50 años del Apolo 12: se repite la machada

14 noviembre 2019

Cuando Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins regresaron de su viaje a la Luna en julio de 1969, demostraron que el ser humano podía realizar viajes interplanetarios. Esa certeza significaba ya que la aventura era posible. En el fondo, era el pistoletazo de salida para la exploración real de la Luna. Y para seguir haciendo Historia con mayúsculas. Cuatro meses después, en noviembre, llegaba el turno para Charles “Pete” Conrad, Alan Bean y Richard Gordon.

Tripulación del Apolo 12. De izq. a dcha: Charles Conrad, Richard Gordon y Alan Bean. Fotografía: AP12-KSC-69PC-621.

El objetivo principal que debía cumplir la misión del Apolo 12 era aterrizar en la Luna de forma precisa, es decir, en un lugar predeterminado. Algo que el Apolo 11 no pudo conseguir ya que alunizó a casi seis kilómetros del sitio inicialmente previsto. Esta vez se escogió un lugar en el Océano de las Tormentas, concretamente a escasos metros de donde se había posado la sonda Surveyor 3 en abril de 1967.

Momento en el que un rayo golpea la torre de lanzamiento durante el despeque del Apolo 12. Foto: AP12-S69-60068.

El Apolo 12 fue lanzado desde Cabo Cañaveral el 14 de noviembre y se puede afirmar que fue una misión casi perfecta. Aunque estuvo a punto de fracasar desde el mismo inicio de esta puesto que un par de rayos impactaron sobre el Saturno V durante la fase de lanzamiento haciendo que los paneles de navegación del módulo de mando se apagasen. En momentos así es cuando se justifica la elección de ciertos astronautas para llevar a cabo ciertas misiones. Sino hubiera sido por los nervios de acero de Conrad, junto con las tablas de Gordon y Bean, la misión se hubiera abortado provocando un gran perjuicio al Programa Apolo. Aunque, para ser justos también, la ayuda que recibieron desde el Control de misión en Houston para solventar ese momento crítico fue definitiva: John Aaron, el controlador EECOM, sugirió rápidamente “que prueben SCE a Auxiliar” (“Try SCE to Aux” en inglés) orden que arregló el problema “milagrosamente”.

Pete Conrad saliendo del LEM para pisar la superficie lunar. Fotón: AS12-46-6717.

A parte de conseguir el objetivo de aterrizar a unos 200 metros de la Surveyor 3, la misión del Apolo 12 fue la primera en realizar dos actividades extravehiculares (EVA en sus siglas en inglés) de casi cuatro horas cada una. En esas EVAs se instaló, por primera vez, un conjunto de experimentos e instrumentos científicos denominado ALSEP (Apollo Lunar Surface Experiments Package), así como otra bandera los Estados Unidos. En la pata de la etapa de descenso del módulo lunar se dejó una placa sin ninguna frase como si ocurrió en el Apolo 11, solo la fecha y los nombres y las firmas de los astronautas. En la Luna se recolectaron 34,5 Kg de rocas y se cogió la cámara de televisión de la Surveyor 3 para estudiarla posteriormente en la Tierra.  En total Pete Conrad y Alan Bean permaneciendo en la Luna 31 horas y 31 minutos.

Charles Conrad examinando la Surveyor 3 durante la segunda EVA. Foto: AS12-48-7136.

Entre los logros de esta misión, no quiero olvidar tampoco mencionar que el Apolo 12 viajó en una trayectoria híbrida, no de retorno libre. Esto se decidió por varias razones, entre ellas para que la antena de seguimiento de Goldstone (EE. UU) de 64 metros (210 pies) de diámetro pudiera controlar el descenso y aterrizaje en la Luna. A cambio se sacrificaba la seguridad, por lo que, si hubiera habido un problema grave con los motores de la nave, los astronautas no hubieran podido regresar directamente a la Tierra. La importancia de esto se demostró clave en la siguiente misión, la del Apolo 13.

Placa dejada por el Apolo 12 en una de las patas de la etapa de descenso del módulo lunar Intrepid.

Otro dato curioso de esta misión es que, durante el regreso a casa, los astronautas del Apolo 12 tuvieron la suerte de ser los primeros hombres en ver a la Tierra eclipsando al Sol.

También al regreso, los astronautas tuvieron que pasar 21 días de cuarentena.

El indicativo de llamada elegido para el módulo de mando y de servicio fue Yankee Clipper y para el módulo lunar el de Intrepid. Nombres puestos por los trabajadores de las fábricas de esas dos naves. El módulo de mando Yankee Clipper se exhibe actualmente en el Museo del aire y el espacio de Virginia (Virginia Air & Space Center) de Hampton (Virginia).

Módulo de mando Yankee Clipper en el Museo del Aire y el Espacio de Virginia (EE.UU.).

Desgraciadamente, ninguno de los tres astronautas sigue vivo. Conrad, el comandante, falleció en 1999 por una hemorragia interna tras sufrir un accidente de moto. Gordon murió en 2017 y Alan Bean, el piloto del módulo lunar, nos dejó en 2018.

Apolo 12 (Intrepid) en la Luna. A la derecha se observa la antena de Banda-S. Foto: AS12-47-6988.

La configuración de la red de seguimiento de vuelos tripulados (MSFN en sus siglas en inglés) se amplió, no solo con la antena de 64 metros de Goldstone antes mencionada, sino también con otra antena en Parkes (Australia) con el objetivo de mejorar la cobertura de televisión en la Luna. En general la red funcionó perfectamente. Como pequeña anécdota reflejada posteriormente en el informe de la misión, hay que destacar que después de la primera EVA, se detectó un tono de 2 KHz en las comunicaciones aire-tierra recibidas a través del canal de voz de respaldo del módulo lunar. Parece ser que ese tono se generó en algún equipo de la estación de Fresnedillas (Madrid prime) y posteriormente se enviaba hacia el módulo lunar por el enlace uplink que a su vez era retransmitido al transpondedor de tierra.

Configuración de la red NASCOM para el Apolo 12. Se puede ver que sobre el Océano Atlántico había dos satélites INTELSAT operando.

¿Y qué pasó con la red NASCOM? Recordamos que esta red mundial estaba formada por multitud de circuitos telefónicos, cables submarinos, enlaces de microondas, satélites de comunicaciones, etc, que trasmitían los datos recogidos en las estaciones de la red MSFN al control de misión en Houston. Como ya contamos en este blog, unos días antes del lanzamiento del Apolo 11, el enlace principal entre las estaciones de NASA en España (a través de la estación de Telefónica en Buitrago) y Estados Unidos se perdió. La antena del satélite Intelsat III-F2, situado sobre sobre Brasil, falló y quedó inutilizado para dar servicio al Apolo 11. Sin embargo, el satélite se recuperó parcialmente en agosto de ese mismo año, permitiendo trasmitir unos circuitos de voz. Por tanto, para la misión del Apolo 12, se podía volver a contar con él. No obstante, como no era suficiente, también se tuvo que utilizar el otro satélite operativo que había sobre el Océano Atlántico: el Intelsat II-F3 o Canary bird (Canario).

El Intrepid visto desde el Yankee Clipper descendiendo a la superficie lunar. Foto: AS12-51-7507.

Si el Apolo 12 logró un aterrizaje preciso fue gracias, en parte, al excelente comportamiento de la red MSFN y NASCOM la cual permitió trasmitir y recibir instantáneamente los datos entre el módulo lunar y el Centro del control de misión en Houston. Una gran parte de esos datos se procesaron con el nuevo programa informático del LEM (llamado “Lear Processor” en honor a su inventor, el ingeniero William M. Lear) para ir corrigiendo los errores de navegación en el descenso del Intrepid a la Luna. Con el nuevo comando “Noun 69” (Nombre 69), los astronautas podían actualizar las coordenadas del lugar de aterrizaje en base a los datos que recibían de la red MSFN y todo ello en tiempo real.

Apollo experience report – Mission planning for lunar module descent and descent – junio 1972.pdf

Los periódicos españoles de la época ya informaban sobre la misión unos días antes del lanzamiento. El día 13 lo que preocupaba era si la avería detectada en uno de los depósitos de hidrógeno líquido podría hacer que se aplazara el lanzamiento. Al día siguiente, Europa Press reseñaba el papel de la estación de Fresnedillas y su enlace con Houston a través del satélite Intelsat operado por Telefónica desde su estación de Buitrago del Lozoya. El día 15, en el ABC, el enviado especial a Fresnedillas, Antonio Alférez, reflejaba en su crónica que había podido ver el lanzamiento “a través de una pantalla de TV en color”. Alférez también se percató que la segunda misión a la Luna ya no despertaba tanto interés entre el público puesto que “apenas hemos venido unos pocos periodistas en comparación con la legión llegada con el Apolo 11”. La agencia Cifra informaba también de los contactos hechos entre la estación de Maspalomas y los astronautas durante la primera fase de la misión. El 18 de noviembre, el ABC informaba de que los equipos de astrofotografía de la Agrupación Astronómica de Sabadell habían podido fotografiar, con mucha calidad, “el cúmulo de gas desprendido por el Apolo 12 al iniciar su recorrido translunar”. Al parecer esta Agrupación colaboraba con NASA dentro de la red internacional de vigilancia lunar.

Portadas del diario ABC relacionadas con la misión Apolo 12.

Los periódicos canarios, en especial El Eco de Canarias, cubrían también la misión, centrándose muchas veces en contar lo que pasaba desde la estación de Maspalomas. Antonio-Román Rodríguez del Pino enviaba sus crónicas telefónicas, sin embargo, desde la estación de “Robledo de Chavela”. La agencia Pyresa informaba, el día 19, que TVE iba a emitir en directo un par de programas sobre la llegada del Apolo 12 a la Luna.

El Eco de Canarias informando el 20 de noviembre de 1969 sobre la llegada del Apolo 12 a la Luna. (Página 2).

La segunda misión lunar llegaba a su fin. Dos hombres más habían podido pisar de nuevo la superficie de la Luna y traerse con ellos un legado científico de primer orden. Y hacerlo, además, con una gran camaradería, compañerismo y dosis de buen humor. Alan Bean, el cuarto hombre en pisar la Luna, era un gran aficionado a la pintura. En honor a sus compañeros de misión, pintó una serie de cuadros bajo el título de “Buddies forever” (Amigos para siempre) en las que reflejaba su estancia en la Luna. Sin embargo, pintó uno que tituló “The fantasy” (La fantasía) en el que situó a Richard Gordon, el astronauta que se quedó orbitando la Luna dentro del Módulo de mando, sobre la Luna junto con Pete Conrad y el mismo.

Cuadro: Fantasy (Fantasia). Autor: Alan Bean.

Parecía que los Estados Unidos tenía dominadas todas las técnicas y procedimientos para ir y volver a la Luna con astronautas. La ilusión y euforia del Apolo 11 y 12 se empezaban a diluir. En abril de 1970, cinco meses después del Apolo 12, le tocaría el turno al Apolo 13. Pura rutina ya… ¿O quizás no?

Godspeed, Apollo 12!


El gran salto al abismo (libro)

11 noviembre 2019

El gran salto al abismo. La extraordinaria historia de un técnico español de la NASA en la exploración del espacio. Por Jesús Sáez Carreras. Edita: Next Door Publishers (Colección El Café Cajal). Año: 2019. 243 páginas. ISBN: 978-84-949245-6-9.

Hace miles y miles de años hubo un instante en el que un homínido bípedo fue capaz de fabricar las primeras herramientas de piedra de la historia. Ese instante es considerado como el momento en el que surgió el ser humano por primera vez. Fue el primer gran salto de nuestra especie… Hasta que hace aproximadamente sesenta años, un 12 de abril de 1961, otro miembro de esa misma especie, Yuri Gagarin, llegó al espacio por primera vez… Ese fue el segundo y gran salto al abismo del Homo sapiens. Comenzaba la carrera espacial.

Carlos González, un joven español, participó desde casi el inicio de la confrontación mundial por ver quién de los dos bloques políticos más importantes de aquella época dominaba el espacio; o el conocido como “mundo libre” o el comunismo soviético.

Mientras trabajaba para NASA en las dos estaciones de seguimiento de la sierra de Madrid (Fresnedillas de la Oliva y Robledo de Chavela), Carlos fue testigo de primera mano de todos los momentos históricos en la conquista inicial del espacio. Desde su puesto de trabajo controló, en 1968, a la primera misión tripulada del Programa Apolo, la del Apolo 7, hasta el lanzamiento de la misión Juno, en 2011, justo el día que comenzaba su jubilación. Ni que decir tiene que trabajó en misiones míticas como la del Apolo 11 o la del Apolo 13 o que vivió – y sufrió – las dos tragedias del transbordador espacial (Challenger y Columbia) entre otros hechos. Incluso, en marzo de 1974, llegó a conocer en persona al mismísimo Werhner von Braun, el diseñador del lanzador Saturno V que mandaría a 12 hombres a pisar la Luna. Por todo ello, la NASA le concedió la Medalla al Servicio Público Distinguido reconociendo su profesionalidad, buen hacer y esfuerzo contribuyendo a que el ser humano, a través de la Agencia espacial norteamericana, pudiera conseguir tantos y tantos sueños.

Aunque Carlos, aparte de ser un experto en su campo, es también un hombre excepcional con una calidad y generosidad humana de las que dejan huella en los demás. No se me olvidará cuando le conocí por primera vez: fue en una visita a la estación de Robledo, poco antes de jubilarse, y siempre le estaré agradecido de que me enseñara y explicara las distintas estancias de la mítica estación de Robledo de Chavela (MDSCC). Guardo como oro en paño una reproducción en papel que me dio, y dedicó, del certificado de agradecimiento que la NASA le había entregado por su participación en el Apolo 11.

Pero volvamos al libro. Básicamente es la historia personal de Carlos contada dentro de la historia general de la conquista espacial. Y ahí su autor realiza una labor exquisita al juntar las dos grandes historias. Jesús Sáez te va llevando en volandas, tejiendo unos nudos ya irrompibles; el de la vida de Carlos y la exploración espacial. Tuve el gusto de conocer a Jesús cuando compartí con él el escenario del “Hay vida en martes” en Espacio Fundación Telefónica sobre los 50 años de la llegada a la Luna y, aunque suene a peloteo, he de decir que escribe muy bien. Su redacción es elegante, cercana, natural, divulgativa y muy efectiva ya que consigue que el lector devore las páginas de su obra rápidamente.

Hay vida en Martes: 50 años en la Luna. 2-julio-2019. Cortesía de Fundación Telefónica. Fotografía de Irene Medina

Si lo reseñado hasta ahora no fuera suficiente para comprar y leer este libro, voy a explicar más motivos para hacerlo.

Por un lado, el libro está prologado por Miguel López-Alegría, el primer astronauta de origen español que llegó al espacio. Pero aún hay más ¡y es que el epílogo lo ha escrito nada más y nada menos que Charles Duke! El décimo hombre que pisó la Luna con el Apolo 16. Charlie Duke es amigo de Carlos y ambos comparten el gusto por la divulgación del Programa Apolo como pude constatar personalmente en las visitas que hizo Duke a Madrid con motivo de la exposición sobre la historia de la carrera espacial que hubo en Madrid en el año 2011.

Otro punto importante que quiero destacar sobre esta obra es la gran labor editorial de Nuria y Oihan, de Next Door Publishers. La gran calidad y el cariño con que se han currado este proyecto se percibe desde el mismo momento en que coges y ojeas un ejemplar del libro. La maquetación, las ilustraciones, las fotografías… Sin olvidar la bibliografía final y las sugerencias de blogs y documentales relacionados con este tema. Por cierto, muchas gracias por incluir a Mr.Gorsky  entre ellas. Sin duda no lo merecemos, pero gracias.

Carlos, ese hombre extraordinario con la voz ronca que trasmite confianza y cercanía, ejemplo de una generación de españoles que, con su esfuerzo (y el de sus padres), fueron capaces de destacar en un campo y en un momento histórico gracias a su talento, habilidad y trabajo con el fin de poner un granazo de arena en la conquista del espacio y en ampliar el conocimiento que el ser humano tiene sobre el Universo. Aquel chaval que en 1957 vio pasar al Sputnik cruzando el cielo de Madrid la lado de su padre desde la azotea de la casa donde vivían, aquel que con 17 años se marchó a estudiar a Estados Unidos gracias a una beca, aquel que hizo la mili durante 18 meses, aquel que volvía a Madrid todos los días haciendo autostop desde su puesto de trabajo en Pinto, aquel chaval, aquel hombre, se sentó la noche del 20 de julio de 1969 enfrente de una de las consolas que controlaban el descenso a la Luna del Apolo 11. Gracias Carlos y a todos los de tu generación por tu ejemplo. Y gracias, de nuevo, a Jesús Sáez y a Next Door Publisher por recoger esta gran historia y guardarla ya para la posteridad.

Sin duda alguna, todo astro trastornado debería tener un ejemplar de este libro en su estantería.

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El regalo del Apolo, por Carl Sagan

9 noviembre 2019

Hoy, 9 de noviembre de 2019, Carl Sagan hubiera cumplido 85 años y por ese motivo queremos recordar el texto (El regalo del Apolo) que escribió sobre la importancia y significación que tuvo el Programa Apolo para la humanidad.

El artículo se publicó originariamente en la revista Parade pero luego, en 1994, se añadió como un capítulo del libro de Sagan “Un punto azul pálido: Una visión del futuro humano en el espacio”. El texto combina el optimismo de Carl Sagan por la tecnología (como se evidenció en las misiones Apolo) con la amenaza para el futuro de la humanidad por un mal uso de esta.

En la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos se puede ver el documento original, corregido a mano por el propio Sagan.

Sea cual fuera la razón que puso en marcha el Programa Apolo y con independencia de lo comprometido que se hallara con el nacionalismo de la Guerra Fría y con los instrumentos de la muerte, el ineludible reconocimiento de la unidad y fragilidad de la Tierra constituye su claro y luminoso dividendo, el inesperado regalo final del Apolo.

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Apolo 11: Esto es Goddard (video)

30 octubre 2019

El pasado 24 de julio, cuando se cumplían exactamente 50 años de la conclusión del Apolo 11, el Goddard Space Flight Center de NASA, subió un video a su canal de YouTube explicando el papel que realizó este centro situado en Greenbelt (Maryland) durante esa histórica misión.

El video es un minidocumental de 20 minutos de duración que por su interés y relación con la red de vuelos espaciales tripulados (MSFN en sus siglas en inglés) lo reproducimos en este blog. Destacamos que sobre el minuto 3:27 se hace referencia a la adquisición de la señal (AOS en sus siglas en inglés) por parte de la estación de Fresnedillas (Madrid Apollo). Se pueden ver también imágenes de la ciudad de Madrid desde la Casa de Campo, de la antena y del cartel a la entrada de la estación. A parte, también me gustaría destacar un par de curiosidades: por un lado, se puede conocer cómo fueron los entresijos (desde el punto de vista de la conexión técnica) de la conversación entre el presidente Nixon y Neil Armstrong y Buzz Aldrin cuando estaban sobre la superficie lunar y por otra parte la anécdota del encuentro en vuelo narrada por el Capitán Brown, piloto del vuelo 596 de QANTAS, y el Apolo 11 cuando éste efectuaba la reentrada sobre el Pacífico. What a spectacle! (¡Qué espectáculo!) se le oye decir y eso que estaba a unas 300 millas de distancia.

El video se ha rescatado y digitalizado gracias a los Archivos Nacionales de Estados Unidos (US National Archives).

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Dos conferencias más en Madrid sobre el Programa Apolo que no debes perderte

22 octubre 2019

Si estás en Madrid durante esta próxima semana tienes dos eventos que no deberías perderte.

Jornadas científicas en San Lorenzo de El Escorial (Octubre 2019).

Conferencia “La luna, un salto de gigante” de nuestro admirado Carlos González.

Viernes 26 de octubre a las 12:30h en la Casa de Cultura de San Lorenzo de El Escorial (C/ Floridablanca nº 3). Está organizada por el Ateneo Escurialense.

Programa de la jornada: “Las telecomunicaciones que llevaron al Hombre a la Luna”.

Jornada “Las telecomunicaciones que llevaron al Hombre a la Luna” organizada por el Foro Histórico de las Telecomunicaciones.

Lunes 28 de octubre a las 18:00h en el salón de actos del Instituto de la Ingeniería de España en Madrid (C/ General Arrando 38).

En la jornada hay prevista una conferencia de Valeriano Claros titulada “Las telecomunicaciones de las Misiones Apolo: la visión de uno de sus protagonistas” sobre las 18:45h. Posteriormente habrá un coloquio / debate.

Es imprescindible apuntarse previamente, aunque la jornada se podrá seguir en directo por internet.

¡No te las puedes perder!

Por cierto, se me olvidó enlazar e informar a todos de la web “Apollo XI – 50 aniversario en donde podéis estar al tanto de eventos relacionados con los 50 años de la llegada del hombre a la Luna por primera vez.

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La charla en Quixote Innovation y una breve reflexión

21 octubre 2019

El pasado viernes 27 de septiembre Joaquín González, el presidente y promotor de Quixote Innovation, me invitó (en realidad “me lió”) a impartir un par de conferencias en Valdepeñas (Ciudad Real). 😊

Os dejo a continuación el video de la segunda, la que di por la tarde en el maravilloso Museo del vino de la ciudad manchega. Solo por visitarlo ya merece la pena acercarse hasta allí.

La primera charla la impartí en el IES Gregorio Prieto para los chavales del instituto y fue parecida a la del video, aunque un poco más divulgativa y menos técnica.

Tengo que decir que la experiencia vivida ese fin de semana fue de las que no se olvidan y no tanto por las dos charlas en sí, que por supuesto, sino por lo que descubrí sobre lo que está haciendo Quixote Innovation.

Quixote Innovation es una iniciativa privada liderada por Joaquín e Isa. Dos personas que se gastan su tiempo y dinero en ofrecer una alternativa de futuro, basada en la innovación y la transformación digital, a personas y negocios de la zona. Y lo mejor de todo es que parece que funciona. Están generando mucho interés como pude comprobar yo mismo durante el fin de semana que pasé con ellos. Los temas, actividades y gente que están consiguiendo que se acerquen hasta allí dan prueba de ello también. Por ejemplo, y ya aprovecho para publicitarlo, el próximo viernes 25 de octubre, va a estar en Valdepeñas la Dra. Alicia Sintes explicando las ondas gravitacionales. Un auténtico lujo.

Alicia Sintes – Valdepeñas – 25 de octubre (viernes) a las 20:30h.

Y ya digo, que todo esto lo hacen con su propio esfuerzo y por amor al arte. Es inevitable pensar que si está iniciativa tuviera más apoyo, los resultados para el beneficio general serían inmediatos. Es cierto que, de momento, detrás de Quixote Innovation hay una serie de patrocinadores (como Bodegas ArÚspide, Quesería Mendoza, Ajos Garrido) y colaboradores que ponen su granito de arena, pero hacen falta más. Muchos más.

Con estas líneas, animo a todos los interesados en cómo mejorar las cosas a través de la innovación y la transformación digital, que sigan las actividades de Quixote Innovation de cerca.

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Maspalomas, un lugar histórico en la exploración del espacio exterior. Memorias (libro)

16 octubre 2019

Maspalomas, un lugar histórico en la exploración del espacio exterior. Memorias. Autor: Antonio-Román Rodríguez del Pino. Edita: Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana. 191 páginas. ISBN: 13978-84-09-08937-6.

Es complicado conseguir este libro, pero gracias a Valeriano Claros tengo un ejemplar. Llegué a hablar con el autor, incluso, que me sugirió que me pusiera en contacto con el Ayuntamiento para ver si me podían enviar una copia dado que, en ese momento, no se podía comprar por Internet (no se si ahora se puede o tampoco). Hice dos gestiones con el consistorio que no llegaron a ningún sitio. Bueno, el caso es que, como digo, Valeriano Claros me consiguió uno y me lo regaló.

Tenía mucho interés en leerlo después de conocer quién lo ha escrito y es que Don Antonio-Román fue el secretario del director norteamericano de la Estación (STADIR) de NASA en Canarias (CYI) el Sr. Charles “Chuck” Rouiller, desde el año 1963 hasta 1969.  Estamos, por tanto, ante un protagonista en primera persona de lo que ocurrió allí. Y es que, al contrario de las otras estaciones españolas de NASA (Fresnedillas de la Oliva y Robledo de Chavela) no hay mucha información sobre cómo se vivió toda la carrera espacial desde Gran Canaria. Y eso que la “Canary Station” fue protagonista, desde el primer momento, del hecho histórico conocido como la Carrera espacial: si el Sputnik, el primer satélite artificial enviado al espacio por el ser humano, se lanzó en octubre de 1957, la NASA, el 4 de agosto de 1959, informaba al Gobierno español de que requería instalar una estación de seguimiento en las Islas Canarias.

Dcha. a izq: David Wilkins (BFEC), José Joaquín Mendizábal Solano (INTA), H. William Wood (Director de la División de Operaciones de NASA-GSFC), Charles A. Rouiller, Jr. (director de la estación NASA-CYI) y Antonio-Román Rodríguez Del Pino. Foto: ARRDP.

Pues bien, una vez leído, el libro me ha parecido una joya rara. Joya porque da luz a muchos aspectos que estaban olvidados y raro porque tiene una estructura que no es habitual. No sigue el relato temporal, sin embargo, esto no es una crítica puesto que la historia se cuenta y comprende, evitando el previsible lío al lector con tanto ir y volver.

El estilo es claro, directo y conciso, como corresponde a un autor que desde su juventud colaboró tanto con medios de prensa nacionales como con medios locales canarios (El Eco de Canarias y el Diario de Las Palmas). Además, se ilustra con muchas fotografías – algunas inéditas puesto que son de la colección particular de Don Antonio-Román -.

Creo que es necesario contar en detalle lo que ocurrió en Maspalomas y, sin duda, este libro va a ser una gran fuente para cuando se realice esa empresa. Agradecemos a Don Antonio-Román haber compartido estas memorias que todo “astrotrastornado” debería leer.

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