 a la Luna. (Página 2).

La segunda misión lunar llegaba a su fin. Dos hombres más habían podido pisar de nuevo la superficie de la Luna y traerse con ellos un legado científico de primer orden. Y hacerlo, además, con una gran camaradería, compañerismo y dosis de buen humor. Alan Bean, el cuarto hombre en pisar la Luna, era un gran aficionado a la pintura. En honor a sus compañeros de misión, pintó una serie de cuadros bajo el título de “Buddies forever” (Amigos para siempre) en las que reflejaba su estancia en la Luna. Sin embargo, pintó uno que tituló “The fantasy” (La fantasía) en el que situó a Richard Gordon, el astronauta que se quedó orbitando la Luna dentro del Módulo de mando, sobre la Luna junto con Pete Conrad y el mismo.

Cuadro: Fantasy (Fantasia). Autor: Alan Bean.

Parecía que los Estados Unidos tenía dominadas todas las técnicas y procedimientos para ir y volver a la Luna con astronautas. La ilusión y euforia del Apolo 11 y 12 se empezaban a diluir. En abril de 1970, cinco meses después del Apolo 12, le tocaría el turno al Apolo 13. Pura rutina ya… ¿O quizás no?

Godspeed, Apollo 12!


El regalo del Apolo, por Carl Sagan

9 noviembre 2019

Hoy, 9 de noviembre de 2019, Carl Sagan hubiera cumplido 85 años y por ese motivo queremos recordar el texto (El regalo del Apolo) que escribió sobre la importancia y significación que tuvo el Programa Apolo para la humanidad.

El artículo se publicó originariamente en la revista Parade pero luego, en 1994, se añadió como un capítulo del libro de Sagan “Un punto azul pálido: Una visión del futuro humano en el espacio”. El texto combina el optimismo de Carl Sagan por la tecnología (como se evidenció en las misiones Apolo) con la amenaza para el futuro de la humanidad por un mal uso de esta.

En la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos se puede ver el documento original, corregido a mano por el propio Sagan.

Sea cual fuera la razón que puso en marcha el Programa Apolo y con independencia de lo comprometido que se hallara con el nacionalismo de la Guerra Fría y con los instrumentos de la muerte, el ineludible reconocimiento de la unidad y fragilidad de la Tierra constituye su claro y luminoso dividendo, el inesperado regalo final del Apolo.

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La charla en Quixote Innovation y una breve reflexión

21 octubre 2019

El pasado viernes 27 de septiembre Joaquín González, el presidente y promotor de Quixote Innovation, me invitó (en realidad “me lió”) a impartir un par de conferencias en Valdepeñas (Ciudad Real). 😊

Os dejo a continuación el video de la segunda, la que di por la tarde en el maravilloso Museo del vino de la ciudad manchega. Solo por visitarlo ya merece la pena acercarse hasta allí.

La primera charla la impartí en el IES Gregorio Prieto para los chavales del instituto y fue parecida a la del video, aunque un poco más divulgativa y menos técnica.

Tengo que decir que la experiencia vivida ese fin de semana fue de las que no se olvidan y no tanto por las dos charlas en sí, que por supuesto, sino por lo que descubrí sobre lo que está haciendo Quixote Innovation.

Quixote Innovation es una iniciativa privada liderada por Joaquín e Isa. Dos personas que se gastan su tiempo y dinero en ofrecer una alternativa de futuro, basada en la innovación y la transformación digital, a personas y negocios de la zona. Y lo mejor de todo es que parece que funciona. Están generando mucho interés como pude comprobar yo mismo durante el fin de semana que pasé con ellos. Los temas, actividades y gente que están consiguiendo que se acerquen hasta allí dan prueba de ello también. Por ejemplo, y ya aprovecho para publicitarlo, el próximo viernes 25 de octubre, va a estar en Valdepeñas la Dra. Alicia Sintes explicando las ondas gravitacionales. Un auténtico lujo.

Alicia Sintes – Valdepeñas – 25 de octubre (viernes) a las 20:30h.

Y ya digo, que todo esto lo hacen con su propio esfuerzo y por amor al arte. Es inevitable pensar que si está iniciativa tuviera más apoyo, los resultados para el beneficio general serían inmediatos. Es cierto que, de momento, detrás de Quixote Innovation hay una serie de patrocinadores (como Bodegas ArÚspide, Quesería Mendoza, Ajos Garrido) y colaboradores que ponen su granito de arena, pero hacen falta más. Muchos más.

Con estas líneas, animo a todos los interesados en cómo mejorar las cosas a través de la innovación y la transformación digital, que sigan las actividades de Quixote Innovation de cerca.

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Entrevista a Luis Ruiz de Gopegui del año 2004

4 septiembre 2019

Recuperamos esta entrevista, de 2004, a nuestro admirado Luis Ruiz de Gopegui realizada por Isabel Quiñones Vázquez para el programa gallego “Rumbo al cosmos”, y que ha compartido en su canal de YouTube la propia periodista.

(Primera parte).

(Segunda parte).

(Tercera parte).

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Las mil caras de la Luna

22 agosto 2019

Las mil caras de la Luna. Autora: Eva Villaver. Edición: Miguel A. Delgado. Editorial: HarperCollins. Año: 2019. 205 páginas. ISBN: 978-84-9139-368-9.

Tengo que reconocer que leyendo este libro de la simpática astrofísica palentina Eva Villaver, me ha sacado un poco del “monotema Apolo 11” de estas últimas semanas en las que se cumplían 50 años de aquella gesta humana. Y es que, aunque no me he ido de la Luna, si me ha ayudado a poner el foco en otros aspectos distintos a los puramente históricos o técnicos en los que suelo moverme cuando miro hacía ella.

Eva, a la que tuve el gusto de conocer cuando compartimos el “Hay vida en martes” que organizó Fundación Telefónica sobre la llegada del ser humano a la Luna por primera vez, es capaz de mostrarnos la cara oculta de la Luna, lo que ha estado muchas veces escondido, o al menos, esas pequeñas historias (y no tan pequeñas) que pasan desapercibidas pero que, en realidad, siempre han estado ahí, porque como dice el subtítulo de esta obra; no tenemos que regresar a la Luna, porque siempre hemos estado allí.

De todas las historias que me ha descubierto Eva, algunas de las que marqué con un lápiz en el lateral del libro son: de donde viene el bello nombre del mar de la Tranquilidad, su crítica al esoterismo pseudocientífico y al método Velikovski de hoy en día, la explicación del viento haciendo uso del reguetón y la música clásica y la alergia, o más bien rinitis, que puede provocar la Luna, la cual tiene una ligera atmósfera que podría caber casi toda ella en un camión de 24 toneladas…

La Luna siempre ha estado presente para el ser humano y hasta que pudimos llegar a visitarla, hace ahora 50 años, nos hemos dedicado a contemplarla, a imaginarla, a escribirla, a fotografiarla, a quererla y a temerla, a soñarla, a amarla, a odiarla… La Luna es parte de nosotros, la Luna somos nosotros porque sin su presencia, probablemente, la vida no hubiera sido posible en la Tierra.

Tú lunático, si quieres una lectura refrescante para las noches calurosas de verano, aderezada con un ligero toque canallita e irónico, tienes que hacerte ya con un ejemplar de este libro.

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Gopegui explicando a Pepe Navarro cosas sobre el Apolo 11 en 1999

11 agosto 2019

Acabamos de descubrir este video, gracias a Moisés Garrido y Claudia M. Moctezuma que lo han digitalizado y compartido en YouTube, con una entrevista de Pepe Navarro a Luis Ruiz de Gopegui.

En la primera parte del programa, titulado “La Vía Navarro”, Gopegui habla sobre aspectos relacionados con la misión del Apolo 11 para luego imaginar cómo será el futuro de la exploración de la Luna y del resto del Sistema Solar. El video es del año 1999.

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Adiós Luis

8 agosto 2019

Don Luis Ruiz de Gopegui. Fotografía: Antonio Heredia. Cortesía Diario El Mundo.

Hoy, 7 de agosto de 2019, me entero de que nos ha dejado Don Luis Ruiz de Gopegui. Se fue tranquilo y acompañado de su familia en su casa.

Luis estaba mayor y desde que se fue Margarita, su esposa, hace unos años, no quería salir mucho de casa. Sin embargo, mantenía toda la lucidez de siempre, como pude comprobar cuando le llamé por teléfono el pasado 23 de julio, una vez pasada la vorágine de los actos conmemorativos del cincuenta aniversario del Apolo 11. Recuerdo que me dijo que estaba “pachucho y muy mayor ya”. Yo le dije que le vi muy bien en todas las entrevistas que dio la semana anterior, pero él me dijo que era porque “era fácil”. Le comenté que le iba a enviar por correo el pendrive con la grabación de la entrevista que le hicimos para el documental de la exposición en Telefónica. Hoy, Belén, su querida hija, me dijo, cuando hablé con ella, que pudieron verlo con él antes de irse. También pude comentarle la iniciativa de poner el nombre a una estación del Metro de Madrid como Estación Apolo en homenaje a todos los españoles que participaron en el Programa Apolo y como guiño a Fresnedillas. Aquello le pareció muy bien. Recuerdo que nos despedimos y le di muchos ánimos diciéndole que aún había mucha gente que le admirába y se acordaba de él.

No recuerdo exactamente cuando empecé a “seguir” a Luis. Lo que si recuerdo es poner a grabar el video VHS cada vez que salía por televisión en algún programa sobre el espacio. Automáticamente después me empecé a hacer con sus libros, los cuales devoraba una y otra vez. Porque Luis escribía realmente bien: claro, directo, conciso, riguroso, ameno… Daba gusto leerle y también escucharle.

Con Luis en el Planetario de Madrid (Presentación del libro de Alberto Martos – Breve historia de la carrera espacial).

Y llegó el año 2001. La Universidad de Cantabria organizaba todos los años unos cursos de verano en Laredo. Cual fue mi sorpresa cuando vi que ese verano Don Luis iba a impartir uno sobre Cosmología. 22 horas repartidas durante una semana. Ni que decir tiene que me apunté enseguida junto con mi amigo Luisma. Llegó el primer día de curso y cogimos sitio en primera fila. En cuanto hicimos el primer descanso nos acercamos a él para presentarnos. Llevaba conmigo todos sus libros para que me los firmara y dedicara. Luis, tan sensato como siempre, me propuso ir a una cafetería cercana a tomar algo porque teníamos toda la semana aún por delante. Enseguida llegamos a un trato con él: nosotros le invitaríamos todos los días de esa semana al pincho de tortilla y al café a cambio de poder preguntarle cosas. Aceptó gustoso. Creo que ahí comenzó nuestra amistad. Por supuesto yo le “freía” a preguntas sobre el Programa Apolo, pero también hablamos de la exploración del Sistema Solar e incluso de cine, ya que me contó que estaba siendo asesor en la película “Stranded: Náufragos”. Después de aquella semana, mantuvimos el contacto siempre, hasta sus últimos días.

Programa del curso de verano sobre Cosmología impartido por Luis en Laredo (Cantabria).

Los últimos diez años tuve la suerte de estar mucho tiempo con él, gracias en parte a este blog. Siempre publicitaba aquí las conferencias que iba a impartir, a las que, por supuesto, asistía en persona. Luis, tan generoso como era, posteriormente me hacía llegar por correo electrónico los textos de estas para publicarlas en el blog. Y aquí siguen. Recuerdo con mucho cariño las conferencias que daba en el Ateneo de Madrid y, sobre todo, los coloquios y debates que seguían a las mismas en donde surgía siempre la polémica. La respuesta calmada de Luis era dejar hablar al asistente para después responder: no estoy de acuerdo en nada de lo que has dicho. ¡Y vuelta a empezar la polémica! Pero no solo fue generoso con este blog cediendo sus conferencias, también lo fue para concedernos alguna entrevista. Eso sin contar las veces que me abrió las puertas de su casa simplemente para charlar o para dedicarme alguno de sus libros nuevos. Recuerdo que yo les llevaba, a Margarita y a él, unos sobaos cántabros como agradecimiento. Y Margarita, tan educada y atenta siempre, bajaba conmigo al portal de la calle a despedirme cuando Luis y yo terminábamos de hablar.

Don Luis recibiéndonos en su casa.

En aquellas charlas siempre le contaba a Luis los proyectos que tenía en mente. Como el libro que quería escribir sobre el Programa Apolo y que me dijo que me prologaría con gusto demostrando, una vez más, su generosidad. Desgraciadamente no he llegado a tiempo, y eso que él siempre me lo advirtió: “yo te prologo el libro, pero date prisa en escribirlo porque no se cuanto voy a durar”, me decía.

Algunas dedicatorias de Luis (82 Erídano, Rumbo al cosmos y Extraterrestres ¿mito o realidad?)

Hace un par de años le comenté la idea de grabar un documental sobre la participación española en el Programa Apolo. Le pedí si podía contar con su presencia para grabarle una entrevista. Como siempre, me dijo que sí. Cosa que hicimos el 3 de mayo de 2017 en su casa. Aquel proyecto se transformó desde un documental inicial a una exposición en Espacio Fundación Telefónica. Afortunadamente pudimos reutilizar las entrevistas para hacer un minidocumental de 15 minutos de duración que ya se exhibe en la exposición permanente sobre la Historia de las Telecomunicaciones en la segunda planta del edificio de Telefónica de la Gran Vía de Madrid. Allí estará el testimonio de Luis para siempre.

Grabación del 3 mayo 2017. Fotografía: Mykado Media.

Después de aquella grabación no volví a ver a Luis en persona. Sin embargo, le llamaba por teléfono de vez en cuando y hablaba con Belén por email para ver cómo iba. Ella siempre me animaba a llamarle, cosa que hice por última vez el pasado 23 de julio, como he contado al principio.

Se nos ha ido Luis. Hoy es un día triste. Afortunadamente tuve la gran suerte de conocerlo, de disfrutar de su amistad y de su sabiduría. Gracias a su labor de divulgación podremos seguir disfrutando de sus libros, de sus artículos, de sus entrevistas en radio y televisión… Pero sobre todo, gracias a su trabajo y esfuerzo en NASA, por ayudar a ampliar los conocimientos del ser humano sobre el espacio.

Recordando, en estas últimas horas, cómo empezó todo, no creo equivocarme mucho si afirmo que Luis ha sido una de las personas que más me ha inspirado en la vida. Mi más sincero pésame a toda su familia, en especial a su hija y a sus nietos.

Gracias por todo Luis. Descansa en Paz.