La exposición “De Madrid a la Luna” se vuelve a prorrogar unos días más

22 enero 2020

Tengo la satisfacción de anunciar, como comisario de la exposición “De Madrid a la Luna” en Espacio Fundación Telefónica de Madrid, que la muestra se va a poder disfrutar quince días más, es decir, hasta el domingo 16 de febrero.

Es la segunda vez que se extiende la fecha de clausura. La primera vez ocurrió el pasado mes de noviembre, como anuncié también en este mismo blog, ampliándose hasta el 2 de febrero de 2020.

“De Madrid a la Luna” (fotografía cortesía de Fundación Telefónica)

Por cierto, muchas gracias de nuevo a los responsables de la Fundación por haber decidido extender la fecha.

Los rezagados o a los que les ha gustado mucho la exposición, tienen otra oportunidad para ir a conocer el papel de que jugó España (a través de las estaciones de seguimiento que NASA construyó aquí), y el de Telefónica (como proveedor principal de NASA), en la llegada del hombre a la Luna. Aunque, si eres de los que no tienen claro el ir a verla o no, a lo mejor te convenzo si te digo que el diario La Vanguardia la seleccionó entre las diez mejores exposiciones mundiales sobre el tema.

Diez exposiones para tocar la Luna (Diario La Vanguardia).

Vuelvo a recordar que la muestra está en la segunda planta del Espacio Fundación Telefónica de la Calle Fuencarral nº 3 de la ciudad de Madrid. El horario de visitas es de martes a domingo (el lunes está cerrado), de 10h de la mañana a 20h de la tarde. El acceso es gratuito.

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Entrevista de radio a Luis Ruiz de Gopegui sobre el programa SETI

7 enero 2020

April Radio ha subido a su canal de YouTube una entrevista radiofónica a Don Luis sobre el programa SETI.

Desconocemos la fecha en la que se realizó pero, escuchando la voz de Luis, suponemos que es de hace ya bastantes años.

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Mi visita a las estaciones INTELSAT de Telefónica en Gran Canaria (4 de 4)

23 diciembre 2019

Con este post acaba la serie de cuatro artículos relacionados con mi reciente viaje a Canarias con motivo de la inauguración de la exposición “De Maspalomas a la Luna”. En esta exposición se cuenta, principalmente, el papel que tuvieron las estaciones de seguimiento de vuelos tripulados que NASA, junto con el INTA, situó en Gran Canaria durante los años 60.

INTRODUCCIÓN

Cuando terminó el Programa Géminis con el amaraje de la última misión tripulada el 15 de noviembre de 1966, se decidió trasladar la estación de seguimiento ubicada en tres parcelas próximas al faro de Maspalomas a otro lugar. Los motivos principales para tomar esta decisión fueron dos: en primer lugar, los requerimientos técnicos exigidos con relación a las comunicaciones con la nave y los astronautas para el Programa Apolo, hacía necesario abordar un cambio tecnológico. Para las comunicaciones de esas misiones se iba a utilizar la Banda S Unificada (USB en sus siglas en inglés), que demandaba de antenas y equipamientos más grandes. Estos nuevos equipos deberían estar instalados todos juntos en una única parcela. En segundo lugar, la presión turística en la zona del faro y las posibles interferencias debidas a esta nueva actividad, aconsejaban alejar a los nuevos trasmisores y receptores de esas posibles fuentes electromagnéticas que dificultaran las misiones lunares. Por ello, en 1967, se construyó una nueva y moderna estación en la zona de Montaña Blanca para que albergase a la, ya inolvidable, antena blanca de 10 metros de diámetro en Banda S Unificada.

Antena en Banda S Unificada (USB) de 10 metros de diámetro en la Estación NASA/INTA de Maspalomas (CYI).

Otro cambio fundamental que fue necesario acometer tenía que ver con la red NASCOM. Recordamos que esta red (NASA Communicatios Network en inglés) era la encargada de trasmitir toda la información que se captaba en las estaciones de la red de vuelos espaciales tripulados (MSFN en sus siglas en inglés), como la de Maspalomas o la de Fresnedillas en Madrid, hacia el centro de control de misión en Houston (Texas) y viceversa. Hasta el Programa Géminis la red NASCOM funcionaba por medio de cables telefónicos, enlaces de microondas, enlaces vía radio y cables submarinos principalmente, pero para las misiones lunares esto era insuficiente. Se exigía más capacidad y más fiabilidad. Y en aquellos tiempos sólo las comunicaciones vía satélite (que habían comenzado a funcionar comercialmente unos pocos años antes) eran capaces de atender esos requerimientos. Por esta razón, la Compañía Telefónica Nacional de España (CTNE) firmó con NASA un contrato en 1967 con el fin de que esta última instalara una serie de estaciones de comunicaciones por satélite en España para integrarse en la red NASCOM, a través de satélites INTELSAT, y dar servicio a las misiones lunares de NASA.

Portada del contrato entre NASA y Telefonica del año 1967 para la integración en la red NASCOM. El original está expuesto en la exposición “De Madrid a la Luna” hasta el 2 de febrero de 2020. Cortesía: Fundación Telefónica.

LAS ESTACIONES INTELSAT DE TELEFÓNICA

Telefónica decidió instalar dos estaciones en España. Una, la principal, en Buitrago del Lozoya (Madrid) para dar servicio especialmente a la estación de Fresnedillas (Madrid Apollo Prime en terminología de NASA) y otra en Maspalomas (Gran Canaria) para dar servicio a la nueva estación de la que hemos hablado antes y que era conocida en NASA con las siglas de CYI (Gran CanarY Island Station).

NASA: Antenas españolas en Banda S Unificada (Fresnedillas, Robledo y Maspalomas)

A diferencia de la estación de Buitrago, que constaba de una antena de casi 26 metros de diámetro, la estación de Telefónica en Maspalomas tenía dos antenas de 12 metros. Esta estación operó solo tres años, es decir, desde 1968 (con los primeros vuelos tripulados del Programa Apolo) hasta el año 1971. Año en el que se cerró porque la CTNE abrió en Agüimes, también en la isla de Gran Canaria, otra estación, con una antena más grande de 30 metros de diámetro, que sería la encargada de enlazar con Estados Unidos durante las últimas misiones Apolo. Como curiosidad, quiero comentar que gracias a esa nueva antena los habitantes de las Islas Canarias pudieron ver la televisión en el mismo momento en que se veía en la península dado que, hasta entonces, los programas de televisión se emitían en Canarias con un día de retraso, es decir, lo que se veía en la península un sábado, por ejemplo, es lo que se veía en las islas el domingo. Una ventaja más de los satélites de comunicación para la vida de las personas.

Telefónica: Antenas Intelsat – NASCOM para el Programa Apolo. Fotos: cortesía de Telefónica.

MASPALOMAS

En mi reciente viaje a Maspalomas, traté de localizar, como si fuera un arqueólogo espacial, el lugar donde se encontraba situada esa primera estación de Telefónica, la de las dos antenas, dado que se desmanteló hace ya muchos años. La empresa no fue fácil. De hecho, fue imposible. Previamente al viaje leí documentación de Telefónica, pregunté a varias personas que estuvieron allí en aquellos años, e incluso, busqué en Google Maps por si encontraba alguna pista que me pudieran indicar la localización exacta. Pero, como digo, fue imposible determinar el lugar. Estuve dando una vuelta por la zona de Pedrazo bajo a ver si era capaz de reconocer algún hito basándome en las fotografías que hay de la estación, mirando los alrededores o incluso las montañas de la sierra, hacia el norte, pero nada. Además, aquella zona, la más probable, está actualmente muy urbanizada, con un montón de viviendas, sin olvidar que hace unos años se construyó por allí la autopista GC-1.

Estación INTELSAT de comunicaciones vía satélite de Telefónica en Maspalomas. (1968-1971). Esta estación ya no existe. Foto: NASA S68-37987.

Tuve que desistir, por el momento, y olvidarme de la estación de Maspalomas. Por cierto, aprovecho el artículo para agradecer de antemano a algún posible lector del blog que conozca el lugar y tuviera a bien decírmelo.

Panorámica desde Pedrazo bajo apuntando hacia el Norte (Maspalomas – año 2019).

AGÜIMES

Quedaba ya abordar la última etapa de este viaje de “arqueología espacial”, como muy bien lo definió mi amigo Luis. El objetivo no era otro que acercarme a ver la enorme antena de Agüimes, a unos 36 kilómetros al sur de Las Palmas de Gran Canaria, en la zona de La Goleta. Localizarla no fue difícil. Como la instalación sigue existiendo, aunque Telefónica la tiene cerrada y, por tanto, sin uso, es muy fácil encontrarla. Sólo hay que ir por la autopista GC-1, salirse a la altura del Cruce de Arinaga, y coger la carretera GC-104 en sentido Los Corralillos. La antena se ve enseguida dada sus dimensiones. De hecho, se ve desde la autopista. Es fácil parar y darse una vuelta por los alrededores, pero, como digo, no se puede entrar dentro porque la estación está en desuso, lo que no quita para admirar las grandes dimensiones de su antena de 30 metros. Me produce una sensación extraña cada vez que observo y me planto delante de una de estas antenas. Es raro verlas quietas, paradas, apuntando al cielo, eso sí, como estatuas que recuerdan un pasado glorioso. Porque, en efecto, el pasado fue glorioso. Nada más y nada menos que aproximadamente un tercio de todas las comunicaciones y datos que se generaron en todas las primeras expediciones del ser humano a la Luna pasaron por estas antenas españolas. Casi nada.

Estación de Telefónica en Agüimes (Gran Canaria) para operar satelites INTELSAT dentro de la red NASCOM. Actualmente en desuso. Foto: MrGorsky, año 2019.

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50 años del Apolo 12: se repite la machada

14 noviembre 2019

Cuando Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins regresaron de su viaje a la Luna en julio de 1969, demostraron que el ser humano podía realizar viajes interplanetarios. Esa certeza significaba ya que la aventura era posible. En el fondo, era el pistoletazo de salida para la exploración real de la Luna. Y para seguir haciendo Historia con mayúsculas. Cuatro meses después, en noviembre, llegaba el turno para Charles “Pete” Conrad, Alan Bean y Richard Gordon.

Tripulación del Apolo 12. De izq. a dcha: Charles Conrad, Richard Gordon y Alan Bean. Fotografía: AP12-KSC-69PC-621.

El objetivo principal que debía cumplir la misión del Apolo 12 era aterrizar en la Luna de forma precisa, es decir, en un lugar predeterminado. Algo que el Apolo 11 no pudo conseguir ya que alunizó a casi seis kilómetros del sitio inicialmente previsto. Esta vez se escogió un lugar en el Océano de las Tormentas, concretamente a escasos metros de donde se había posado la sonda Surveyor 3 en abril de 1967.

Momento en el que un rayo golpea la torre de lanzamiento durante el despeque del Apolo 12. Foto: AP12-S69-60068.

El Apolo 12 fue lanzado desde Cabo Cañaveral el 14 de noviembre y se puede afirmar que fue una misión casi perfecta. Aunque estuvo a punto de fracasar desde el mismo inicio de esta puesto que un par de rayos impactaron sobre el Saturno V durante la fase de lanzamiento haciendo que los paneles de navegación del módulo de mando se apagasen. En momentos así es cuando se justifica la elección de ciertos astronautas para llevar a cabo ciertas misiones. Sino hubiera sido por los nervios de acero de Conrad, junto con las tablas de Gordon y Bean, la misión se hubiera abortado provocando un gran perjuicio al Programa Apolo. Aunque, para ser justos también, la ayuda que recibieron desde el Control de misión en Houston para solventar ese momento crítico fue definitiva: John Aaron, el controlador EECOM, sugirió rápidamente “que prueben SCE a Auxiliar” (“Try SCE to Aux” en inglés) orden que arregló el problema “milagrosamente”.

Pete Conrad saliendo del LEM para pisar la superficie lunar. Fotón: AS12-46-6717.

A parte de conseguir el objetivo de aterrizar a unos 200 metros de la Surveyor 3, la misión del Apolo 12 fue la primera en realizar dos actividades extravehiculares (EVA en sus siglas en inglés) de casi cuatro horas cada una. En esas EVAs se instaló, por primera vez, un conjunto de experimentos e instrumentos científicos denominado ALSEP (Apollo Lunar Surface Experiments Package), así como otra bandera los Estados Unidos. En la pata de la etapa de descenso del módulo lunar se dejó una placa sin ninguna frase como si ocurrió en el Apolo 11, solo la fecha y los nombres y las firmas de los astronautas. En la Luna se recolectaron 34,5 Kg de rocas y se cogió la cámara de televisión de la Surveyor 3 para estudiarla posteriormente en la Tierra.  En total Pete Conrad y Alan Bean permaneciendo en la Luna 31 horas y 31 minutos.

Charles Conrad examinando la Surveyor 3 durante la segunda EVA. Foto: AS12-48-7136.

Entre los logros de esta misión, no quiero olvidar tampoco mencionar que el Apolo 12 viajó en una trayectoria híbrida, no de retorno libre. Esto se decidió por varias razones, entre ellas para que la antena de seguimiento de Goldstone (EE. UU) de 64 metros (210 pies) de diámetro pudiera controlar el descenso y aterrizaje en la Luna. A cambio se sacrificaba la seguridad, por lo que, si hubiera habido un problema grave con los motores de la nave, los astronautas no hubieran podido regresar directamente a la Tierra. La importancia de esto se demostró clave en la siguiente misión, la del Apolo 13.

Placa dejada por el Apolo 12 en una de las patas de la etapa de descenso del módulo lunar Intrepid.

Otro dato curioso de esta misión es que, durante el regreso a casa, los astronautas del Apolo 12 tuvieron la suerte de ser los primeros hombres en ver a la Tierra eclipsando al Sol.

También al regreso, los astronautas tuvieron que pasar 21 días de cuarentena.

El indicativo de llamada elegido para el módulo de mando y de servicio fue Yankee Clipper y para el módulo lunar el de Intrepid. Nombres puestos por los trabajadores de las fábricas de esas dos naves. El módulo de mando Yankee Clipper se exhibe actualmente en el Museo del aire y el espacio de Virginia (Virginia Air & Space Center) de Hampton (Virginia).

Módulo de mando Yankee Clipper en el Museo del Aire y el Espacio de Virginia (EE.UU.).

Desgraciadamente, ninguno de los tres astronautas sigue vivo. Conrad, el comandante, falleció en 1999 por una hemorragia interna tras sufrir un accidente de moto. Gordon murió en 2017 y Alan Bean, el piloto del módulo lunar, nos dejó en 2018.

Apolo 12 (Intrepid) en la Luna. A la derecha se observa la antena de Banda-S. Foto: AS12-47-6988.

La configuración de la red de seguimiento de vuelos tripulados (MSFN en sus siglas en inglés) se amplió, no solo con la antena de 64 metros de Goldstone antes mencionada, sino también con otra antena en Parkes (Australia) con el objetivo de mejorar la cobertura de televisión en la Luna. En general la red funcionó perfectamente. Como pequeña anécdota reflejada posteriormente en el informe de la misión, hay que destacar que después de la primera EVA, se detectó un tono de 2 KHz en las comunicaciones aire-tierra recibidas a través del canal de voz de respaldo del módulo lunar. Parece ser que ese tono se generó en algún equipo de la estación de Fresnedillas (Madrid prime) y posteriormente se enviaba hacia el módulo lunar por el enlace uplink que a su vez era retransmitido al transpondedor de tierra.

Configuración de la red NASCOM para el Apolo 12. Se puede ver que sobre el Océano Atlántico había dos satélites INTELSAT operando.

¿Y qué pasó con la red NASCOM? Recordamos que esta red mundial estaba formada por multitud de circuitos telefónicos, cables submarinos, enlaces de microondas, satélites de comunicaciones, etc, que trasmitían los datos recogidos en las estaciones de la red MSFN al control de misión en Houston. Como ya contamos en este blog, unos días antes del lanzamiento del Apolo 11, el enlace principal entre las estaciones de NASA en España (a través de la estación de Telefónica en Buitrago) y Estados Unidos se perdió. La antena del satélite Intelsat III-F2, situado sobre sobre Brasil, falló y quedó inutilizado para dar servicio al Apolo 11. Sin embargo, el satélite se recuperó parcialmente en agosto de ese mismo año, permitiendo trasmitir unos circuitos de voz. Por tanto, para la misión del Apolo 12, se podía volver a contar con él. No obstante, como no era suficiente, también se tuvo que utilizar el otro satélite operativo que había sobre el Océano Atlántico: el Intelsat II-F3 o Canary bird (Canario).

El Intrepid visto desde el Yankee Clipper descendiendo a la superficie lunar. Foto: AS12-51-7507.

Si el Apolo 12 logró un aterrizaje preciso fue gracias, en parte, al excelente comportamiento de la red MSFN y NASCOM la cual permitió trasmitir y recibir instantáneamente los datos entre el módulo lunar y el Centro del control de misión en Houston. Una gran parte de esos datos se procesaron con el nuevo programa informático del LEM (llamado “Lear Processor” en honor a su inventor, el ingeniero William M. Lear) para ir corrigiendo los errores de navegación en el descenso del Intrepid a la Luna. Con el nuevo comando “Noun 69” (Nombre 69), los astronautas podían actualizar las coordenadas del lugar de aterrizaje en base a los datos que recibían de la red MSFN y todo ello en tiempo real.

Apollo experience report – Mission planning for lunar module descent and descent – junio 1972.pdf

Los periódicos españoles de la época ya informaban sobre la misión unos días antes del lanzamiento. El día 13 lo que preocupaba era si la avería detectada en uno de los depósitos de hidrógeno líquido podría hacer que se aplazara el lanzamiento. Al día siguiente, Europa Press reseñaba el papel de la estación de Fresnedillas y su enlace con Houston a través del satélite Intelsat operado por Telefónica desde su estación de Buitrago del Lozoya. El día 15, en el ABC, el enviado especial a Fresnedillas, Antonio Alférez, reflejaba en su crónica que había podido ver el lanzamiento “a través de una pantalla de TV en color”. Alférez también se percató que la segunda misión a la Luna ya no despertaba tanto interés entre el público puesto que “apenas hemos venido unos pocos periodistas en comparación con la legión llegada con el Apolo 11”. La agencia Cifra informaba también de los contactos hechos entre la estación de Maspalomas y los astronautas durante la primera fase de la misión. El 18 de noviembre, el ABC informaba de que los equipos de astrofotografía de la Agrupación Astronómica de Sabadell habían podido fotografiar, con mucha calidad, “el cúmulo de gas desprendido por el Apolo 12 al iniciar su recorrido translunar”. Al parecer esta Agrupación colaboraba con NASA dentro de la red internacional de vigilancia lunar.

Portadas del diario ABC relacionadas con la misión Apolo 12.

Los periódicos canarios, en especial El Eco de Canarias, cubrían también la misión, centrándose muchas veces en contar lo que pasaba desde la estación de Maspalomas. Antonio-Román Rodríguez del Pino enviaba sus crónicas telefónicas, sin embargo, desde la estación de “Robledo de Chavela”. La agencia Pyresa informaba, el día 19, que TVE iba a emitir en directo un par de programas sobre la llegada del Apolo 12 a la Luna.

El Eco de Canarias informando el 20 de noviembre de 1969 sobre la llegada del Apolo 12 a la Luna. (Página 2).

La segunda misión lunar llegaba a su fin. Dos hombres más habían podido pisar de nuevo la superficie de la Luna y traerse con ellos un legado científico de primer orden. Y hacerlo, además, con una gran camaradería, compañerismo y dosis de buen humor. Alan Bean, el cuarto hombre en pisar la Luna, era un gran aficionado a la pintura. En honor a sus compañeros de misión, pintó una serie de cuadros bajo el título de “Buddies forever” (Amigos para siempre) en las que reflejaba su estancia en la Luna. Sin embargo, pintó uno que tituló “The fantasy” (La fantasía) en el que situó a Richard Gordon, el astronauta que se quedó orbitando la Luna dentro del Módulo de mando, sobre la Luna junto con Pete Conrad y el mismo.

Cuadro: Fantasy (Fantasia). Autor: Alan Bean.

Parecía que los Estados Unidos tenía dominadas todas las técnicas y procedimientos para ir y volver a la Luna con astronautas. La ilusión y euforia del Apolo 11 y 12 se empezaban a diluir. En abril de 1970, cinco meses después del Apolo 12, le tocaría el turno al Apolo 13. Pura rutina ya… ¿O quizás no?

Godspeed, Apollo 12!


El gran salto al abismo (libro)

11 noviembre 2019

El gran salto al abismo. La extraordinaria historia de un técnico español de la NASA en la exploración del espacio. Por Jesús Sáez Carreras. Edita: Next Door Publishers (Colección El Café Cajal). Año: 2019. 243 páginas. ISBN: 978-84-949245-6-9.

Hace miles y miles de años hubo un instante en el que un homínido bípedo fue capaz de fabricar las primeras herramientas de piedra de la historia. Ese instante es considerado como el momento en el que surgió el ser humano por primera vez. Fue el primer gran salto de nuestra especie… Hasta que hace aproximadamente sesenta años, un 12 de abril de 1961, otro miembro de esa misma especie, Yuri Gagarin, llegó al espacio por primera vez… Ese fue el segundo y gran salto al abismo del Homo sapiens. Comenzaba la carrera espacial.

Carlos González, un joven español, participó desde casi el inicio de la confrontación mundial por ver quién de los dos bloques políticos más importantes de aquella época dominaba el espacio; o el conocido como “mundo libre” o el comunismo soviético.

Mientras trabajaba para NASA en las dos estaciones de seguimiento de la sierra de Madrid (Fresnedillas de la Oliva y Robledo de Chavela), Carlos fue testigo de primera mano de todos los momentos históricos en la conquista inicial del espacio. Desde su puesto de trabajo controló, en 1968, a la primera misión tripulada del Programa Apolo, la del Apolo 7, hasta el lanzamiento de la misión Juno, en 2011, justo el día que comenzaba su jubilación. Ni que decir tiene que trabajó en misiones míticas como la del Apolo 11 o la del Apolo 13 o que vivió – y sufrió – las dos tragedias del transbordador espacial (Challenger y Columbia) entre otros hechos. Incluso, en marzo de 1974, llegó a conocer en persona al mismísimo Werhner von Braun, el diseñador del lanzador Saturno V que mandaría a 12 hombres a pisar la Luna. Por todo ello, la NASA le concedió la Medalla al Servicio Público Distinguido reconociendo su profesionalidad, buen hacer y esfuerzo contribuyendo a que el ser humano, a través de la Agencia espacial norteamericana, pudiera conseguir tantos y tantos sueños.

Aunque Carlos, aparte de ser un experto en su campo, es también un hombre excepcional con una calidad y generosidad humana de las que dejan huella en los demás. No se me olvidará cuando le conocí por primera vez: fue en una visita a la estación de Robledo, poco antes de jubilarse, y siempre le estaré agradecido de que me enseñara y explicara las distintas estancias de la mítica estación de Robledo de Chavela (MDSCC). Guardo como oro en paño una reproducción en papel que me dio, y dedicó, del certificado de agradecimiento que la NASA le había entregado por su participación en el Apolo 11.

Pero volvamos al libro. Básicamente es la historia personal de Carlos contada dentro de la historia general de la conquista espacial. Y ahí su autor realiza una labor exquisita al juntar las dos grandes historias. Jesús Sáez te va llevando en volandas, tejiendo unos nudos ya irrompibles; el de la vida de Carlos y la exploración espacial. Tuve el gusto de conocer a Jesús cuando compartí con él el escenario del “Hay vida en martes” en Espacio Fundación Telefónica sobre los 50 años de la llegada a la Luna y, aunque suene a peloteo, he de decir que escribe muy bien. Su redacción es elegante, cercana, natural, divulgativa y muy efectiva ya que consigue que el lector devore las páginas de su obra rápidamente.

Hay vida en Martes: 50 años en la Luna. 2-julio-2019. Cortesía de Fundación Telefónica. Fotografía de Irene Medina

Si lo reseñado hasta ahora no fuera suficiente para comprar y leer este libro, voy a explicar más motivos para hacerlo.

Por un lado, el libro está prologado por Miguel López-Alegría, el primer astronauta de origen español que llegó al espacio. Pero aún hay más ¡y es que el epílogo lo ha escrito nada más y nada menos que Charles Duke! El décimo hombre que pisó la Luna con el Apolo 16. Charlie Duke es amigo de Carlos y ambos comparten el gusto por la divulgación del Programa Apolo como pude constatar personalmente en las visitas que hizo Duke a Madrid con motivo de la exposición sobre la historia de la carrera espacial que hubo en Madrid en el año 2011.

Otro punto importante que quiero destacar sobre esta obra es la gran labor editorial de Nuria y Oihan, de Next Door Publishers. La gran calidad y el cariño con que se han currado este proyecto se percibe desde el mismo momento en que coges y ojeas un ejemplar del libro. La maquetación, las ilustraciones, las fotografías… Sin olvidar la bibliografía final y las sugerencias de blogs y documentales relacionados con este tema. Por cierto, muchas gracias por incluir a Mr.Gorsky  entre ellas. Sin duda no lo merecemos, pero gracias.

Carlos, ese hombre extraordinario con la voz ronca que trasmite confianza y cercanía, ejemplo de una generación de españoles que, con su esfuerzo (y el de sus padres), fueron capaces de destacar en un campo y en un momento histórico gracias a su talento, habilidad y trabajo con el fin de poner un granazo de arena en la conquista del espacio y en ampliar el conocimiento que el ser humano tiene sobre el Universo. Aquel chaval que en 1957 vio pasar al Sputnik cruzando el cielo de Madrid la lado de su padre desde la azotea de la casa donde vivían, aquel que con 17 años se marchó a estudiar a Estados Unidos gracias a una beca, aquel que hizo la mili durante 18 meses, aquel que volvía a Madrid todos los días haciendo autostop desde su puesto de trabajo en Pinto, aquel chaval, aquel hombre, se sentó la noche del 20 de julio de 1969 enfrente de una de las consolas que controlaban el descenso a la Luna del Apolo 11. Gracias Carlos y a todos los de tu generación por tu ejemplo. Y gracias, de nuevo, a Jesús Sáez y a Next Door Publisher por recoger esta gran historia y guardarla ya para la posteridad.

Sin duda alguna, todo astro trastornado debería tener un ejemplar de este libro en su estantería.

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El regalo del Apolo, por Carl Sagan

9 noviembre 2019

Hoy, 9 de noviembre de 2019, Carl Sagan hubiera cumplido 85 años y por ese motivo queremos recordar el texto (El regalo del Apolo) que escribió sobre la importancia y significación que tuvo el Programa Apolo para la humanidad.

El artículo se publicó originariamente en la revista Parade pero luego, en 1994, se añadió como un capítulo del libro de Sagan “Un punto azul pálido: Una visión del futuro humano en el espacio”. El texto combina el optimismo de Carl Sagan por la tecnología (como se evidenció en las misiones Apolo) con la amenaza para el futuro de la humanidad por un mal uso de esta.

En la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos se puede ver el documento original, corregido a mano por el propio Sagan.

Sea cual fuera la razón que puso en marcha el Programa Apolo y con independencia de lo comprometido que se hallara con el nacionalismo de la Guerra Fría y con los instrumentos de la muerte, el ineludible reconocimiento de la unidad y fragilidad de la Tierra constituye su claro y luminoso dividendo, el inesperado regalo final del Apolo.

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Apolo 11: Esto es Goddard (video)

30 octubre 2019

El pasado 24 de julio, cuando se cumplían exactamente 50 años de la conclusión del Apolo 11, el Goddard Space Flight Center de NASA, subió un video a su canal de YouTube explicando el papel que realizó este centro situado en Greenbelt (Maryland) durante esa histórica misión.

El video es un minidocumental de 20 minutos de duración que por su interés y relación con la red de vuelos espaciales tripulados (MSFN en sus siglas en inglés) lo reproducimos en este blog. Destacamos que sobre el minuto 3:27 se hace referencia a la adquisición de la señal (AOS en sus siglas en inglés) por parte de la estación de Fresnedillas (Madrid Apollo). Se pueden ver también imágenes de la ciudad de Madrid desde la Casa de Campo, de la antena y del cartel a la entrada de la estación. A parte, también me gustaría destacar un par de curiosidades: por un lado, se puede conocer cómo fueron los entresijos (desde el punto de vista de la conexión técnica) de la conversación entre el presidente Nixon y Neil Armstrong y Buzz Aldrin cuando estaban sobre la superficie lunar y por otra parte la anécdota del encuentro en vuelo narrada por el Capitán Brown, piloto del vuelo 596 de QANTAS, y el Apolo 11 cuando éste efectuaba la reentrada sobre el Pacífico. What a spectacle! (¡Qué espectáculo!) se le oye decir y eso que estaba a unas 300 millas de distancia.

El video se ha rescatado y digitalizado gracias a los Archivos Nacionales de Estados Unidos (US National Archives).

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