En el espacio, no es lo mismo órbita que revolución

11 marzo 2019

Red de seguimiento del Programa Mercury (Project Mercury – A Chronology. NASA-4001)

Si nos atenemos a lo que dice el diccionario de la Real Academia Española, la primera acepción que nos encontramos para la palabra órbita es “curva debida a la acción gravitacional, descrita por un cuerpo celeste que se mueve en torno a otro”. Si buscamos revolución obtenemos “movimiento de un astro a lo largo de una órbita completa”.

Pero para el ámbito de los vuelos espaciales estas definiciones no son del todo precisas.

Una órbita sería la circunferencia que dibuja una nave espacial, por ejemplo, alrededor de la Tierra. Esto significa que si se parte de un punto A en la circunferencia, la órbita se consigue cuando se llega a ese mismo punto A. Independientemente de la posición y rotación del cuerpo celeste sobre el que gira la nave. Se sale de A y se llega a A.

El Apolo 7 a punto de pasar sobre Cabo Cañaveral (Florida) y completar otra revolución

Una revolución, sin embargo, toma la referencia en un punto sobre la superficie del cuerpo celeste. Esto quiere decir que una revolución es la circunferencia que se completa cuando la nave espacial empieza y pasa por el mismo punto sobre la superficie del cuerpo celeste. Como los cuerpos celestes giran sobre su eje, una revolución no estaría completa hasta que la nave espacial recorre la distancia extra que el punto de la superficie del cuerpo celeste se ha movido como consecuencia de la rotación del propio cuerpo celeste. Dicho de otro modo, una nave espacial es lanzada desde Cabo Cañaveral, la revolución se completaría cuando la nave vuelve a pasar sobre Cabo Cañaveral. Sin embargo, la órbita se completaría antes dado que no tiene en cuenta la rotación de la Tierra, en este caso.

Por esta razón, si estudiamos una misión real, en la Géminis 7 por ejemplo, la nave espacial completó 220 órbitas pero solamente 206 revoluciones.

Fuente: Tracking Apollo to the Moon.

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