Cuatro años sin Neil Armstrong

25 agosto 2016

Tributo a Neil ArmstrongTal día como hoy, de hace cuatro años, fallecía Neil Armstrong. Desde este blog seguimos recordando su hazaña y la de tantas y tantas personas que trabajaron para que el ser humano pudiera pisar la Luna por primera vez aquel día de julio de 1969.

 ANOTACIONES RELACIONADAS: 
Bookmark and Share


Los vuelos espaciales tripulados, el libro

10 agosto 2016

Los vuelos espaciales tripulados - Max FagetLos vuelos espaciales tripulados. Por Max Faget. Editorial Pomaire. 1965 – 1968. 191 páginas.

Maxime “Max” Faget, escribió hace más de 50 años esta pequeña joya sobre los conceptos básicos que intervienen en los vuelos espaciales tripulados. Pequeña porque, en no más de 200 páginas, el diseñador de la nave espacial Mercury, resume todos los aspectos que hay que tener en cuenta cuando se mandan seres humanos al espacio. Y joya porque, desde la elegancia de la sencillez, Faget transmite todo su conocimiento de una forma ordenada y entendible para el público general.

El primer aspecto que se aborda en la obra trata sobre el medio ambiente en el que se mueven las naves espaciales, esto es, el espacio exterior, con sus problemas de radiación, el vacío o los meteoros entre otros problemas a resolver. En segundo lugar se estudia la tripulación y donde se va a albergar durante el viaje. Posteriormente se tratan los aspectos del lanzamiento de la nave espacial, la navegación, comando y control y las necesidades de la tripulación. Finalmente se abordan los sistemas de rastreo y comunicaciones, las fuentes de energía eléctrica en el espacio y el retorno a la Tierra.

Sin duda se trata de un libro que, seguramente, pueda pasar desapercibido en muchos casos. Sin embargo, los conocimientos expresados en el mismo constituyen la base de lo que hoy nos parece algo relativamente común y, por tanto, sencillo, como es el que los seres humanos puedan viajar al espacio.

Otro de los aspectos que hacen interesante este libro es la biografía de su autor. Max Faget, como hemos adelantado antes, fue el diseñador de la cápsula donde fueron alojados los sietes astronautas del Programa Mercurio, los primeros astronautas norteamericanos en ir al espacio. Posteriormente trabajó, como no podía ser de otra forma, en el Programa Géminis, el Programa Apolo y en el diseño del transbordador espacial.

Estos hechos le confieren al autor la categoría de pionero, lo que hizo que fuera incluido en el Salón de la Fama del Espacio en 1969, en el Salón de la Fama de Inventores Nacionales Norteamericanos y que recibiera de la NASA la Medalla al Liderazgo Sobresaliente entre otras distinciones.

Sin duda un libro imprescindible para la biblioteca de cualquier espacio-trastornado.

ANOTACIONES RELACIONADAS:

Bookmark and Share


The last man on the Moon, un documental sobre Eugene Cernan y el Apolo 17

4 agosto 2016

the_last_man_on_the_moon-651708840-largeEl 14 de diciembre de 1972 el Hombre dejaba la Luna por última vez. Aquel hecho histórico ocurrió al finalizar la misión del Apolo 17, la sexta que logró aterrizar en la superficie de nuestro satélite. Y en aquel lugar, en aquel momento, se encontraba un hombre: Eugene Cernan. Un auténtico veterano del espacio con tres misiones a sus espaldas tan importantes como la Geminis 9A, el Apolo 10 y la mencionada misión del Apolo 17.

The last man on the moon es un documental, de poco más de hora y media, sobre la vida de Eugene Cernan, literalmente el último hombre en pisar la Luna.

En el mismo, se repasa la trayectoria profesional ya conocida de Cernan, desde que fue seleccionado para el tercer grupo de astronautas de NASA hasta su regreso de la Luna en su última misión. Pero el film también indaga en la parte personal del protagonista y cómo le cambió la vida al volver de la Luna.

El documental cuenta con la participación de otros de los personajes famosos de la carrera espacial norteamericana, como por ejemplo Christopher Kraft, Gene Kranz, James Lovell, Dick Gordon, Alan Bean o Charlie Duke. Sin embargo, se echa en falta a su compañero en la superficie lunar Harrison H. Schmitt. Compañero con el que no tuvo buena relación pero que debería haber estado en este documental, aunque fuera desde un punto de vista meramente profesional.

Sin duda se trata de un documental que ensalza la figura de este astronauta pero sin olvidar las aspectos más controvertidos de su carrera, como, por ejemplo, los problemas que tuvo durante la caminata espacial en el Geminis 9A que le impidieron completar la misión de prueba de la mochila espacial o los problemas en la elección de la tripulación que pisaría la luna por última vez durante el Apolo 17. De este último aspecto comentar que Christopher Kraft no estaba de acuerdo en cómo se siguió el proceso de selección y, en su opinión, el jefe de los astronautas, Deke Slayton, tenía demasiado poder.

Como hemos dicho antes, otro de los aspectos que aborda el documental es cómo le afecto al protagonista de todo aquello en su vida personal. Como Eugene Cernan reconoce, “pasaba” un poco de lo que ocurría en su casa y nunca estaba allí. Las esposas de los astronautas lo tenían que hacer todo y no niega que fue egoista por su parte. Después de volver de la Luna, y debido al tour mundial que realizó, acabó divorciandose de su esposa, como le ocurrió al 60 % de los astronautas. Su ex-esposa afirma en el documental, de manera rotunda, que si pensamos que ir a la Luna fue difícil, entonces deberían probar quedarse en casa.

No podemos olvidar que en este documental también hay lugar para la épica y el sentimentalismo, como, por ejemplo, el instante en el que Cernan relata que cuando llegó a la Luna fue el momento más silencioso de su vida, o cuando le escribió una carta a su hija Tracy antes del viaje del Apolo 10, o cuando afirma que la adrenalina se te dispara cuando vas camino de la rampa de lanzamiento, o cuando dedicó unas palabras a Neil Armstrong en su funeral. Sin duda, la calidad visual del documental, junto con una buena banda sonora, ayudan a que estos aspectos lleguen al espectador.

Para terminar recogemos unas citas del protagonista:

Debes tener una pasión, un amor por lo que haces, o no deberías hacerlo.

No te rindas. Nunca sabes qué te deparará la suerte.

Nunca me sentí más orgulloso en mi vida que cuando llegué a la Luna. Me había demostrado que era capaz de llegar hasta allí.

En resumen, para todos los Apolo-trastornados este documental es de imprescindible visionado. ¡Qué lo disfruteis!

ANOTACIONES RELACIONADAS:

Bookmark and Share


Séptimo aniversario de Mr Gorsky

21 julio 2016
La tripulación del Apolo 17 se prepara para cortar la tarta

La tripulación del Apolo 17 se prepara para cortar la tarta

Un año más, hoy 21 de julio, celebramos el cumpleaños de este blog. Y ya van siete.

Como decimos todos los años también, si nos dicen cuando empezábamos que íbamos a durar tanto no nos lo hubiéramos creído. Y de nuevo también, no puede faltar nuestro agradecimiento a todos los que nos leéis y os pasáis por aquí de vez en cuando. Si no fuera por vosotros, esto no tendría sentido. Muchas gracias.

Seguimos en contacto and godspeed!

P.D: Hoy también se cumplen 47 años del Apolo 11.

Bookmark and Share


Yo caminé sobre la Luna… ¿Qué puedes hacer tú?

13 julio 2016

Nunca te rindas. Nunca sabrás si eres bueno si no lo intentas… Yo caminé sobre la Luna… ¿Qué puedes hacer tú?

Eugene Cernan (Apolo 17) – Documental “The last Man on the Moon“.

Bookmark and Share


Cómo destaponarse los oídos cuando llevas puesto un casco y estás en el espacio

6 julio 2016

Es muy corriente que, en las fases de despegue y reentrada en la atmósfera terrestre, a los astronautas se les taponen los oídos por el cambio brusco de presión. Como en estas fases los astronautas suelen llevar puestos los cascos, es imposible que puedan cerrarse la nariz con los dedos de la mano para intentar expulsar aire y conseguir  destaponarse los oídos.

Dispositivo Valsalva del casco de Neil Armstrong (Apolo 11)

Dispositivo Valsalva del casco de Neil Armstrong (Apolo 11)

Los ingenieros que diseñan los trajes espaciales son muy listos y añaden en el lateral de los cascos lo que se conoce como dispositivo Valsalva. Este sencillo dispositivo permite taponar los dos orificios de la nariz del astronauta para sellarlos y así poder destaponarlos cuando intente expulsar fuertemente el aire.

Casco de Neil Armstrong en el que se aprecia el dispositivo Valsalva (Apolo 11).

Casco de Neil Armstrong en el que se aprecia el dispositivo Valsalva (Apolo 11).

Durante el Programa Apolo, el control de misión de Houston, en la primera misión tripulada del Apolo 7, decidió que la tripulación debía ponerse sus trajes y sus cascos como precaución durante la fase de reentrada. Era la primera vez que una tripulación entraba en la atmósfera terrestre dentro del Módulo de Mando. Pero desgraciadamente, el dispositivo Valsalva no estaba instalado en los cascos de los astronautas y el comandante de la misión, Wally Schirra, que además se encontraba enfermo con un resfriado, decidió que ninguno de los tres astronautas se pusieran los cascos de manera que, si lo necesitaban, pudieran cerrarse la nariz con sus dedos para destaponarse los oídos.

Wally Schirra cabreado con el control de misión en Houston (Apolo 7).

Wally Schirra cabreado con el control de misión en Houston (Apolo 7).

Aquella decisión, junto con otras similares, que tomaron los astronautas del Apolo 7, hizo enfadar a muchos directivos del Programa Apolo que decidieron que aquellos hombres nunca más volvieran al espacio, como así ocurrió finalmente.

ANOTACIONES RELACIONADAS:

Bookmark and Share


Algunos “héroes anónimos” del Programa Apolo

30 junio 2016

Para poner a doce hombres sobre la superficie de la Luna fue necesario que cerca de 400.000 personas trabajaran en el Programa Apolo. Bien perteneciendo a NASA, o a otra institución pública del Gobierno norteamericano, o bien trabajando en las diversas empresas contratistas o subcontratistas. La Historia se ha fijado principalmente en esos doce hombres y en los especialistas y directivos de alto nivel que participaron en aquella gran aventura, pero muy rara vez se ha escuchado algo sobre el resto. Algunas de estas personas fueron auténticos “héroes anónimos” del Programa Apolo. Incluso, no está de más recordar también que unos pocos eran españoles y trabajaban en las estaciones de seguimiento de Fresnedillas y de Robledo de Chavela.

Para recordar a todos esos “héroes anónimos”, hemos recopilado una pequeña lista con algunos de ellos. Sin su trabajo, seguramente no hubiera sido posible cumplir la visión que tuvo el Presidente norteamericano John F. Kennedy de llevar al Ser Humano a pisar la superficie lunar.

John C. Houbolt.

John C. Houbolt explicando el método LOR.

John C. Houbolt explicando el método LOR.

Houbolt fue el responsable de cambiar la forma que se había diseñado para ir a la Luna. Antes de que pudiera influir, el método preferido por NASA era el que había propuesto Wernher von Braun. Casi nada. Von Braun apostaba por lo que se denomina como Ascenso Directo. Este sistema consistía en que, con una sola nave, con un sólo cohete, se iba y se volvía de la Luna. Es el método que Tintín utiliza también para ir a nuestro satélite en uno de sus comics. El problema es que hace falta tanto combustible que el cohete y sus depósitos han de ser enormes. Sin contar con el coste económico. Pues bien, a Houbolt se le ocurrió el método LOR (Lunar Orbit Rendevouz), traducido al español como Encuentro en Órbita Lunar. Este sistema consiste en mandar tres naves pequeñas a orbitar la Luna. Una de ellas se queda allí y las otras dos bajan a la superficie. Una vez que se decide volver a la órbita lunar, se utiliza una de ellas, mientras que la otra se queda en la superficie. Se acoplan de nuevo y se trasfiere a los astronautas y la carga. Una vez realizado esto la nave utilizada para ascender a la órbita lunar se separa y se vuelve a la Tierra con la que ha estado orbitando la Luna.

Se trata de un sistema mucho más barato ya que no hace falta llevar naves tan grandes con tanto combustible. El punto peligroso es que hay que realizar varias operaciones de acople y desacople entre naves a miles de kilómetros de la Tierra, en la órbita lunar. No es que a Houbolt se le ocurriera este método, el mérito correspondió a Yuri Kondratyuk y Hermann Oberth unos cuantos años antes, pero si fue el que “convenció” a NASA  con su insistencia que aquel era el método más apropiado. Y es que, al principio, Houbolt fue ignorado totalmente. Pero perseveró y, arriesgando su propia reputación, insistió en ello, incluso saltándose la cadena de mando y, por tanto, a sus jefes directos, llegando a escribir varias cartas a los más altos responsables de NASA.

Afortunadamente la visión y tenacidad con la que defendió su idea le valió el reconocimiento por parte de NASA e incluso, más tarde, del propio Von Braun. NASA le concedió la medalla al logro científico excepcional.

Thomas “Tom” Kelly.

Thomas Kelly, padre del Módulo Lunar.

Thomas Kelly, padre del Módulo Lunar.

Kelly fue el padre del Módulo Lunar. Éste ingeniero trabajó en Grumman Aircraft Corporation. Allí empezó a estudiar el método LOR de Houboult incluso antes de ser elegido por NASA. Cuando en 1962 Grumman fue escogida por NASA para construir el Módulo Lunar, Kelly y su equipo ya habían recorrido un valioso camino y poseían una interesante experiencia en este campo. Esto permitió a Kelly, en solo siete años, diseñar y desarrollar la máquina que permitiría aterrizar en la Luna. Para ello tuvo que liderar un equipo formado por 3.000 ingenieros y 4.000 técnicos.

Como no podía ser de otra forma, transformar esos diseños en máquinas reales estuvo plagado de problemas e imprevistos. Esto produjo bastante nerviosismo en NASA y en el Gobierno norteamericano que presionó, a su vez, a Grumman y a Kelly por su aparente falta de progreso. Sin embargo, ni Kelly ni su equipo se dieron por vencidos y finalmente ganaron la batalla. Kelly llegó a estar tan involucrado que incluso reconoció que los Módulos Lunares eran para él como sus propios hijos.

Otro de los aciertos de Kelly fue crear un equipo en donde los astronautas se involucraran para ayudar a proporcionar información y asesoramiento sobre las pruebas hechas con la nave con el fin de mejorar el diseño y los procedimientos futuros.

Quizás el momento más orgulloso para Kelly no fue que el Módulo Lunar nº 5, llamado Eagle, aterrizara por primera vez en la Luna con el Apolo 11, sino aquel en el que el Módulo Lunar Aquarius, del Apolo 13, ayudó a salvar las vidas de los astronautas. Sin el liderazgo de Kelly y su pasión por la excelencia y el trabajo en equipo quizás no se hubiera podido aterrizar en la Luna antes del final de la década como propuso Kennedy.

Eleanor ‘Ellie’ Foraker.

Ellie Foraker vistió a los astronautas para ir a la Luna

Ellie Foraker vistió a los astronautas para ir a la Luna

Eleanor Foraker era costurera en 1962. Trabajaba en la empresa International Latex Corporation (ILC) como responsable de la ropa para bebés. Pero el hecho de que ILC ganara el concurso convocado por NASA para hacer los trajes espaciales hizo que Ellie, junto con su equipo de costureras, fuera trasladada al nuevo departamento. En ese momento, nadie tenía la experiencia para hacer las trajes espaciales que debían funcionar en la superficie de la Luna. Una cosa eran los trajes que usaban los pilotos de aviones e incluso los primeros astronautas de los proyectos Mercury y Geminis, y otra muy distinta los trajes para soportar las condiciones de la Luna. Trajes que en realidad debían ser otra pequeña nave espacial donde el astronauta pudiera sobrevivir e incluso trabajar durante unas horas.

Además, ILC era una empresa sin experiencia en grandes contratos con el Gobierno norteamericano, por lo que se asoció con Hamilton Standard para desarrollar este proyecto. El trabajo iba a ser largo y arduo y requería un alto grado de precisión. Incluso se tuvieron que diseñar nuevas herramientas ya que las utilizadas hasta ese momento no servían. Por ejemplo, las costureras tenían que coser hasta 17 capas de distintos tejidos a la vez y a mano. En esta situación el control de calidad era una prioridad. Cada puntada fue contada y medida. No se permitió otra cosa que no fuera la perfección. Era muy peligroso que algún alfiler se quedara dentro de alguna de esas capas ya que podría provocar un agujero y la muerte del astronauta. Foraker fue la responsable última para que eso no ocurriera. Y no ocurrió.

En 1964 se entregaron a NASA los primeros trajes espaciales pero, desgraciadamente, no fueron aceptados porque no cumplían los requerimientos mínimos. Además, hubo problemas entre ILC y Hamilton Standard por lo que NASA decidió cancelar el contrato.

Sin embargo, ILC y Foraker no se rindieron y volvieron a trabajar en el diseño de un nuevo traje más flexible que ganó, finalmente, a la competencia. ILC tenía la gran ventaja de saber hacer ropa de goma flexible, ajustable y personalizable que era perfecta para las necesidades de los trajes del Apolo. El resultado fue el traje denominado como A7L, que pasó todas las pruebas en la Luna, gracias al trabajo de personas como Eleanor Foraker.

Joseph F. Shea.

Joseph F. Shea, un gran ingeniero

Joseph F. Shea, un gran ingeniero

Joseph F. Shea era un brillante ingeniero que en 1961 se unió a la Oficina de Vuelos Espaciales Tripulados como experto en ingeniería de sistemas. En 1963, ya era el jefe de la Oficina para el programa de la nave espacial Apolo (ASPO en sus siglas en inglés). Shea tuvo la habilidad de unir las distintas culturas existentes dentro de los centros de NASA con las de sus principales contratistas, en especial North American Aviation, la empresa responsable de construir el Módulo de Mando de la nave Apolo. Esto no le salvó de ser criticado en muchas ocasiones, aunque finalmente fue aceptado y reconocido como un gran ingeniero y gestor. Desgraciadamente, en 1967, ocurrió el incendio en el Apolo 1 con la muerte de sus tres astronautas mientras éstos realizaban unas pruebas en la torre de lanzamiento. Shea no lo dudó y participó en la investigación del terrible accidente ya que sentía una responsabilidad personal dado que los tres astronautas eran sus amigos. Aquello le supuso un grave problema de salud puesto que llegó a trabajar 80 horas a la semana.

Al poco de recuperarse, fue trasladado al cuartel general de NASA en Washington DC pero no duró mucho allí y se marchó a la industria privada. Posteriormente sería profesor en el MIT.

Sin la intensa capacidad de trabajo de Shea y sin su diplomacia es posible que el desarrollo de la nave Apolo no hubiera cumplido los plazos previstos y, por tanto, no se hubiera llegado a la Luna a tiempo.

Lee Silver.

Lee Silver (con camisa verde), el geólogo de la Luna

Lee Silver (con camisa verde), el geólogo de la Luna

Lee Silver fue el profesor de geología de los astronautas del Apolo. Antes de que impartiera sus clases sobre el terreno a los doce hombres que pisarían la Luna, la NASA organizaba conferencias sobre esta materia a los astronautas. Como era de esperar, este tipo de enseñanza aburría sobremanera a los pilotos los cuales no mostraban ningún tipo de interés normalmente.

Una cosa era recoger una serie de rocas lunares, más o menos, al azar y otra muy distinta coger aquellas geológicamente interesantes que tuvieran una “historia” detrás. Para ello, Harrison “Jack” Smith, el único científico que viajó en las misiones Apolo y antiguo alumno de Silver, invitó a éste a reunirse con James Lovell y Fred Haise (del Apolo 13) para comentar algunos aspectos básicos de la geología de campo. Silver no lo dudó y aprovechó la oportunidad para irse con ellos de acampada a las montañas de California. Aquello despertó realmente la curiosidad de los astronautas por lo que Silver organizó más adelante otras excursiones de este tipo con el resto de los pilotos. Aquellos nuevos estudiantes de geología practicaban y ensayaban sobre el terreno las futuras misiones lunares. Esto permitió que la recolección de rocas en la Luna fuera de un alto nivel, como posteriormente se comprobó en los estudios en la Tierra. Una de las mejores misiones fue la del Apolo 15, en donde se recolectó la Roca del Génesis y que permitió respaldar la teoría de que nuestro satélite es el resultado del choque de una jovencísima Tierra y un planetoide del tamaño de Marte.

Está claro que si no fuera por el profesor Silver, la historia y la relación de la Tierra con la Luna seguiría siendo relativamente desconocida.

Dorothy ‘Dottie’ Lee.

Dorothy Lee, la protectora de los astronautas

Dorothy Lee, la protectora de los astronautas

Dorothy Lee fue el último escudo de defensa de los astronautas en la reentrada a la atmósfera terrestre. Lee destacó por ser una brillante ingeniera y matemática, llegando incluso a recibir el mote de “computadora humana con una calculadora”. Empezó a trabajar en NACA (una de las agencias previas a la creación de NASA) en 1948. Allí empezó a investigar sobre estabilidad en las naves espaciales. Enseguida fue invitada a unirse al grupo de Max Faget, el diseñador de las cápsulas Mercury, donde destacó entre el resto de ingenieros hasta que los soviéticos lanzaron el Sputnik. Hecho que todo lo cambió. Dottie se trasladó a Houston donde empezó a trabajar en la nave Apolo, en concreto en el escudo térmico que protegería la nave y sus tripulantes de las altísimas temperaturas provocadas por la fricción con la atmósfera terrestre. Ella y su equipo realizaron una serie de cálculos para medir las características aerotermodinámicas del módulo de mando en la reentrada. Se realizaron también pruebas en el túnel de viento. Estas pruebas, junto con los datos reales recopilados en los vuelos de los programas Mercury y Gemini, permitieron a Lee concluir el análisis. No hay que olvidar que todo este proceso fue difícil y lento, ya que los ordenadores de aquel entonces eran muy primitivos. A pesar de todo esto, Lee fue capaz de predecir las temperaturas extremas y la presión generada en la reentrada a la atmósfera a más de 40.000 km/h. Sin embargo, todo esto no eran más que cálculos teóricos en realidad.

Se construyó un escudo hecho de una resina epoxi con forma de panal y fue revisado concienzudamente ya que no se podía permitir el más mínimo fallo si se quería garantizar la seguridad de la nave y sus tripulantes. Finalmente, se realizaron una serie de pruebas reales en los primeros vuelos no tripulados del Apolo y, aunque no se alcanzó la velocidad máxima de reentrada, aquello no impidió comprobar que los cálculos que había hecho Dorothy Lee coincidian con los datos reales obtenidos en las pruebas. Tal fue el éxito de Lee y su equipo que NASA no dudó en encomendarla el diseño de la protección térmica del transbordador espacial. Como curiosidad decir que el morro delantero con forma de cono del transbordador se le apodó como “la nariz de Dottie”. Además, la nueva nave espacial Orion, que está siendo desarrollada por NASA, lleva el mismo escudo térmico hecho con resina epoxi que en su momento calculara y diseñara Dorothy Lee.

Como muy bien resumió Michael Collins, astronauta del Apolo 11:

Todo esto es posible sólo gracias a la sangre, el sudor y las lágrimas de un número de personas … Todo lo que ves son tres hombres, pero debajo de la superficie están miles y miles de personas.

ANOTACIONES RELACIONADAS:

Bookmark and Share


Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 29 seguidores