Fresnedillas, 20 de julio de 2019

14 agosto 2019

Programa con los actos conmemorativos de los 50 años del Apolo 11 en Fresnedillas de la Oliva (Madrid).

El pasado 20 de julio, cuando se cumplían exactamente 50 años del aterrizaje en la Luna por primera vez con el Apolo 11, tuve la suerte de ser invitado a los actos que se celebraron en Fresnedillas de la Oliva (Madrid) por ese motivo.

Localización de las tres antenas principales de la MSFN (Fuente: honeysucklecreek.net)

Para las personas que a estas alturas de la historia no sepan lo que ocurrió en ese lugar el 20 de julio de 1969 haré un breve resumen: en Fresnedillas de la Oliva, un pueblo de la sierra de Madrid rodeado de bosques y jaras se colocó una de las tres antenas principales de la red de vuelos tripulados (MSFN en sus siglas en inglés) de NASA con el fin de poder estar en contacto permanente con la nave y los astronautas que viajaron a la Luna en las distintas misiones del Programa Apolo. Las otras dos estaciones, con antenas de 26 metros de diámetro, se situaron en Honeysuckle Creek (Australia) y en Goldstone (Estados Unidos). Situando tres estaciones, separadas 120 º entre sí, se podía mantener el contacto con la nave y los astronautas de forma permanente en turnos de 8 horas aproximadamente y poder así contrarrestar la rotación de la Tierra. La estación de Fresnedillas, conocida como “Apollo Madrid Prime por NASA, soportó todos los vuelos tripulados del Programa Apolo, desde el 7 hasta el 17 y tuvo la responsabilidad de ayudar al Apolo 11 justo en su descenso hacia la Luna. En la estación se recibió y escuchó, por primera vez en la Tierra, la noticia de que el módulo lunar Águila, pilotado por Neil Armstrong y Buzz Aldrin, había aterrizado en la Luna (La famosa frase: “The Eagle has landed”) precisamente el 20 de julio de 1969.

Portada de un panfleto de la época sobre la estación de Fresnedillas (MSFN – NASA).

Pues bien, el Ayuntamiento de Fresnedillas organizó una serie de actos conmemorativos centrados, como no podía ser de otra manera, en homenajear a los protagonistas que trabajaron en la estación (“la base” como muchos de ellos la conocían) durante aquellos históricos momentos para la humanidad.

Fresnedillas de la Oliva. Casa de la cultura. 20 de julio 2019. Autor: Se ruega confirmación.

La jornada empezó a las 11 de la mañana en la Casa de la Cultura del pueblo. Allí tuvo lugar un acto de bienvenida y reconocimiento liderado por los hermanos Alonso (Tomás y Pablo). El salón de actos estaba repleto de gente. Y entre ellos un montón de trabajadores de la estación: González, Grandela, Martos, Colina, Claros, Castellanos, imposible nombrarlos a todos. Entre el personal norteamericano dos nombres a destacar: Larry Haug y Víctor Wervitzky. No pudo asistir Don Luis Ruiz de Gopegui, pero se le aplaudió mucho cuando se le recordó. Desgraciadamente, Luis falleció dos semanas después. Antes de dar paso a los discursos, Tomás nos anunció a los presentes que se estaba preparando una nueva web con información y fotografías sobre la estación. Estamos deseando poder verla aunque un pajarito nos da dicho que igual se retrasa un poco debido a problemas técnicos.

Fresnedillas de la Oliva. Casa de la cultura. 20 de julio 2019. Discurso Tomás Alonso.

Llegó el turno de los discursos de las autoridades: José Damián de la Peña, alcalde de Fresnedillas, F. Talluto, agregado científico de la Embajada de Estados Unidos, un divertido Tony Carro, representante de NASA en España y, finalmente, el de Salom Piqueres, Teniente General del INTA, que tuvo un recuerdo para el gran Manuel Bautista Aranda.

Fresnedillas de la Oliva. Casa cultura – 20 julio 2019 – Conferencia Larry Haug.

Posteriormente, tomo la palabra Larry Haug que nos impartió una breve pero excelente conferencia de 10 minutos sobre el funcionamiento de una estación de seguimiento de naves espaciales.

Insignia de recuerdo de los 50 años del Apolo 11 en Fresnedillas de la Oliva (Madrid).

Acabada la charla de Haug, se procedió a entregar unos diplomas de recuerdo al personal español. Se echó en falta un par más para Haug y Wervitzky. A parte del diploma, a cada uno de ellos se le entregó un panfleto, una postal con fotos de la época, una insignia y una tarjeta de memoria.

Fresnedillas de la Oliva (Madrid) – Calle Apolo 11 – 20 julio 2019

Una vez acabo el acto, nos dirigimos a ver la inauguración de la nueva calle Apolo 11. Esta calle es precisamente donde se ubica el nuevo Museo lunar de Fresnedillas. En el camino pude aprovechar para conocer y saludar a Larry Haug y agradecerle su charla y, sobre todo, que nos dejara utilizar muchas de las fotos que hizo de la estación en aquella época para el minidocumental de la Fundación Telefónica. Después de unas breves palabras del alcalde, quedó inaugurada la nueva calle.

Inauguración nuevo Museo lunar de Fresnedillas. Placa conmemorativa. 20 julio 2019.

Seguidamente, todos los allí presentes, procedimos a entrar en las instalaciones del nuevo Museo lunar para, también, inaugurarlo por parte del alcalde.  Tras otro breve discurso se procedió a descubrir una placa conmemorativa. Posteriormente fuimos invitados a un copioso tentempié en donde cogimos fuerzas para el plato fuerte que se avecinaba.

Estación Apolo Madrid. Fresnedillas de la Oliva. Fotografía: Larry Haug.

Si todo lo vivido anteriormente hubiera sido más que suficiente para definir el día como excepcional, aún quedaba poner la guinda al pastel. Esa guinda era, nada más y nada menos, que entrar en la antigua estación. Visitar la – mítica ya – Estación Apolo Madrid. Por si no lo sabe el lector, la estación pertenece actualmente al Ministerio de Defensa por lo que entrar allí es imposible en condiciones normales. Sin embargo, dada la excepcionalidad de la fecha, el Ministerio permitió entrar a los antiguos trabajadores y a algunas personas más, entre las que me encontraba, para volver a visitar aquel sitio histórico, justo 50 años exactos de la gran hazaña del Apolo 11. Aquí quiero agradecer especialmente a Juan su ayuda para que mi nombre estuviera en la lista de los afortunados que nos subimos al autobús que nos esperaba a la salida del Museo para llevarnos a las puertas de “la base”. Sinceramente, jamás pensé que tendría la oportunidad de poder cruzar esa verja algún día. Por motivos de seguridad no pudimos introducir ningún teléfono móvil, aunque si hubo alguna persona a la que se lo permitieron para poder hacer unas fotos de recuerdo.

Los protagonistas en los 50 años del Apolo 11. Estación Apolo Madrid. Fresnedillas de la Oliva. 20 julio 2019. Fotografía: Se ruega confirmación.

Una vez acreditados, subimos caminando por la carretera hasta el lugar donde se encontraba situada la mítica antena blanca DSS-66 de 26 metros. Ni que decir tiene que realizar ese camino rodeado por Carlos, José Manuel, Alberto, Luis, Valeriano, Larry y tantos otros, fue realmente emocionante. Lo primero que hicimos fue pasar enfrente del edificio de la cafetería, luego llegamos al de “fuerza” (el que proporcionaba la energía necesaria de forma independiente), luego los talleres y por último el de operaciones antes de alcanzar la base de la antena. La antena ya no está allí porque se trasladó al Complejo de NASA en Robledo (MDSCC). Ahora, en ese lugar, existe otra y, bajo su sombra, Luis y Alberto me explicaron por dónde salía la Luna en aquellos días y cual era el recorrido de ella por el cielo. Luego Carlos me indicó dónde estaban el pico de la Almenara y la estación de Robledo para explicarme el enlace de comunicaciones que existía entre las dos estaciones (Fresnedillas y Robledo). Antes de volver, Alberto me ilustró como eran los enlaces de comunicaciones de subida (uplink) y de bajada (downlink) en los Apolo. Cuando volvimos a pasar por el edificio de operaciones, los protagonistas posaron en la puerta para la foto de recuerdo de los 50 años. Después, los demás acompañantes, fuimos invitados a unirnos a ellos y tener otra foto todos juntos.

Acompañando a los protagonistas en los 50 años del Apolo 11. Estación Apolo Madrid. Fresnedillas de la Oliva. 20 julio 2019. Fotografía: Se ruega confirmación.

El director de la estación nos invitó a entrar en el edificio de la cafetería en donde nos agasajaron con un refrigerio, después de un breve discurso de bienvenida. Allí pude volver a charlar con Carlos, José Manuel y Juan, además de conocer a José Manuel Martínez Colina, otro crack con el que estuve comentando un par de asuntos muy interesantes y que intentaremos desarrollar en este blog en un futuro.

El módulo lunar ha aterrizado en Fresnedillas de la Oliva. 50 años del Apolo 11. 20 julio 2019.

Al acabar el piscolabis, volvimos al autobús y de allí a Fresnedillas. La jornada estaba a punto de terminar, pero antes mi amigo Juan me hizo una visita guiada por todo el pueblo para mostrarme todos los vinilos con imágenes del Programa Apolo que decoraban algunas fachadas de algunas de las casas de Fresnedillas. Sin duda una gran iniciativa que debería perdurar en el tiempo porque, a parte de ser otro reclamo turístico, queda muy bien, muy integrado, muy “Banksy”. Además, cerca de todas las imágenes hay un código QR que te remite a contenido relacionado en la nueva web.

Sin duda un día redondo. Increíble. Para terminar, no solo quiero agradecer especialmente a Juan, Tomás, Pablo y Elena su invitación y deferencia hacia mí sino, sobre todo, su gran trabajo y empeño para hacer del 20 de julio de 2019 un día inolvidable para los homenajeados y grandes protagonistas de aquella gesta humana.

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Gopegui explicando a Pepe Navarro cosas sobre el Apolo 11 en 1999

11 agosto 2019

Acabamos de descubrir este video, gracias a Moisés Garrido y Claudia M. Moctezuma que lo han digitalizado y compartido en YouTube, con una entrevista de Pepe Navarro a Luis Ruiz de Gopegui.

En la primera parte del programa, titulado “La Vía Navarro”, Gopegui habla sobre aspectos relacionados con la misión del Apolo 11 para luego imaginar cómo será el futuro de la exploración de la Luna y del resto del Sistema Solar. El video es del año 1999.

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Apolo, ¿una nueva estación para el Metro de Madrid?

22 julio 2019

Composición de cómo quedaría el nombre en una boca de Metro. Foto: http://www.comunidad.madrid

¿Por qué no? Estos días se cumplen 50 años de la llegada del ser humano a la Luna por primera vez. España tuvo un papel relevante ayudando a los norteamericanos con las estaciones de NASA de la Red de Vuelos Tripulados (MSFN, en sus siglas en inglés) y con las estaciones de Telefónica en la red NASCOM (NASA Communications). Se ha estimado que cerca de 400 españoles trabajaron y dieron lo mejor de sí para ayudar a lograr ese objetivo que, aunque lo realizaron los norteamericanos, trascendió a los Estados Unidos y se situó como uno de los hitos conseguidos por el Homo sapiens: nuestra civilización podía realizar viajes interplanetarios.

NASA: Antenas españolas (Fresnedillas, Robledo y Maspalomas)

El nombre de Apolo, para una estación de alguna línea nueva del Metro de Madrid, es perfecto porque, aunque era como se conocía a la estación “prime” de NASA, la de Fresnedillas de la Oliva, también era el nombre del Programa espacial que logró aquella gesta, dentro del cual se engloban al resto de estaciones española de las dos redes mencionadas antes.

Histórico catálogo de la estación espacial de Fresnedillas de la época de las misiones Apolo.

Pienso que nombrar una estación del Metro de Madrid como Apolo, también tendría otras ventajas:

  • Ayudaría a generar Marca España “de la buena”, porque se asocia a un evento histórico y tecnológico relevante a nivel mundial.
  • Ayudaría a cohesionar a distintas regiones de España: Madrid, Canarias y Ávila (por la estación de Cebreros).

Telefónica: Antenas Intelsat – NASCOM para el Programa Apolo. Fotos: cortesía de Telefónica.

Las líneas del Metro de Madrid constan de estaciones, por lo que el nombre de “Estación Apolo” es perfecto. Además, la estación se podría decorar con paneles informativos y fotografías de todas las estaciones de seguimiento.

Hoy sale en las noticias que Madrid va a empezar el nuevo proyecto urbanístico en la zona norte.  Según parece, está pensado que se construyan nuevas líneas de Metro a lo mejor es buena idea nombrar una de esas nuevas estaciones como “Estación Apolo”. ¿Por qué no?

Si te gusta la iniciativa, te invito a que firmes una petición en Change.org.

 

Muchas gracias por adelantado.

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Poco se habla del papel de Collins en el Apolo 11

20 julio 2019

El asturiano Joaquín Pajarón hace hincapié en el papelón que tuvo que soportar Michael Collins en la misión del Apolo 11, la primera que llegó a la superficie lunar.

Sin duda tenía que haber bajado a la Luna y haber hecho un ángel… ;-P

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No lo quería ver ni en pintura…

19 julio 2019

Detalle del Guernica (Picasso). Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.

Para mí no significa nada, no tengo opinión y no me importa.

Picasso sobre el Apolo 11 (visto en la revista Historia y Vida).


50 años del Apolo 11: un gigantesco salto para la humanidad

16 julio 2019

Y llegó el momento de la verdad. El Apolo 10, la misión previa, había sido un éxito total. Ya no había vuelta atrás. La humanidad, encarnada en tres hombres, intentaría pisar la Luna por primera vez. Si no lo conseguían por cualquier motivo, pero, sobre todo, si lo lograban, sus nombres quedarían grabados para siempre en el listado de protagonistas de los hitos conseguidos por el Homo sapiens: Neil Armstrong, Edwin Buzz Aldrin y Michael Collins.

Tripulación del Apolo 11: Armstrong (izq.), Collins (centro) y Aldrin (dcha.).

El Apolo 11 comenzó el 16 de julio de 1969 con el lanzamiento del Saturno V a las 9:32 am, hora local de Florida. Cuatro días después, durante la noche del 20 de julio, el módulo lunar tocó la superficie de nuestro satélite. Enseguida los dos astronautas, Armstrong y Aldrin, salieron a la superficie metidos, eso sí, dentro de sus trajes espaciales. Permanecieron allí fuera dos horas y media, regresando a la Tierra el día 24 de julio (para conocer un poco mejor sobre los pormenores de la misión, os enlazo el artículo que publiqué en el suplemento “Fuera de Serie” de los diarios Expansión y El Mundo el fin de semana del 6 y 7 de julio de 2019).

Lanzamiento del Apolo 11 por un cohete Saturno V (16 julio 1969).

El indicativo de llamada elegido para el módulo de mando fue “Columbia” y para el módulo lunar “Águila” (Eagle en inglés). Michael Collins afirmó en su momento que le gustaba el nombre de Columbia por su relación con el nombre de Colón, el descubridor de América.  Otros, sin embargo, quisieron relacionarlo con el “Columbiad”, el cañón imaginado por Julio Verne para lanzar a unos astronautas hacia la Luna en su novela “De la Tierra a la Luna”. El nombre del Águila vino por el emblema de la misión. Ahí se quiso representar al ave nacional de los Estados Unidos. El Columbia, la única parte de la nave que regresó a la Tierra, se puede admirar desde entonces en el grandioso Museo Nacional del Aire y el Espacio de Estados Unidos situado en la ciudad de Washington D.C.

El Columbia en el Museo del Aire y del Espacio (EE.UU.). Foto cortesía: Smithsonian Institution, National Air and Space Museum.

Actualmente, solo Buzz Aldrin y Michael Collins siguen vivos. Desgraciadamente el primer hombre que puso el pie en la Luna falleció hace ya casi siete años.

Cuentas de Aldrin y Collins en Twitter.

La red de seguimiento de naves espaciales tripuladas (MSFN en sus siglas en inglés), apoyada por la red del espacio profundo (DSN, también en sus siglas en inglés), se preparó a su máxima capacidad. El lanzamiento y las operaciones en órbita terrestre eran soportadas por las estaciones con las antenas de 30 pies (9 metros) de diámetro. En España, la estación de NASA en Maspalomas (Gran Canaria) era la encargada de confirmar que el lanzamiento del Saturno V había transcurrido bien. Cuando la nave Apolo se encontraba, aproximadamente, a una altitud de 16.000 kilómetros, las tres antenas principales de 26 metros de diámetro, separadas 120 º unas de otras, tomarían el control del seguimiento. La antena “prime” en Fresnedillas de la Oliva (Madrid) era la encargada de realizar esta función desde suelo español. Pero no estaría sola, a pocos kilómetros de Fresnedillas se encontraba la estación de NASA para el espacio profundo, en Robledo de Chavela, cuya antena actuaba de reserva de la “prime” en caso de emergencia, pero también, seguiría al módulo de mando y de servicio, con Collins dentro, cuando se separase del módulo lunar Eagle en la Luna y hasta el regreso de éste desde la superficie de nuestro satélite. Según el informe de NASA “Network Controller’s Mission Report for Apolo 11”, se puede comprobar que Fresnedillas (MAD) estuvo soportando la misión durante 87 horas y 2 minutos, Robledo (MADX) 85 horas y 56 minutos y Maspalomas (CYI) 76 horas y 75 minutos. Además, Fresnedillas estuvo controlando el descenso a la superficie lunar, recibiéndose allí, por primer vez en la Tierra, la famosa frase de Neil Armstrong: “El Águila ha aterrizado” (The Eagle has landed, en inglés).

NASA: Antenas españolas (Fresnedillas, Robledo y Maspalomas)

Todos los datos, la voz y las imágenes de televisión que se enviaban desde la nave y los astronautas y que se recogían en las estaciones de la red MSFN, se reenviaban al centro de control de misión de Houston (EE. UU.) mediante la red NASCOM (NASA Communications). Para las estaciones españolas de Canarias y Madrid, era Telefónica (CTNE en aquel entonces) la encargada de suministrar ese enlace. El enlace principal se realizaba a través de dos estaciones de comunicaciones vía satélite situadas en Maspalomas (para dar soporte a la estación de NASA allí) y Buitrago del Lozoya (para dar soporte a las estaciones de NASA en la sierra de Madrid). Ambas estaciones se conectaban con Andover, en Estados Unidos, a través de un satélite INTELSAT situado sobre el Océano Atlántico. Además, las dos estaciones de Telefónica estaban, a su vez, interconectadas (gracias a un cable submarino entre las Islas Canarias y la Península) con el fin de reconducir los tráficos en caso de ocurrir alguna incidencia.

Detalle de las conexiones de la red NASCOM entre España y EE.UU para el Apolo 11

Pero ¿qué pasaba si las estaciones funcionaban bien pero el satélite de comunicaciones sobre el Atlántico era el que fallaba? Pues eso es lo que ocurrió el 29 de junio, diecisiete días antes del lanzamiento del Apolo 11. El satélite INTELSAT III-F2 falló y quedó inutilizado. Había que buscar, por tanto, otras rutas secundarias para redireccionar todo el tráfico de datos, voz y televisión que se recibiría en Fresnedillas. Las reglas de la misión eran claras (Sección 4 – Ground Instrumentation Requirements): si no se conseguían asegurar las comunicaciones de la red, el lanzamiento se tenía que suspender y la oportunidad de ir a la Luna, antes de que acabara la década de los años 60 como había profetizado el presidente Kennedy, se perdería probablemente. En aquella época se necesitaba una señal digital multiplexada de 48 kilobits para poder trasmitir a la vez los distintos canales de voz y datos. Se propuso como solución utilizar de nuevo el primer satélite comercial de comunicaciones del Mundo (llamado Early Bird o Pájaro del Alba ó INTELSAT I), lanzado en 1965. El problema era que no se confiaba en que la estación de Telefónica de Buitrago fuera capaz de comunicarse con él dado que las baterías del satélite estaban ya muy debilitadas y solo era capaz de emitir una débil señal. De hecho, eso fue lo que ocurrió: el enlace entre Buitrago y el corresponsal al otro lado del Atlántico, a través del Early Bird, tenía mucho ruido y por tanto poca calidad. La otra solución posible era negociar, a toda prisa, enlaces con otras compañías telefónicas para buscar una ruta alternativa a través de otros circuitos. Se movilizó a personal de Telefónica y de ITT puesto que este tipo de trámites y conexiones requerían de su tiempo. Cuando quedaban 2 horas y 7 minutos para el lanzamiento del Apolo 11 en Cabo Cañaveral, Guenter Wendt, el jefe de la plataforma de lanzamiento, daba la orden para cerrar la escotilla del Columbia con los tres astronautas ya preparados en su interior. Dos minutos después, cuando quedaban 2 horas y 5 minutos, se consiguió juntar todos los circuitos secundarios (y una docena de cables submarinos bajo el Atlántico) que garantizaban los 48 kilobits de señal. El jefe de la red trasmitió el GO inmediatamente a Control de Misión. La histórica misión podía continuar, muy pocos, sin embargo, conocían lo que había estado pasando en esos días previos.

Telefónica: Antenas Intelsat – NASCOM para el Programa Apolo. Fotos: cortesía de Telefónica.

Dando un repaso a las hemerotecas de algunos periódicos de entonces, vemos que diez días antes del lanzamiento ya se empezaban a redactar informaciones, comentarios y noticias. La agencia EFE, la agencia Cifra, Europa Press, Pyresa, con sus enviados especiales a Houston, Cabo Cañaveral, Washington, Nueva York, Fresnedillas, Maspalomas, no paraban de enviar sus crónicas.  En los días previos al alunizaje, muchos de los medios trasmitían la preocupación sobre la coincidencia del Apolo 11 con la sonda soviética Luna 15 y las posibles interferencias que pudieran dar al traste con la histórica misión norteamericana. El lunes 21 de julio no hubo periódicos en España, por lo que se tuvo que esperar al martes 22 para leer todas las noticias relacionadas con el alunizaje. La apoteosis de aquellos días se trasladó a los medios escritos. Podemos ver, incluso, artículos profetizando ya la llegada del hombre a Marte en los siguientes años sin olvidar tampoco cómo se resaltó la participación española a través de las estaciones de NASA y de la red de Telefónica. Dos curiosidades más reflejadas en los periódicos: la cantidad de municipios que pusieron los nombres de los tres astronautas a alguna de sus calles y los anuncios de multitud de empresas aprovechando el tirón lunar.

Fotografía de Buzz Aldrin tomada en la Luna por su Neil Armstrong (Apolo 11).

Pero volviendo a la misión: el Apolo 11 había hecho historia. El reto lanzado por John F. Kennedy, ocho años antes, se había cumplido: los norteamericanos eran justos ganadores de la carrera espacial. Pero lo más importante: se acababa de demostrar que nuestra civilización podía realizar viajes interplanetarios. Además, aquellos días del verano de 1969, toda la humanidad pareció ser un único género humano con un espíritu común.

La tripulacion del Apolo 11 en Nueva York (Agosto 1969).

La aventura no acabó ahí. De hecho, quizás, empezaba de verdad. Otros tres hombres; Charles Conrad, Alan Bean y Richard Gordon se preparaban ya con el Apolo 12 para repetir la gesta de Armstrong, Aldrin y Collins en el mes de noviembre.

Godspeed, Apollo 11!


Dos horas y media en la Luna, el artículo en el suplemento “Fuera de Serie”

13 julio 2019

Fuera de Serie (6 y 7 de julio 2019). Expansión y El Mundo.

“A las 9:32 a.m. del 16 de julio de 1969, los cinco motores F-1 del Saturno V rugían enérgicamente para emprender su vuelo hacia la Luna. Capaces de bombear más de 12.000 litros por segundo, eran los más potentes construidos hasta la fecha. Los cañaverales de la costa de Florida estaban atestados de gente que no quería perderse el momento histórico profetizado por Kennedy ocho años antes.

En lo alto del cohete, dentro del módulo de mando de la nave Apolo, iban tres astronautas: el comandante Neil Armstrong, el piloto del módulo lunar Edwin “Buzz” Aldrin y el piloto del módulo de mando Michael Collins. Solo los dos primeros intentarían bajar a la superficie de la Luna, dentro del módulo lunar, cuatro días más tarde. Sería la primera vez en la Historia. Era la misión número 11 del Programa Apolo.

A los 2 minutos y 42 segundos, la primera fase del cohete se separaba, caía al Atlántico, 66 kilómetros más abajo, y se encendía la segunda, que permitiría llegar a los 187 kilómetros de altitud. Los alcanzó solo nueve minutos después del lanzamiento. No quedaba más que un último empujón de tres minutos, pero antes el cohete tenía que desprenderse de la segunda fase, que también caería al Atlántico, encendiéndose la tercera y última. Doce minutos después del lanzamiento, el Saturno V alcanzó la órbita terrestre a unos 190 kilómetros de altitud. Esta fase se controlaba y confirmaba desde la estación terrestre que NASA, en colaboración con el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), había instalado en las Islas Canarias. Comprobado que la nave y sus tripulantes se encontraban bien, la tercera fase se volvía a encender proporcionando la velocidad necesaria para salir de la influencia de la gravedad terrestre y recorrer los 384.000 kilómetros que les separaban de la Luna.

Tres días después, separada ya de la tercera fase (que, a diferencia de las de la mayoría de otras misiones lunares, que se estrellaban sobre la superficie de la Luna, acabó en órbita heliocéntrica, dando vueltas al Sol), la nave Apolo entró en órbita lunar. Estaban ya a solo 120 kilómetros de la superficie. Mientras Collins permanecía en el módulo de mando Columbia, Armstrong y Aldrin ocupaban sus puestos en el módulo lunar Águila. Cerraron la escotilla que comunicaba los dos módulos y las dos naves se separaron. “¡El Águila tiene alas!”, dijo Armstrong. Comenzaba el momento crucial, pero antes había que comprobar que las varillas que pendían de las patas del módulo lunar estaban bien desplegadas para que pudieran detectar el primer contacto con la Luna. Todo estaba perfectamente, por lo que se inició el descenso. Era el 20 de julio de 1969.

Para bajar a la Luna, lo que tenía que hacer el módulo lunar, básicamente, era frenar y así disminuir su velocidad orbital. Si en la maniobra algún problema hiciera tomar la decisión de cancelar la misión, los astronautas del módulo lunar podían volver a encontrarse con Collins, situado unos kilómetros por encima.

Cuando el Águila se encontraba a unos 10 kilómetros de la superficie sonaron dos alarmas (la 1202 y la 1201) que avisaban de que el ordenador estaba saturado con múltiples operaciones y tenía que priorizarlas. Pasaron unos largos segundos hasta que se comprobó que no eran motivo de cancelación y el descenso podía continuar. Cuando quedaban solo 10 metros, los astronautas pudieron ver por las ventanillas cómo los gases del motor de la etapa de descenso del módulo lunar formaban una nube de polvo. A poco más de metro y medio las sondas de las patas tocaron el suelo y se encendió la luz de contacto. “Contact light”, anunció Buzz Aldrin. El módulo lunar se había posado. Después de unos segundos eternos, Armstrong dijo: “Houston, aquí Base Tranquilidad, el Águila ha aterrizado”. Fue en la estación de NASA de Fresnedillas de la Oliva, en la sierra de Madrid, donde se pudieron escuchar esas palabras por primera vez en la Tierra, y de allí, gracias a un enlace de comunicaciones proporcionado por la Compañía Telefónica Nacional de España, al centro de control de misión en Houston.

Solo quedaba poner la guinda al pastel: salir del módulo lunar y caminar sobre la superficie. 109 horas, 24 minutos y 23 segundos después del lanzamiento del Saturno V, y cuando Neil Armstrong presionaba el polvo lunar con una de sus botas, se pudo escuchar la famosa frase que quedaría grabada en la Historia del Homo sapiens: “Este es un pequeño paso para un hombre, un gigantesco salto para la humanidad.” A los pocos minutos, Aldrin salió a la superficie lunar calificando el paisaje que veía como de una “magnífica desolación”. Después vinieron las fotografías, la recolección de rocas, la instalación de diversos experimentos científicos, la colocación de la bandera y una conversación telefónica con el presidente Nixon. Todo ello en dos horas y media: 2 horas, 31 minutos y 40 segundos, exactamente.

El retorno a la órbita lunar, donde les esperaba Collins, y el regreso a la Tierra transcurrieron de forma rutinaria. Todo lo rutinario que podía ser un regreso así. El 24 de julio el Columbia amerizó en el Pacífico con los tres insignes pasajeros y 20 kg de rocas lunares. Ya en tierra, para asegurarse de que los astronautas no traían patógenos peligrosos, fueron puestos en cuarentena tres semanas.

En noviembre de ese año, otros dos astronautas, Charles Conrad y Alan Bean, volvieron a pisar la Luna con el Apolo 12. La última misión lunar fue la del Apolo 17, en diciembre de 1972. En total 12 hombres han caminado sobre la Luna. El tiempo conjunto que permanecieron suma 300 horas, poco más de 12 días.

Ninguna otra persona ha vuelto. Aparte de ser una aventura muy peligrosa, no existen los condicionantes políticos ni se dispone del dinero para financiar otra gesta similar. Pero mereció la pena. Nuestra civilización había probado, por primera vez, que era capaz de realizar viajes interplanetarios.”.

NOTA: Artículo publicado en el suplemento “Fuera de Serie” del fin de semana del 6 al 7 de julio de 2019. Este suplemento se entrega junto con el diario Expansión y el diario El Mundo.

Agradezco, desde aquí, a “Fuera de Serie” y, en especial, a Víctor Rodríguez su generosa invitación.

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