La llegada (película)

22 noviembre 2016

la_llegadaLa llegada, de Denis Villeneuve (2016) con Amy Adams, Jeremy Renner y Forest Whitaker.

(Ojo, que igual te la destripo. De nada.).

Mucho se está hablando sobre esta película en las redes. La mayoría de las críticas la califican como de poética, filosófica, bella y un montón de adjetivos más (todos positivos). Hay otras reseñas, por contra, como la de Rex Reed en Observer, en la que definen a la cinta como lenta, extraña y tediosa. Pues bien, a “la llegada” al cine mis expectativas eran altas porque estaba en el primer grupo y tenía reciente esos dos peliculones que son Interstellar y Marte (El marciano) pero a la salida, después de visionarla, me posicioné claramente con la pandilla de Reed.

Obviamente para gustos están los colores pero, asumiendo que se trata de ciencia ficción y, por tanto, de que siempre va a haber detalles de libre interpretación por parte del director, del guionista y de los propios espectadores, la película falla en la principal idea que pretende exponer; que el lenguaje determina nuestra percepción de las cosas e incluso del tiempo, haciendo posible la videncia de los hechos futuros al estilo del mejor Rappel. Contradicción en sí misma porque si ves un futuro peligroso siempre vas a poder actuar en el presente para evitarlo, por lo que, en realidad, eso que has visto no es del todo real. Pero esta premisa fundamental que plantea la película y que podría ser bastante interesante, sin embargo es desaprovechada totalmente por la ausencia de un mínimo rigor científico. Eso sin olvidar otras cuestiones como explicar mínimamente, o al menos sugerir, cómo nos han detectado los extraterrestres o cómo han podido realizar el tremendo viaje desde su planeta al nuestro u otra tan crucial como revelar la correspondencia entre su lenguaje y el nuestro lo que permite la comunicación; fallo clarísimo del guión puesto que la protagonista sufre “una revelación” que la hace entender el lenguaje extraterrestre pero que no explica cómo ha llegado a ese punto realmente. Asumiendo lo anterior te das cuenta, por ejemplo, de lo desaprovechado que está el personaje “del físico” (interpretado por Jeremy Renner) y que podría ayudar a explicar un poco mejor todo este sinsentido.

Tampoco quiero dejar de comentar el hecho de que los extraterrestres sean una especie de pulpos gigantes que viven en lo que parece un medio acuoso, cosa que si ya hay pocas probabilidades de que surja una civilización como la nuestra (inteligente y bastante avanzada tecnológicamente) las hay mucho menos de que esa civilización surja en un medio líquido como nos explica muy bien Luis Ruiz de Gopegui en su libro Extraterrestres ¿mito o realidad?

Aprovechando que citamos a Gopegui, no está de más volver a leer su novela 82 Erídano en la que trata, precisamente, de la llegada de extraterrestres a la Tierra y en donde se plantea una narración de ficción científica justificando plenamente porqué los alienígenas deciden venir a nuestro planeta, qué necesidad les ha impulsado a realizar un viaje tan largo y tan costoso en términos energéticos, qué sistema de comunicación con los miembros de su propia especie utilizan, que lógicamente es muy diferente al nuestro, cómo se consigue un aceptable intercambio de información entre ellos y nosotros, cómo nos descubrieron y por qué antes de venir ya sabían que éramos una civilización tecnológicamente bastante avanzada. Si alguien conoce personalmente al director de la película, Denis Villeneuve, por favor, que le hable de esta novela, aunque ya sea demasiado tarde.

Y es que Denis Villeneuve, después de esta segunda decepción (la primera fue con Sicario), está convirtiéndose en un bluf, como Rappel u Octavio Acebes, ya saben, los famosos “videntes del futuro”…

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Qué hacer si no tienes (o no quieres ponerte) el casco en una nave espacial durante la reentrada a la atmósfera

3 noviembre 2016
Tripulación del Apolo 7. En el centro Walter Schirra.

Tripulación del Apolo 7. En el centro Walter Schirra.

Ya hemos hablado en este blog de los hechos que desencadenaron la “primera guerra espacial” durante la misión del Apolo 7, en octubre de 1968. Denominada así por Deke Slayton, jefe de los astronautas del Programa Apolocomo consecuencia del mal rollo que hubo durante toda la misión entre la tripulación (Walter Schirra, Donn Eisele y Walter Cunningham) y el centro de control de Houston.

El comandante de aquella misión, el veterano Walter Schirra, empezó la misma bastante cabreado, ya que NASA le había prometido detener el lanzamiento en caso de que el viento, en Cabo Cañaveral, superara los 33 km/h, cosa que no hizo puesto que, un minuto antes del despegue, el viento era de 37 km/h.

Despegue del Apolo 7. Octubre 1968.

Despegue del Apolo 7. Octubre 1968.

Si eso no era suficiente, durante el primer día en el espacio, Schirra desarrolló un constipado que le pegó a sus otros dos compañeros de vuelo. Este constipado era conocido cuatro días antes del lanzamiento, puesto que el comandante se lo comunicó al médico de la misión. Si el procedimiento correcto hubiera seguido, el despegue se hubiera tenido que retrasar, pero justo un día antes del lanzamiento previsto, el médico le dio el alta al astronauta.

Un resfriado en el espacio es mucho peor que en tierra firme. La razón es que la mucosidad, en ingravidez, no sale por la nariz sino que se queda dentro de la cabeza. Si te suenas para intentar arreglar el problema, la consecuencia es un intenso dolor de cabeza.

Y llegó el momento de la reentrada a la atmósfera terrestre, una vez terminada la misión en el espacio. En un momento dado, Houston pidió a los astronautas que se pusieran el traje y el casco espacial como medida de seguridad, pero dada la situación en la que estaban los astronautas con el resfriado y que el casco no tenía un dispositivo Valsalva como ya contamos en este blog hace unos meses, los astronautas decidieron no ponerse nada para, en caso necesario, poder destaponarse los oídos manualmente.

Fotografia AS7-796-s68-49869. Nótese las protecciones en la zona de la cabeza.

Fotografia AS7-796-s68-49869. Nótese las protecciones en la zona de la cabeza.

Sin embargo, y aquí viene el motivo para escribir este artículo, los astronautas improvisaron un sistema para mantener la cabeza sujeta lo más posible y evitar golpes peligrosos durante el traqueteo de la reentrada. Como se puede observar en la fotografía AS7-796-S68-49869 de aquella misión, los astronautas ataron a sus asientos, con cinta americana por supuesto, unos paquetes de comida – que no habían utilizado-, con el fin de acolchar los reposacabezas un poco más y así tener una protección extra.

Al final, parece que los españoles no somos los únicos que improvisamos de vez en cuando.

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El día que España salvó al transbordador espacial Columbia

20 octubre 2016

El gran José Manuel Grandela nos cuenta en este video cómo la estación de seguimiento de Fresnedillas tuvo un papel fundamental, decisivo seguramente, en el lanzamiento, el 12 de abril de 1981, del primer vuelo del transbordador espacial Columbia.

Estación de seguimiento de Fresnedillas (Madrid).

Estación de seguimiento de Fresnedillas (Madrid).

Nada más despegar de Cabo Cañaveral las estaciones de seguimiento que debían determinar la posición, velocidad y dirección de la nave se averiaron. Esa información resultaba vital para conocer si el Columbia podría orbitar la Tierra o no.

Afortunadamente para la misión para la nave y para los dos astronautas, la estación de Fresnedillas pudo “coger el pájaro”, como se dice en el argot, y determinar que los parámetros del vuelo eran los correctos. Lo cual, una vez comunicado al centro de control de misión en Houston (Texas), causó momentos de júbilo y de tranquildad.

Tripulación del STS-1. A la izquierda John Young, a la derecha R. Crippen.

Tripulación del STS-1. A la izquierda John Young, a la derecha R. Crippen.

Hay que recordar que el comandante de aquella primera misión del shuttle era John Young, el noveno hombre que pisó la Luna, y que ya tuvo que agradecer a Fresnedillas, durante el Apolo 16, el seguimiento y control del módulo de mando cuando se perdieron las comunicaciones temporalmente con Houston. Pero esa es otra anécdota para otro artículo.

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Comentarios a la ponencia titulada como “El Hombre nunca pisó la Luna” del primer congreso de historia, política y conspiración

1 septiembre 2016

Congreso historia politica conspiracion - Sitges - 2016El pasado 25 de junio de 2016 se celebró en Sitges, Barcelona, el primer congreso sobre historia, política y conspiración organizado por Felipe Botaya. Una de las ponencias llevaba el taxativo título de “El Hombre nunca pisó la Luna” y fue impartida por el señor José Luis Camacho.

Como es verano y tengo tiempo, me propuse perder un poco del mismo en tragarmela, gracias a que fue subida al canal de YouTube que tiene el ponente. Reconozco que miento si afirmo que en ella me esperaba encontrar nuevos argumentos e indicios que pudieran hacer dudar, razonablemente, sobre la llegada de los norteamericanos a la Luna. Sin embargo, me topé con los mismos comentarios de siempre: que si no hay estrellas en el cielo de las fotografias, que si se ven a los astronautas claramente en mitad de las sombras, que si la radiación de los cinturones de Van Allen habrían matado a los astronautas, etc. Lo que si me sorprendió fue comprobar cómo una persona que se atreve a impartir una conferencia pública, y con la facilidad que hay hoy en día para acceder a todo tipo de información, siga difundiendo, sin ningún tipo de escrúpulo, los mismos argumentos erróneos ya desmentidos en multitud de libros, documentos, seminarios, programas de televisión, documentales e incluso fotografías recientes de sondas orbitando la Luna. Quiero creer que tamaño comportamiento sólo puede ser debido a un gran desconocimiento sobre la materia que se imparte. Afortunadamente, ésta situación se puede corregir, con un poco de esfuerzo e interés, mediante el estudio, por ejemplo, de la amplia bibliografía que existe en distintos soportes. Desde aquí, me propongo ayudar al señor ponente proporcionándole información útil, razonable y contrastada sobre la materia de la que habla en su charla para que no vuelva a caer en el ridículo en un futuro próximo.

Empezaremos seguidamente, y de forma más o menos exhautiva, a comentar las afirmaciones y conclusiones erróneas que en dicho evento surgieron. Para ello haremos referencia, sobre todo, a libros y webs que se pueden encontrar facilmente por parte del público en general. No nos remitiremos, por tanto, a informes o documentos secretos sino a información pública.

En la primera parte de la charla, el ponente relata los comienzos de la carrera espacial dentro del periodo histórico denominado como Guerra fría. Habla del discurso del Presidente Kennedy en la Universidad de Rice (Texas) “el 12 de diciembre de 1962”, así como del cohete Saturno V, para, posteriormente, hablar de las metas y logros que estaba consiguiendo la Unión Soviética. Primera corrección: el discurso de Kennedy fue dado el 12 de septiembre. Hasta aquí todo más o menos dentro de lo que los historiadores han relatado en multitud de ocasiones. Sin embargo, me surge una primera duda, viendo los primeros minutos de la charla, y es ¿por qué el ponente se cree, da por verdadero, este relato histórico y otros sucesos relacionados con el mismo no se los cree? Al ser una pregunta retórica no espero contestación, pero al menos podemos afirmar que hay cosas que el señor Camacho si parece creerse. No es un incrédulo total, lo cual me permite albergar ciertas esperanzas en que, con una explicación racional sobre otros hechos, el ponente será capaz de asumirlos también como verdaderos.

Breve Historia de la carrera espacialPero sigamos con la conferencia. El señor Camacho afirma que: “los norteamericanos estaban absolutamente desesperados”  por los éxitos de la Unión Soviética pero que, “en el año 1969 misteriosamente los EE.UU. se ponen a la cabeza” con el Apolo 11. “Esto es muy extraño, de repente llega EE.UU. y se pone por delante de todo”. Ni fue una cosa misteriosa, ni fue una cosa extraña ni fue de repente. Para entender qué y cómo ocurrieron esos sucesos, nos remitiremos, por ejemplo, a dos libros: Breve historia de la carrera espacial y Project Apollo: The tough decisions. Así mismo, en el artículo titulado “¿Existió realmente una carrera entre los EEUU y la URSS para llegar a la Luna?“, que publiqué en este mismo blog hace unos años, se explica cómo los EE.UU fueron adelantando poco a poco, y con mucho esfuerzo, a la URSS. Lo que si se puede concluir de lo dicho por el ponente es el hecho de que, aún siendo calificado como “misterioso”, los EE.UU. adelantaron a la URSS en la carrera espacial.

Después de esta especie de prólogo histórico, el orador cambia de tema y menciona a Bill Kaysing y el supuesto cálculo que hizo este ingeniero sobre la probabilidad de que el cohete Saturno V llegara la Luna. Pero el orador no explica nada más, ni cómo se hizo ese supuesto cálculo de probabilidades ni en qué se basó, ni nada de nada, eso si, a cambio, nos comenta que existe una fotografía de los astronautas del Apolo 1 supuestamente rezando ante una maqueta del módulo lunar…. ¿Qué insinua con esto señor Camacho? ¿Qué concluye con esos sesudos argumentos? Me remitiré a otro libro, muy fácil de conseguir, de un profesor de física español llamado Eugenio Fernández Aguilar, en donde habla también de Bill Kaysing. El libro en cuestión se titula “La conspiración lunar, ¡vaya timo!” donde las hipótesis planteadas por Kaysing son rebatidas con bastante facilidad. Señor Camacho, si hubiera leído este libro antes de preparar la charla que dió en Sitges, probablemente se hubiera ahorrado bastante tiempo y ridículo.

La conspiracion lunar ¡Vaya timo!El siguiente libro que comenta el ponente es el de “Dark Moon” de David Percy y Mary Bennett, libro original que tengo, por cierto, en la biblioteca de mi casa y que compré hace años en una librería del Reino Unido. El señor Camacho afirma que el libro concluye que la misión Apolo fue un fraude y fue grabada en un plató. Para corroborar supuestamente sus conclusiones se basaron en las famosas anomalias detectadas en algunas fotografías. Pero es que, en realidad, si se piensa bien, una cosa no tiene nada que ver con la otra. Y aquí está uno de los principales problemas de los conspiranoicos: que no razonan bien. Ellos dicen: como no entiendo las (supuestas) anomalias que hay en las fotografias entonces concluyo que todo es mentira y todo fue un montaje hecho en un plató. No. El razonamiento correcto no es ese, el razonamiento correcto debería ser: como no entiendo las (supuestas) anomalias que hay en las fotografías entonces he de investigar las fotografias para intentar entender lo que se ve en ellas. Y no que, como no entiendo algo, entonces ese algo tiene que ser mentira. Por cierto, en el libro “La conspiración lunar, ¡vaya timo!” también se realizan objeciones a lo planteado por Percy.

Sigamos un poco más. A estas alturas de la conferencia, el orador comete un despiste, ya que afirma sobre la misión del Apolo 13 “que no llegó a la Luna”. Pero vamos a ver, nos está diciendo que todo es mentira y que ninguna misión Apolo llegó a la Luna, entonces el Apolo 13 en realidad debería ser una misión verdadera (dos negaciones hacen una verdad) porque es la que oficialmente se ha reconocido que no llegó a tocar la superficie lunar. Como vemos, surgen las contradicciones y los despistes del inconsciente muy frecuentemente. Después de esta inocente distracción, el ponente habla sobre las cámaras fotográficas Hasselblad y el carrete Kodak que llevaban los astronautas a la Luna. Sobre el carrete fotográfico afirma que Kodak nunca llegó a comercializar ese carrete tan especial. Razón para insinuar que todo fue un montaje. ¡Olé! El señor orador no ha pensado que, tal vez, Kodak asumió que para el resto de los mortales que jamás iríamos a la Luna no sería interesante comprar un carrete específico para el ambiente lunar, básicamente porque no vamos a poder ir allí a hacernos selfies... ¿Para qué voy a comprar un carrete específico desarrollado para el ambiente lunar si nunca voy a ir allí y con los carretes desarrollados para el ambiente terrestre me valen? Otra conclusión, como vemos, sin pies ni cabeza.

Camara Hasselblad con las crucesAhora entramos en el capítulo, ya clásico, de las (supuestas) anomalías en las fotografías de la Luna. Todas y cada una de esas supuesta anomalías comentadas por el señor Camacho, están explicadas en el libro anteriormente mencionado de “La conspiración lunar ¡vaya timo!”; las cruces de las fotografías, las sombras no paralelas, los astronautas alumbrados en mitad de la sombra, sombras de la misma longitud cuando los objetos tienen distinta altura, la foto de la huella, las famosas estrellas que no aparecen en el cielo, lo de que no hay crater debajo del motor del módulo lunar, lo de que si la radiación de Van Allen (que no Van Halen, señor Camacho) hubiera matado a los astronautas, que si los astronautas van a cámara lenta, que si las colinas que aparecen al fondo de las fotografías son todas iguales lo que indica que NASA reutilizó decorados, que si el Rover lunar no ha dejado huellas, que si se perdieron las cintas donde estaban grabados los videos de las misiones. Todas estas cuestiones, ya digo, están explicadas de forma clara y sencilla en ese maravilloso y estupendo libro. Mi generosidad me obliga a decir públicamente que, si hace falta, estoy dispuesto a regalar al señor Camacho un ejemplar de ese libro para que pueda salir de su error y así poder avanzar en el conocimiento de una materia que, sin lugar a dudas, desconoce en este momento.

Una vez tratado el asunto de las fotografías, el orador nos habla de la nueva nave Orion que está desarrollando la NASA para sus vuelos tripulados futuros. El ponente no se corta y afirma que la NASA “está utilizando la misma tecnología [para la nave Orion] que utilizaba los Apolo”. Si el señor conferenciante fuera un poco más riguroso, sabría que una cosa es la tecnología, lo cual es evidente que no es la misma, y otra cosa es la forma cónica de la nave. Las dos naves tienen forma cónica, pero eso es una cuestión dada por ser el mejor diseño aerodinámico y nada tiene que ver con la tecnología interna de las naves, con lo cual el señor orador confunde dos términos. ¿Por qué los aviones tienen todos más o menos la misma forma, independientemente, del constructor, ya sea Boeing, Airbus u otro? Por ser la mejor forma aerodinámica. Con el fin de entender mejor este concepto, recomiendo otro libro, comentado en este blog hace poco, titulado “Los vuelos espaciales tripulados” por Max Faget. Es irónico, sin embargo, escuchar el tono indignado del ponente en este momento de la charla cuando afirma: “perdonad si hago mucha demagogia pero es que me puede”. ¡Olé! Demagogia no se, pero el ridículo lo hace bastante…

los-vuelos-espaciales-tripulados-max-fagetPasamos ahora a escuchar la bonita historia de una (supuesta) injusticia. La víctima Thomas Ronald Baron. Un señor que supuestamente escribió un informe de 500 páginas, con un resumen de 50, en el que informaba a la NASA de los fallos de seguridad que hubo en el accidente del Apolo 1 y no del módulo lunar (“la cabaña”), como afirma el señor ponente. Desgraciadamente, Baron tuvo un accidente en el que muere al ser arrollado por un tren en un paso a nivel y el informe y el resumen jamás ven la luz. Sin embargo el ponente afirma: “existe ¡eh! pero nadie sabe donde anda”. Vamos a ver, nadie lo ha visto, nadie sabe donde está pero existe. ¿Lo ha visto usted señor ponente? En la NASA no se cortan y hablan de ello.

Otra de las grandes pruebas que repiten los conspiranoicos es la que afirma que todo se grabó supuestamente en un plató por el director de cine Stanley Kubrick. Esta es otra de las pruebas que se aclaran en el libro “La conspiración lunar ¡vaya timo!”. Además, recientemente, la propia hija del director ha afirmado en su cuenta de Twitter que nada de eso es cierto y que su padre jamás grabó nada sobre el supuesto montaje a la Luna. Por cierto, el afirmar que Kubrick dejó de viajar en avión a EE.UU. para hacerlo en barco no tiene nada que ver con el hecho de grabar algo en un plató. A estas alturas de la conferencia, comprobamos que el nivel de rigurosidad ha caído a límites preocupantes.

Y llegamos ya a la última de las supuestas pruebas. A finales de 2013 los chinos lograron enviar una sonda a la superficie de la Luna llamada Chang’e 3. Pues bien, según el señor Camacho, las fotografías de la superficie lunar que ha enviado esta sonda son distintas a la de las del Programa Apolo. Yo debo tener algún problema ocular porque cuando veo unas y otras no percibo ninguna diferencia significativa. Lo cual me hace pensar, de nuevo, en que el orador solo quiere creer lo que le apetece creer. ¿Por qué da credibilidad a los chinos, una dictadura comunista por cierto, y no a los norteamericanos, una democracia occidental? ¿Por qué no se cuestionan los resultados obtenidos por la sonda de los chinos y si los resultados de los Apolo? Hay que admitir que el ponente es, al menos, bastante partidista. No es equitativo como se pudiera desear en una persona que pretende ser creíble. Por cierto, tampoco aparecen estrellas en el cielo de las fotografías mandadas por los chinos. ¿Están compinchados también?

Sonda china en la LunaEn definitiva, esta conferencia es un auténtico despropósito. Por mucho que el señor Camacho se empeñe diciendo que “hay algunas pruebas que hacen indicar que efectivamente no llegamos” los supuestos indicios no concluyen nada que puedan corroborar razonablemente el título de la charla. A lo mejor se trata de algunas pruebas que no mostró en la conferencia y las tiene escondidas. De lo que no hay duda es que las supuestas pruebas que ha mostrado en la charla no son, ni de lejos, dignas de ser calificadas como tal.

Da que pensar el despropósito vivido en Sitges el pasado mes de junio… Da que pensar porque o bien se trata de una reunión liderada por una persona de escaso entendimiento y capacidad de raciocinio – el ponente afirma al final: “a nadie nos gusta que nos digan que estás equivocado, incluído en el lote” -, o bien se trata de una burda manipulación, realizada por engañanecios, con fines desconocidos aunque, seguramente, próximos al timo económico.

Señores lectores, por favor, no pierdan más el tiempo – ni su dinero – con estas cosas. Hay tantas evidencias e indicios racionales que indican que los norteamericanos llegaron a la Luna que solo un chiflado o un ser sin escrúpulos dudaría de ello.

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Los vuelos espaciales tripulados, el libro

10 agosto 2016

Los vuelos espaciales tripulados - Max FagetLos vuelos espaciales tripulados. Por Max Faget. Editorial Pomaire. 1965 – 1968. 191 páginas.

Maxime “Max” Faget, escribió hace más de 50 años esta pequeña joya sobre los conceptos básicos que intervienen en los vuelos espaciales tripulados. Pequeña porque, en no más de 200 páginas, el diseñador de la nave espacial Mercury, resume todos los aspectos que hay que tener en cuenta cuando se mandan seres humanos al espacio. Y joya porque, desde la elegancia de la sencillez, Faget transmite todo su conocimiento de una forma ordenada y entendible para el público general.

El primer aspecto que se aborda en la obra trata sobre el medio ambiente en el que se mueven las naves espaciales, esto es, el espacio exterior, con sus problemas de radiación, el vacío o los meteoros entre otros problemas a resolver. En segundo lugar se estudia la tripulación y donde se va a albergar durante el viaje. Posteriormente se tratan los aspectos del lanzamiento de la nave espacial, la navegación, comando y control y las necesidades de la tripulación. Finalmente se abordan los sistemas de rastreo y comunicaciones, las fuentes de energía eléctrica en el espacio y el retorno a la Tierra.

Sin duda se trata de un libro que, seguramente, pueda pasar desapercibido en muchos casos. Sin embargo, los conocimientos expresados en el mismo constituyen la base de lo que hoy nos parece algo relativamente común y, por tanto, sencillo, como es el que los seres humanos puedan viajar al espacio.

Otro de los aspectos que hacen interesante este libro es la biografía de su autor. Max Faget, como hemos adelantado antes, fue el diseñador de la cápsula donde fueron alojados los sietes astronautas del Programa Mercurio, los primeros astronautas norteamericanos en ir al espacio. Posteriormente trabajó, como no podía ser de otra forma, en el Programa Géminis, el Programa Apolo y en el diseño del transbordador espacial.

Estos hechos le confieren al autor la categoría de pionero, lo que hizo que fuera incluido en el Salón de la Fama del Espacio en 1969, en el Salón de la Fama de Inventores Nacionales Norteamericanos y que recibiera de la NASA la Medalla al Liderazgo Sobresaliente entre otras distinciones.

Sin duda un libro imprescindible para la biblioteca de cualquier espacio-trastornado.

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Cómo destaponarse los oídos cuando llevas puesto un casco y estás en el espacio

6 julio 2016

Es muy corriente que, en las fases de despegue y reentrada en la atmósfera terrestre, a los astronautas se les taponen los oídos por el cambio brusco de presión. Como en estas fases los astronautas suelen llevar puestos los cascos, es imposible que puedan cerrarse la nariz con los dedos de la mano para intentar expulsar aire y conseguir  destaponarse los oídos.

Dispositivo Valsalva del casco de Neil Armstrong (Apolo 11)

Dispositivo Valsalva del casco de Neil Armstrong (Apolo 11)

Los ingenieros que diseñan los trajes espaciales son muy listos y añaden en el lateral de los cascos lo que se conoce como dispositivo Valsalva. Este sencillo dispositivo permite taponar los dos orificios de la nariz del astronauta para sellarlos y así poder destaponarlos cuando intente expulsar fuertemente el aire.

Casco de Neil Armstrong en el que se aprecia el dispositivo Valsalva (Apolo 11).

Casco de Neil Armstrong en el que se aprecia el dispositivo Valsalva (Apolo 11).

Durante el Programa Apolo, el control de misión de Houston, en la primera misión tripulada del Apolo 7, decidió que la tripulación debía ponerse sus trajes y sus cascos como precaución durante la fase de reentrada. Era la primera vez que una tripulación entraba en la atmósfera terrestre dentro del Módulo de Mando. Pero desgraciadamente, el dispositivo Valsalva no estaba instalado en los cascos de los astronautas y el comandante de la misión, Wally Schirra, que además se encontraba enfermo con un resfriado, decidió que ninguno de los tres astronautas se pusieran los cascos de manera que, si lo necesitaban, pudieran cerrarse la nariz con sus dedos para destaponarse los oídos.

Wally Schirra cabreado con el control de misión en Houston (Apolo 7).

Wally Schirra cabreado con el control de misión en Houston (Apolo 7).

Aquella decisión, junto con otras similares, que tomaron los astronautas del Apolo 7, hizo enfadar a muchos directivos del Programa Apolo que decidieron que aquellos hombres nunca más volvieran al espacio, como así ocurrió finalmente.

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Algunos “héroes anónimos” del Programa Apolo

30 junio 2016

Para poner a doce hombres sobre la superficie de la Luna fue necesario que cerca de 400.000 personas trabajaran en el Programa Apolo. Bien perteneciendo a NASA, o a otra institución pública del Gobierno norteamericano, o bien trabajando en las diversas empresas contratistas o subcontratistas. La Historia se ha fijado principalmente en esos doce hombres y en los especialistas y directivos de alto nivel que participaron en aquella gran aventura, pero muy rara vez se ha escuchado algo sobre el resto. Algunas de estas personas fueron auténticos “héroes anónimos” del Programa Apolo. Incluso, no está de más recordar también que unos pocos eran españoles y trabajaban en las estaciones de seguimiento de Fresnedillas y de Robledo de Chavela.

Para recordar a todos esos “héroes anónimos”, hemos recopilado una pequeña lista con algunos de ellos. Sin su trabajo, seguramente no hubiera sido posible cumplir la visión que tuvo el Presidente norteamericano John F. Kennedy de llevar al Ser Humano a pisar la superficie lunar.

John C. Houbolt.

John C. Houbolt explicando el método LOR.

John C. Houbolt explicando el método LOR.

Houbolt fue el responsable de cambiar la forma que se había diseñado para ir a la Luna. Antes de que pudiera influir, el método preferido por NASA era el que había propuesto Wernher von Braun. Casi nada. Von Braun apostaba por lo que se denomina como Ascenso Directo. Este sistema consistía en que, con una sola nave, con un sólo cohete, se iba y se volvía de la Luna. Es el método que Tintín utiliza también para ir a nuestro satélite en uno de sus comics. El problema es que hace falta tanto combustible que el cohete y sus depósitos han de ser enormes. Sin contar con el coste económico. Pues bien, a Houbolt se le ocurrió el método LOR (Lunar Orbit Rendevouz), traducido al español como Encuentro en Órbita Lunar. Este sistema consiste en mandar tres naves pequeñas a orbitar la Luna. Una de ellas se queda allí y las otras dos bajan a la superficie. Una vez que se decide volver a la órbita lunar, se utiliza una de ellas, mientras que la otra se queda en la superficie. Se acoplan de nuevo y se trasfiere a los astronautas y la carga. Una vez realizado esto la nave utilizada para ascender a la órbita lunar se separa y se vuelve a la Tierra con la que ha estado orbitando la Luna.

Se trata de un sistema mucho más barato ya que no hace falta llevar naves tan grandes con tanto combustible. El punto peligroso es que hay que realizar varias operaciones de acople y desacople entre naves a miles de kilómetros de la Tierra, en la órbita lunar. No es que a Houbolt se le ocurriera este método, el mérito correspondió a Yuri Kondratyuk y Hermann Oberth unos cuantos años antes, pero si fue el que “convenció” a NASA  con su insistencia que aquel era el método más apropiado. Y es que, al principio, Houbolt fue ignorado totalmente. Pero perseveró y, arriesgando su propia reputación, insistió en ello, incluso saltándose la cadena de mando y, por tanto, a sus jefes directos, llegando a escribir varias cartas a los más altos responsables de NASA.

Afortunadamente la visión y tenacidad con la que defendió su idea le valió el reconocimiento por parte de NASA e incluso, más tarde, del propio Von Braun. NASA le concedió la medalla al logro científico excepcional.

Thomas “Tom” Kelly.

Thomas Kelly, padre del Módulo Lunar.

Thomas Kelly, padre del Módulo Lunar.

Kelly fue el padre del Módulo Lunar. Éste ingeniero trabajó en Grumman Aircraft Corporation. Allí empezó a estudiar el método LOR de Houboult incluso antes de ser elegido por NASA. Cuando en 1962 Grumman fue escogida por NASA para construir el Módulo Lunar, Kelly y su equipo ya habían recorrido un valioso camino y poseían una interesante experiencia en este campo. Esto permitió a Kelly, en solo siete años, diseñar y desarrollar la máquina que permitiría aterrizar en la Luna. Para ello tuvo que liderar un equipo formado por 3.000 ingenieros y 4.000 técnicos.

Como no podía ser de otra forma, transformar esos diseños en máquinas reales estuvo plagado de problemas e imprevistos. Esto produjo bastante nerviosismo en NASA y en el Gobierno norteamericano que presionó, a su vez, a Grumman y a Kelly por su aparente falta de progreso. Sin embargo, ni Kelly ni su equipo se dieron por vencidos y finalmente ganaron la batalla. Kelly llegó a estar tan involucrado que incluso reconoció que los Módulos Lunares eran para él como sus propios hijos.

Otro de los aciertos de Kelly fue crear un equipo en donde los astronautas se involucraran para ayudar a proporcionar información y asesoramiento sobre las pruebas hechas con la nave con el fin de mejorar el diseño y los procedimientos futuros.

Quizás el momento más orgulloso para Kelly no fue que el Módulo Lunar nº 5, llamado Eagle, aterrizara por primera vez en la Luna con el Apolo 11, sino aquel en el que el Módulo Lunar Aquarius, del Apolo 13, ayudó a salvar las vidas de los astronautas. Sin el liderazgo de Kelly y su pasión por la excelencia y el trabajo en equipo quizás no se hubiera podido aterrizar en la Luna antes del final de la década como propuso Kennedy.

Eleanor ‘Ellie’ Foraker.

Ellie Foraker vistió a los astronautas para ir a la Luna

Ellie Foraker vistió a los astronautas para ir a la Luna

Eleanor Foraker era costurera en 1962. Trabajaba en la empresa International Latex Corporation (ILC) como responsable de la ropa para bebés. Pero el hecho de que ILC ganara el concurso convocado por NASA para hacer los trajes espaciales hizo que Ellie, junto con su equipo de costureras, fuera trasladada al nuevo departamento. En ese momento, nadie tenía la experiencia para hacer las trajes espaciales que debían funcionar en la superficie de la Luna. Una cosa eran los trajes que usaban los pilotos de aviones e incluso los primeros astronautas de los proyectos Mercury y Geminis, y otra muy distinta los trajes para soportar las condiciones de la Luna. Trajes que en realidad debían ser otra pequeña nave espacial donde el astronauta pudiera sobrevivir e incluso trabajar durante unas horas.

Además, ILC era una empresa sin experiencia en grandes contratos con el Gobierno norteamericano, por lo que se asoció con Hamilton Standard para desarrollar este proyecto. El trabajo iba a ser largo y arduo y requería un alto grado de precisión. Incluso se tuvieron que diseñar nuevas herramientas ya que las utilizadas hasta ese momento no servían. Por ejemplo, las costureras tenían que coser hasta 17 capas de distintos tejidos a la vez y a mano. En esta situación el control de calidad era una prioridad. Cada puntada fue contada y medida. No se permitió otra cosa que no fuera la perfección. Era muy peligroso que algún alfiler se quedara dentro de alguna de esas capas ya que podría provocar un agujero y la muerte del astronauta. Foraker fue la responsable última para que eso no ocurriera. Y no ocurrió.

En 1964 se entregaron a NASA los primeros trajes espaciales pero, desgraciadamente, no fueron aceptados porque no cumplían los requerimientos mínimos. Además, hubo problemas entre ILC y Hamilton Standard por lo que NASA decidió cancelar el contrato.

Sin embargo, ILC y Foraker no se rindieron y volvieron a trabajar en el diseño de un nuevo traje más flexible que ganó, finalmente, a la competencia. ILC tenía la gran ventaja de saber hacer ropa de goma flexible, ajustable y personalizable que era perfecta para las necesidades de los trajes del Apolo. El resultado fue el traje denominado como A7L, que pasó todas las pruebas en la Luna, gracias al trabajo de personas como Eleanor Foraker.

Joseph F. Shea.

Joseph F. Shea, un gran ingeniero

Joseph F. Shea, un gran ingeniero

Joseph F. Shea era un brillante ingeniero que en 1961 se unió a la Oficina de Vuelos Espaciales Tripulados como experto en ingeniería de sistemas. En 1963, ya era el jefe de la Oficina para el programa de la nave espacial Apolo (ASPO en sus siglas en inglés). Shea tuvo la habilidad de unir las distintas culturas existentes dentro de los centros de NASA con las de sus principales contratistas, en especial North American Aviation, la empresa responsable de construir el Módulo de Mando de la nave Apolo. Esto no le salvó de ser criticado en muchas ocasiones, aunque finalmente fue aceptado y reconocido como un gran ingeniero y gestor. Desgraciadamente, en 1967, ocurrió el incendio en el Apolo 1 con la muerte de sus tres astronautas mientras éstos realizaban unas pruebas en la torre de lanzamiento. Shea no lo dudó y participó en la investigación del terrible accidente ya que sentía una responsabilidad personal dado que los tres astronautas eran sus amigos. Aquello le supuso un grave problema de salud puesto que llegó a trabajar 80 horas a la semana.

Al poco de recuperarse, fue trasladado al cuartel general de NASA en Washington DC pero no duró mucho allí y se marchó a la industria privada. Posteriormente sería profesor en el MIT.

Sin la intensa capacidad de trabajo de Shea y sin su diplomacia es posible que el desarrollo de la nave Apolo no hubiera cumplido los plazos previstos y, por tanto, no se hubiera llegado a la Luna a tiempo.

Lee Silver.

Lee Silver (con camisa verde), el geólogo de la Luna

Lee Silver (con camisa verde), el geólogo de la Luna

Lee Silver fue el profesor de geología de los astronautas del Apolo. Antes de que impartiera sus clases sobre el terreno a los doce hombres que pisarían la Luna, la NASA organizaba conferencias sobre esta materia a los astronautas. Como era de esperar, este tipo de enseñanza aburría sobremanera a los pilotos los cuales no mostraban ningún tipo de interés normalmente.

Una cosa era recoger una serie de rocas lunares, más o menos, al azar y otra muy distinta coger aquellas geológicamente interesantes que tuvieran una “historia” detrás. Para ello, Harrison “Jack” Smith, el único científico que viajó en las misiones Apolo y antiguo alumno de Silver, invitó a éste a reunirse con James Lovell y Fred Haise (del Apolo 13) para comentar algunos aspectos básicos de la geología de campo. Silver no lo dudó y aprovechó la oportunidad para irse con ellos de acampada a las montañas de California. Aquello despertó realmente la curiosidad de los astronautas por lo que Silver organizó más adelante otras excursiones de este tipo con el resto de los pilotos. Aquellos nuevos estudiantes de geología practicaban y ensayaban sobre el terreno las futuras misiones lunares. Esto permitió que la recolección de rocas en la Luna fuera de un alto nivel, como posteriormente se comprobó en los estudios en la Tierra. Una de las mejores misiones fue la del Apolo 15, en donde se recolectó la Roca del Génesis y que permitió respaldar la teoría de que nuestro satélite es el resultado del choque de una jovencísima Tierra y un planetoide del tamaño de Marte.

Está claro que si no fuera por el profesor Silver, la historia y la relación de la Tierra con la Luna seguiría siendo relativamente desconocida.

Dorothy ‘Dottie’ Lee.

Dorothy Lee, la protectora de los astronautas

Dorothy Lee, la protectora de los astronautas

Dorothy Lee fue el último escudo de defensa de los astronautas en la reentrada a la atmósfera terrestre. Lee destacó por ser una brillante ingeniera y matemática, llegando incluso a recibir el mote de “computadora humana con una calculadora”. Empezó a trabajar en NACA (una de las agencias previas a la creación de NASA) en 1948. Allí empezó a investigar sobre estabilidad en las naves espaciales. Enseguida fue invitada a unirse al grupo de Max Faget, el diseñador de las cápsulas Mercury, donde destacó entre el resto de ingenieros hasta que los soviéticos lanzaron el Sputnik. Hecho que todo lo cambió. Dottie se trasladó a Houston donde empezó a trabajar en la nave Apolo, en concreto en el escudo térmico que protegería la nave y sus tripulantes de las altísimas temperaturas provocadas por la fricción con la atmósfera terrestre. Ella y su equipo realizaron una serie de cálculos para medir las características aerotermodinámicas del módulo de mando en la reentrada. Se realizaron también pruebas en el túnel de viento. Estas pruebas, junto con los datos reales recopilados en los vuelos de los programas Mercury y Gemini, permitieron a Lee concluir el análisis. No hay que olvidar que todo este proceso fue difícil y lento, ya que los ordenadores de aquel entonces eran muy primitivos. A pesar de todo esto, Lee fue capaz de predecir las temperaturas extremas y la presión generada en la reentrada a la atmósfera a más de 40.000 km/h. Sin embargo, todo esto no eran más que cálculos teóricos en realidad.

Se construyó un escudo hecho de una resina epoxi con forma de panal y fue revisado concienzudamente ya que no se podía permitir el más mínimo fallo si se quería garantizar la seguridad de la nave y sus tripulantes. Finalmente, se realizaron una serie de pruebas reales en los primeros vuelos no tripulados del Apolo y, aunque no se alcanzó la velocidad máxima de reentrada, aquello no impidió comprobar que los cálculos que había hecho Dorothy Lee coincidian con los datos reales obtenidos en las pruebas. Tal fue el éxito de Lee y su equipo que NASA no dudó en encomendarla el diseño de la protección térmica del transbordador espacial. Como curiosidad decir que el morro delantero con forma de cono del transbordador se le apodó como “la nariz de Dottie”. Además, la nueva nave espacial Orion, que está siendo desarrollada por NASA, lleva el mismo escudo térmico hecho con resina epoxi que en su momento calculara y diseñara Dorothy Lee.

Como muy bien resumió Michael Collins, astronauta del Apolo 11:

Todo esto es posible sólo gracias a la sangre, el sudor y las lágrimas de un número de personas … Todo lo que ves son tres hombres, pero debajo de la superficie están miles y miles de personas.

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